Como cada año, la convocatoria para ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México anuncia convocar a miles para luego excluir a 9 de cada 10 estudiantes.
Jueves 18 de enero de 2024

La Dirección General de Administración Escolar (DGAE) publicó este lunes la convocatoria para ingresar a la UNAM en su ciclo 2024- 2025. La institución oferta actualmente 133 carreras en la Ciudad de México y 10 sedes foráneas. A nivel bachillerato existen 9 planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y 5 planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades.
El examen de admisión y un largo proceso de exclusión
Para ingresar a la que se presume como la universidad más importante del país, y una de las universidades públicas con más renombre en América, hay una serie de filtros que justifican los niveles de exclusión educativa que la UNAM fomenta cada año.
En nuestro país la trayectoria educativa es por si sólo un filtro pues las condiciones de la población que reciben una educación estandarizada en el sector público, responden a factores pedagógicos, económicos, geográficos, de género, entre otros, que son bastante desiguales.
El nivel con mayor deserción es el bachillerato y, tan sólo 2 de cada 10 estudiantes que comenzaron la primaria, llegarán a la universidad, lo cual no significa que concluirán la licenciatura, pues este nivel alberga también importantes cifras de deserción.
Por eso, que la UNAM pida un promedio mínimo de ingreso de 7.0 o su equivalente en el nivel educativo previo, un requisito que figura en el ingreso a otras escuelas como el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), es excluyente, ya que limita las opciones de los estudiantes evaluados bajo este sistema estandarizado, al mismo tiempo que decreta que por su trayectoria académica, no son capaces de obtener nuevas herramientas de aprendizaje que le permitan desarrollarse, o por lo menos no dentro de sus aulas.
Por otro lado, los exámenes de admisión que son la forma de exclusión por excelencia, son un mecanismo neoliberal, que por lo menos en la CDMX y el Estado de México, para el nivel bachillerato, se aplica por la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems), la cual alberga a el Colegio de Bachilleres, el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, la Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria, la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial, la Dirección General del Bachillerato, el IPN, la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de México, la Universidad Autónoma del Estado de México y la UNAM.
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El Comipems se implementa desde 1996 con la intención, según la página oficial del gobierno, de tener
un proceso equitativo y transparente que les permitiera (a los estudiantes) elegir de entre sus opciones educativas ofertadas las que más se apegaran a sus aspiraciones, a través de un solo pago y procedimiento de registro.
No hay nada más neoliberal que pretender evaluar en “igualdad de condiciones” a miles de jóvenes que bajo ningún punto de vista se desarrollaron bajo igualdad de condiciones, y además, cobrar por ese procedimiento, que en este caso, garantiza la permanencia en la educación pública. Vaya paradoja. El costo del examen este año ronda los 400 pesos para bachillerato y 470 pesos para licenciatura.
Es importante recordar que dado el renombre de la UNAM, este examen para bachillerato, o licenciatura donde es implementado por la propia institución, es presentado por miles de jóvenes, muchos de ellos quienes además tuvieron acceso a condiciones privilegiadas de estudio, como educación privada.
En 2023 fueron aceptados tan sólo 21 mil 346 estudiantes de los 201 mil 512 aspirantes que concursaron; 180 mil 166 estudiantes (89.4%), es decir casi 9 de cada 10, fueron excluidos. De acuerdo a las cifras presentadas por la propia institución, esta cifra va en ascenso desde hace 4 años. Esto pese a que la matricula total entre bachilleratos, licenciaturas y posgrados ha alcanzado 380 mil alumnos, por lo cual los resultados no prometen ser muy distintos para este 2024.
Salidas colectivas contra exclusiones que individualizan
Al interior de la UNAM radica una profunda desigualdad que se expresa no solo en las condiciones de ingreso. Esto afecta también a les docentes, pese a que el 61% del presupuesto total es destinado a salarios, 7 de cada 10 profesores labora en condiciones de precariedad, pues la mayoría del dinero se va en los sueldos de la llamada “Casta Dorada”. ¿Con esos enormes salarios no podrían construirse más escuelas? Esto expresaría de menos la intención de aminorar “los rechazos”.
Para este 2024, el presupuesto aprobado por el Consejo Universitario fue de 55 mil 959.5 millones de pesos, de los cuales 50 mil millones provienen del egreso federal, un aumento de apenas el 0.9% respecto a 2023. Aunque suenen a cifras estratosféricas, la realidad es que no se compara al crecimiento presupuestal que ha tenido la Secretaria de Defensa Nacional, la Marina y la Guardia Nacional bajo este gobierno, cuya apuesta no ha sido recomponer al sector educativo profundamente golpeado por los gobiernos que le antecedieron.
La UNAM justifica su proscriptiva evaluación, en la calidad educativa que ofrece y la imposibilidad de cubrir en su totalidad su demanda, debido a los altos registros, sin embargo, es importante ver más allá de lo evidente. Más que ofrecer el derecho a la educación pública, lo crucial para esta universidad es mantener el estatus quo ¿Qué se puede esperar del resto de las instituciones educativas si la “mayor casa de estudios” precariza y normaliza la exclusión?
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Hoy esta universidad mantiene su carácter gratuito (pese a algunos embates), luego de enfrentar la oleada de políticas neoliberales que arrazaron con la educación pública en América Latina, con la Huelga del 99 que frenó las cuotas dentro de la UNAM y sirvió como contensión para que la privatización de la educación no avanzara en nuestro país.
Sin embargo, la mercantilización y elitización de la educación no ha cesado desde hace décadas, y así como hoy Javier Milei quiere atentar contra la educación en Argentina de forma abrupta, en México ha habido un avance paulatino, lo vemos en la tecnificación de los planes de estudio, las cuotas de inscripción, semestrales o pagos por trámites comunes en cualquier nivel educativo.
En la Agrupación Juvenil Anticapitalista sabemos que lo peor que podemos hacer es caer en el trillado discurso del esfuerzo individual, que el 18 de julio, día en el que se darán a conocer los resultados del examen, inundarál a prensa con encabezados amarillistas enfocados en la imposibilidad personal para alcanzar tal o cual promedio, y no en un sistema educativo al que sólo le queda gestionar la exclusión bajo una lógica meritocrática para justificar que no cuenta con la infraestructura, el personal, ni los recursos para desarrollar el potencial de cada niña, niño o jóven. Ni siquiera les preocupa.
Por eso nos organizamos, en varias escuelas de la UNAM y otras instituciones para pelear colectivamente por todos nuestros derechos. Exgimos que se destine el 10% del PIB a la educación, y que se construyan nuevas universidades y escuelas, con el desfinanciamiento de las fuerzas armadas. Nos revelamos permanentemente contra este sistema que nos niega el derecho a la educación y a desarrollar nuestras pasiones. Te invitamos a que te organices con nosotres.

Mariel Ochoa
Estudiante de la FCPyS