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Red Internacional
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ESTADOS UNIDOS - CUBA. Trump abre una nueva etapa más agresiva contra Cuba

Como se esperaba, Trump finalmente anunció un nuevo giro en la política norteamericana hacia la isla de carácter más agresivo y reaccionario, retomando el viejo discurso confrontativo estilo guerra fría, y ratificando el criminal bloqueo económico vigente desde 1962.

Sábado 17 de junio de 2017

Los anuncios tuvieron una buena cuota de simbolismo, un discurso dado en Miami, la ciudad norteamericana con mayor cantidad de exiliados cubanos, y rodeado por veteranos de Bahía Cochinos y por los senadores anticubanos Marco Rubio y Mario Díaz-Balart.

El presidente norteamericano criticó toda la política de la administración Obama hacia Cuba, que buscaba avanzar en la restauración capitalista por la vía de la negociación, prometió volver a una línea dura contra “el régimen” cubano y hasta se dio el gusto de reivindicar varias figuras emblemáticas de la vieja “gusanería” como la periodista Cary Roque o los pilotos de Hermanos al Rescate.

Pocas horas más tarde se difundió el decreto firmado por Trump donde especifica los alcances de las nuevas medidas.

El documento prohíbe las transacciones comerciales con empresas controladas por las FAR y que relaciones de ese tipo solo se tendrán con el “sector privado”. También se retomarán las restricciones a los viajes turísticos que Obama había flexibilizado, y se condiciona cualquier mejora en la relación bilateral a la “voluntad del gobierno cubano de mejorar la vida del pueblo cubano, incluyendo la promoción del estado de derecho, el respeto de los derechos humanos y la adopción de medidas y las libertades económicas”.

Hay que repudiar estas medidas agresivas del imperialismo norteamericano y redoblar la lucha por el inmediato e incondicional levantamiento del bloqueo económico. La estrategia del chantaje y la extorción contra el pueblo cubano, enmascaradas en un falso discurso “democrático” y por los “derechos humanos”, tiene el objetivo de destruir las conquistas sociales que quedan de la revolución del ’59 y restaurar el capitalismo subordinando a Cuba a los monopolios yanquis.

Las contradicciones de la nueva política imperialista

Trump quiso dar la imagen de que la política de acercamiento aplicada por su antecesor Barack Obama está terminada. No obstante, este nuevo giro reaccionario tiene muchas contradicciones y límites. En primer lugar enfrenta una opinión pública norteamericana que mayormente está en contra de un retroceso en las relaciones y una vuelta a la estrategia de agresión. Incluso esta opinión también es mayoritaria entre el exilio cubano que se ha visto claramente beneficiado con las políticas de Obama.

También enfrenta la opinión pública internacional que se expresa en decenas de votaciones contra el bloqueo económico en la ONU.

Una mirada más fría del decreto muestra que aún está por verse el grado de “vuelta atrás” que habrá en los acuerdos diplomáticos y comerciales firmados durante la anterior administración. Muchas de las medidas de Obama de momento se mantienen, como la apertura de las embajadas, el fin de la política migratoria de “pies secos, pies mojados” (aunque se mantiene la Ley de Ajuste Cubano), o el envío de remesas a familiares en Cuba y la inclusión en la lista de “países terroristas” entre otras.

La aplicación concreta del decreto tendrán que discutirla los departamentos de Tesorería y Comercio y eso puede llevar meses según especifica el propio documento. No es nada sencillo ya que no comerciar con las empresas controladas por las FAR significa prácticamente no comerciar con Cuba, pues ese sector de la burocracia controla lo fundamental de la economía. Al mismo tiempo, hay intereses concretos de empresas norteamericanas sobre todo vinculadas al turismo y la industria alimenticia, que se ver afectados sus negocios.

Todavía no puede decirse que estemos ya frente a un regreso liso y llano de la estrategia de estrangulamiento económico y agresión que mantuvo la Casa Blanca durante más de 50 años, pero es claro que veremos una mayor ofensiva imperialista contra Cuba. Esto puede llevar a cambios en la política de la burocracia castrista, que viene implementando un proceso de reformas pro mercado desde 2011, en momentos que prepara la salida de la generación que dirigió la revolución de los puestos de dirección del estado, aunque seguirá controlando el Partido Comunista.

El gobierno cubano ya rechazó públicamente las medidas de Trump y su intento de injerencia en la política local, a la vez que reafirmó su disposición a un “diálogo respetuoso” y que “los cambios que sean necesarios en Cuba los seguirá decidiendo soberanamente el pueblo cubano”.

La declaración oficial también señala que Trump derogó la Directiva Presidencial de Política Normalización emitida por Obama en octubre de 2016, la cual “aunque no ocultaba el carácter injerencista de la política estadounidense, había reconocido la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba y al gobierno cubano como un interlocutor legítimo e igual”.

Esta es una “línea roja” para la burocracia que quiere ser ella misma la que dirija el proceso de reformas pro capitalistas al estilo del modelo vietnamita o chino, es decir, manteniendo el régimen de partido único para garantizar sus privilegios y eventualmente convertirse en clase capitalista.

En este sentido el giro de Trump, dependiendo de cuán profundo sea, puede abrir escenarios políticos nuevos, más inestables, tanto en la relación bilateral como al interior del Partido Comunista de Cuba, donde podrían tomar más fuerza los sectores de la burocracia reacios a las reformas porque afectan sus privilegios.