Un periodista preguntó qué pasaría si México no accede a pagar el muro. Trump respondió: “Créeme, cuando rejuvenezca a nuestros militares, México no querrá ‘jugar’ a la guerra con nosotros”.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Viernes 11 de marzo de 2016
El precandidato que obtenga 1,237 delegados será nombrado candidato republicano. Sin contar los delegados obtenidos este martes 8 de marzo en Michigan, Trump sumaba 446 y le sigue Ted Cruz con 347.
Todo se definirá en la convención republicana del 18 de julio próximo. ¿Cómo hará el partido republicano para frenar el avance imparable de Trump?
El precandidato republicano que sigue la preferencia del electorado es Ted Cruz, senador por Texas. Cruz tampoco es favorito de la cúpula de ese partido, por ser parte de la derecha más radical ligada a la iglesia evangelista, pero como figura política también ostenta un discurso antiinmigrante, esto mientras cada vez adquiere más peso la comunidad latina en el vecino del norte.
Donald Trump avanza. Su discurso se endurece con cada triunfo en las primarias. Insiste hasta el paroxismo en la construcción del muro a lo largo de toda la frontera entre México y Estados Unidos. Que se pagará con la retención de las remesas enviadas por migrantes mexicanos al sur del río Bravo.
La cúspide de las declaraciones llegó ante una pregunta incisiva de un periodista de la cadena de NBC News, Bob Woodward, cuando cuestionó cómo pretendía el candidato obligar a pagar 8 mil millones de dólares y qué pasaría si México no accedía a pagar el muro.
La respuesta del magnate se inscribe en las tibias declaraciones de Enrique Peña Nieto a medios como Excélsior, El Universal y a Grupo Imagen Multimedia asegurando que “México no pagará por un muro que se construya en la frontera” y, que en todo caso su gobierno buscará siempre ajustarse al “diálogo constructivo”.
Estas declaraciones se han convertido en verdaderos hechos en el periodo actual. Basta volver la mirada hacía lo que Peña Nieto ha mantenido a raja tabla en materia energética, en donde Estados Unidos ha asumido y ha pautado los ritmos de producción y exportación de los hidrocarburos en México con la aprobación de la reforma energética, y que sus antecesores Felipe Calderón Hinojosa y Vicente Fox Quesada favorecieron con los avances de inversión extranjera en Pemex.
Lo cierto es que el reciente triunfo de Trump en Michigan, el norte industrial, señala que el magnate de las constructoras, hoteles, casinos e inmobiliarias, cuenta con base social entre la clase trabajadora blanca. Es un sector permeable al discurso reaccionario de que los migrantes les sustituyen en el trabajo, y que sirve al actual gobierno de Obama como un chivo expiatorio frente a la crisis económica que continúa expresando variadas contradicciones.
Para los principales líderes del partido republicano ha sido complejo lidiar con el discurso xénofobo que enviste Donald Trump. Y en el desarrollo de esta carrera abierta rumbo a la Casa Blanca, lo que sigue expresándose a pesar de todas las victorias consecutivas acumuladas por el magnate en las elecciones primarias, es el esfuerzo de remontar a Marco Rubio, senador conocido por su cercanía con el Tea Party, ajustándose de manera más factible a los valores del establishment republicano.
También es el caso de algunos directivos de empresas que cotizan en Wall Street, a quienes no les agrada la incertidumbre política y las probables consecuencias en el terreno económico, que generan las declaraciones de Trump, que para estas elecciones ya tuvieron que doblar la cantidad de dinero destinada a las campañas, con más de 47 millones de dólares a través de grupos independientes, de acuerdo con los análisis de Reuters, vía los “superPAC”, es decir, los comités que reciben contribuciones individuales, sindicatos o de empresas para financiar al candidato que apoyan.
Mientras en el tintero se encuentra el acuerdo de 1970, que regula la construcción de estructuras a lo largo de los ríos Colorado y Bravo en la frontera mexicana, según la Comisión Internacional de Fronteras y Agua, agencia conjunta estadounidense y mexicana, queda aún camino que recorrer para ver la conclusión que dejarán las elecciones primarias.