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Estados Unidos. Últimas encuestas y guía de los estados clave para seguir las elecciones en Estados Unidos

Las últimas encuestas favorecen al candidato demócrata Joe Biden, pero el sistema de voto indirecto y colegio electoral hace que decisión final quede en manos de unos pocos estados. La votación anticipada fue récord y Trump amenazó con no reconocer parte de esas boletas.

Lunes 2 de noviembre de 2020 23:28

Mapa del sitio Real Clear Politics. En tonos de azul los estados favorables a Biden, en rojo a Trump y en gris los estados en disputa

La elección de este martes en Estados Unidos entre el republicano Donald Trump y el demócrata Joe Biden se decidirá en un puñado de estados considerados clave. Son los únicos a los que los candidatos han ido, donde los partidos han invertido todo su dinero y en los que están puestos los focos mediáticos.

Antes de repasar porqué son importantes y cuáles están en juego veamos algunas de las últimas encuestas nacionales.

Según el sitio Real Clear Politics, que hace un promedio general de las encuestas más importantes día a día, Joe Biden llega al 2 de noviembre con una intención de voto nacional del 50,7 %. Un 6,7 % por arriba de Donald Trump que llega con una intención del 44 %.

Sin embargo, como se puede ver en el cuadro a continuación, la diferencia entre ambos se ha acortado en las últimas semanas desde mediados de octubre, cuando Biden alcanzó más de 10 puntos de ventaja sobre Trump.
En los últimos días Trump hizo un rally frenético de actos en varios de los estados clave y aprovechó como parte de su discurso la reciente noticia del repunte económico para intentar dejar atrás la desastrosa gestión de la pandemia.

Por su parte el sitio Five Thirty Eight que se basa en un esquema de estadísticas tomando diversas variantes, y fue uno de los pocos que en las elecciones de 2016 alertó sobre la posibilidad de que Trump ganara la elección, le da a Biden una probabilidad de 90 sobre 100 de ganar la elección sobre Trump, que tendría solo una probabilidad de 10 sobre 100.

Sin embargo, aunque las chances de Trump sean muy bajas desde el punto de vista probabilístico no niegan que si llegara a ganar en una serie de estados clave pueda hacerse con la elección, como cuando enfrentó a Hillary Clinton en 2016, aunque en esta ocasión las chances son mucho más bajas.

Sin embargo, el editor de Five Thirty Eight, Nate Silver, publicó este domingo un artículo con el título "Estoy aquí para recordarles que Trump todavía puede ganar". Allí enumera algunas de las razones:

  •  Como en 2016, Trump podría beneficiarse potencialmente del Colegio Electoral, ya que en varios de los estados en disputa los márgenes de voto popular entre ambos candidatos son estrechos.
  •  Más específicamente, la ventaja de Joe Biden en Pensilvania, uno de los estados aún indefinidos más importantes, es sólida pero no espectacular: alrededor de 5 puntos en nuestro promedio de encuestas.
  •  Sin Pensilvania, Biden tiene algunos caminos hacia la victoria, pero no hay un estado alternativo del que pueda sentirse especialmente seguro.

    Como se ve hay una diferencia entre la posibilidad de ganar el voto popular y terminar llegando a la presidencia. Esto se debe a que la elección es indirecta y toman peso algunos estados en particular. Veamos.

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    ¿Por qué son clave los estados clave?

    El sistema electoral estadounidense se basa en un cuerpo de 538 delegados que se eligen en los estados y que luego eligen al presidente en un Colegio Electoral.

    En las elecciones generales, cada estado tiene una cantidad de electores en el Colegio (según la cantidad de diputados y senadores). Para ganar la presidencia hay que conseguir al menos el 270 del total de 538. Si ninguno de los candidatos llega al “número mágico”, la Cámara de Representantes (diputados) elige al presidente y una delegación por cada estado tiene derecho a un voto.

    Por un lado, el hecho de que los delegados sea la suma de los diputados más los senadores distorsiona el peso de los votantes sobre el Colegio Electoral ya que estados muy pequeños tienen como mínimo garantizados 3 delegados (1 diputado y 2 senadores), sin importar su población. Por otro lado, lo que más distorsiona el voto popular es el hecho de que todos los estados menos dos entregan todos los delegados al candidato que gane en cantidad de votos, sin importar si lo hizo por 1 solo voto de diferencia. Es decir que no existe proporcionalidad.

    La mayoría de los estados están decididos antes de las elecciones ya sea por los márgenes que indican las encuestas o por la forma en la que votan históricamente. Es el caso de California para los demócratas o Tennessee para los republicanos. Pero la suma de los estados en los que ya es seguro que gana uno de los candidatos, sea para uno u otro lado no llega a los 270 delegados necesarios para hacerse con la presidencia.

    Es ahí dónde entran los estados clave, un selecto club de apenas una decena que fluctúan elección tras elección, aunque no siempre son los mismos, en los que los candidatos dedican todos sus esfuerzos durante la campaña y en los que todos los ojos están puestos en la noche electoral.

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    ¿Cuáles son los ya decididos?

    Se considera que los demócratas tienen ganado California, Nueva York, Nueva Jersey, Illinois, Hawái, Oregón, Washington, Colorado, Nuevo México, Massachusetts, Virginia, Maryland, Delaware, Rhode Island, Connecticut, el Distrito de Columbia, Vermont y Maine.

    Para los republicanos Tennessee, Kentucky, Indiana, Carolina del Sur, Misuri, Kansas, Luisiana, Alabama, las Dakotas, Wyoming, Idaho, Arkansas, Alaska, Oklahoma, Misisipí, Utah, Virginia Occidental, Montana y Nebraska.

    En total, los estados demócratas suman 212 delegados al Colegio electoral y los republicanos 125, por lo que a simple vista la victoria de Biden parecería más sencilla, pero no es así.

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    ¿Cuáles son los estados clave que hay que seguir?

    Florida

    Florida es el estado clave por excelencia. En 2016 votó por Trump, en 2008 y 2012 por Barack Obama, en 2004 y 2000 por George Bush hijo, en 1996 por Bill Clinton o en 1992 y 1988 por George Bush padre. En el 2000, de hecho, tras un recuento que duró semanas y la intervención de la Corte Suprema, entregó la Casa Blanca a Bush por unos 500 votos.

    Trump huye de Washington siempre que puede con destino Florida. Ese estado cuenta con la migración latinoamericana más derechista y con los pensionados en busca del sol. Los recuentos -como el de Bush en 2000- suelen ser de infarto y el ganador se lleva 29 delegados, el premio grande entre los estados clave.

    Pensilvania, Michigan y Wisconsin

    Estos tres estados eran un seguro de vida para los demócratas gracias al voto afroamericano urbano y a la clase trabajadora blanca. Hasta 2016, Wisconsin había votado demócrata en las siete anteriores elecciones presidenciales, mientras que Michigan y Pensilvania en seis.

    Trump, sin embargo, apostó fuerte en 2016 por los tres (cerrando campaña en Michigan), apeló al voto rural y a la clase trabajadora blanca desengañada por el cierre de industrias y los ganó por un irrisorio margen combinado de 80.000 votos, sumando un total de 46 delegados que allanaron su sorpresivo camino a la Casa Blanca.

    Minesota y Nuevo Hampshire

    Con características parecidas a los tres anteriores aunque aún más demócrata si cabe, Minesota fue el cuarto estado que Trump se puso entre ceja y ceja conquistar en 2016. Aunque por poco, Trump no pudo con Minesota y sus 10 delegados.

    Otro estado que los demócratas salvaron por los pelos fue Nuevo Hampshire, donde un 94 % de votantes blancos y con peso rural es terreno abonado para Trump, aunque solo entrega 4 delegados.

    Texas, Arizona y Georgia

    Estos estados son la otra cara de la moneda. Parecían garantías para los republicanos, pero los cambios demográficos (una gran migración desde estados más progresistas combinada con la movilización del voto joven y de minorías) hacen nada descabellado que los demócratas puedan hacerse con ellos.

    Arizona con sus 11 delegados parece un hecho. Georgia y sus 16 se vaticina como posible, mientras que la todopoderosa Texas y sus 38 es todavía un sueño para Biden o, de confirmarse, una pesadilla para Trump.

    Carolina del Norte

    Aunque se inclina hacia los republicanos, Carolina del Norte votó por Obama en 2008 o por Jimmy Carter en 1976. En 2016 optó sin mucho entusiasmo por Trump y una alianza entre los afroamericanos y los votantes moderados a favor de Biden pondría en peligro sus 15 delegados.

    Nevada

    Cada vez más teñida de azul, Nevada ha votado a los demócratas en cinco de las últimas siete elecciones a la Casa Blanca. Aunque todavía se la considera un estado clave, es posible que abandone pronto este selecto club.

    Ohio

    Es el termómetro de Estados Unidos. Ha votado siempre por el ganador en las 14 últimas contiendas presidenciales. Del demócrata Lyndon B. Johnson en 1964 a Trump en 2016. Aunque como dice el dicho, las estadísticas están para romperlas.

    Iowa

    Tras fluctuar entre los dos partidos por más de un siglo y cuando parecía que los demócratas estaban inclinando hacia su lado la balanza, llegó Trump y ganó Iowa con un margen de 10 puntos. Sus granjeros, sin embargo, son de los más afectados por la guerra comercial con China y eso le puede pasar factura al presidente.

    Maine y Nebraska

    Maine y Nebraska son los únicos dos estados que no dan todos sus delegados al candidato más votado, sino que los dividen por distritos. Maine es demócrata, pero su segundo distrito rural ya votó por Trump en 2016. Con Nebraska pasa lo contrario: no hay duda de que es republicana, pero el distrito urbano de Omaha votó demócrata en el pasado. Son un solo delegado por distrito, pero pueden decidir la elección si hay un (no tan improbable) empate a 269.

    Para esta elección se espera una participación récord. El voto adelantado ya supera los dos tercios de los votos emitidos en la anterior elección presidencial, a pesar de la furibunda campaña de Trump contra del voto por correo. El escenario se presenta muy abierto.

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