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VISITA DE OBAMA A CUBA. Un avance para el imperialismo

Con su histórica visita a La Habana, Obama cumplió sus objetivos de consolidar la nueva política hacia Cuba de “diálogo” y “cooperación” y sentar las bases para el retorno, tras más de medio siglo, del capital norteamericano en el marco del proceso gradual de restauración capitalista que impulsa Raúl Castro.

Miércoles 30 de marzo de 2016 23:13

Obama confirmó el fin de la línea de agresión y bloqueo económico para conseguir un “cambio de régimen” en la isla que tuvo el imperialismo históricamente, una estrategia que se demostró totalmente impotente a lo largo de los años.

Consolidó este giro histórico dado por Washington en diciembre de 2014, tras meses de negociaciones secretas impulsadas por el Vaticano, hacia una política de “diálogo”, “cooperación” y “respeto mutuo”. Al mismo tiempo, aunque lejos de haber levantado el bloqueo que necesita de la aprobación del Congreso, la Casa Blanca viene flexibilizando distintos aspectos del mismo para permitir ciertas inversiones e intercambio comercial que favorezcan al capital norteamericano que viene atrasado en participar del proceso de apertura económica.

Demostrando que el giro en la política hacia Cuba es firme y profundo, Obama incluso declaró que deben ser los “propios cubanos los que resuelvan sus problemas”. Con esto quiso enviar un doble mensaje. Por un lado, dar la idea (falsa por cierto) de que Washington estaría dispuesto a respetar la independencia política de Cuba y las decisiones soberanas de su pueblo. Por el otro, reafirmar que su objetivo es lograr una apertura política mediante la cual aspirar en el futuro a un cambio de gobierno más alineado a sus intereses, para tranquilizar a los sectores más rancios de la derecha republicana y del lobby anticubano de Miami.

El primer mensaje responde a un reclamo que llega tanto desde la burocracia gobernante como desde los sectores moderados de la derecha “disidente”. Esta burocracia busca reafirmarse como la interlocutora directa con el imperialismo en Cuba y conducir el proceso de restauración capitalista según sus ritmos y formas al estilo del modelo chino.

La oposición moderada por derecha al gobierno de Raúl Castro, también pide la no injerencia de Washington en la política interna cubana, para encubrir su política pro-imperialista y que la “normalización” de las relaciones con EEUU tenga como objetivo estratégico del imperialismo volver a subordinar a Cuba al capital internacional y en particular a los monopolios yanquis.

El VII Congreso del PCC profundizará el curso restauracionista

La visita de Obama y las nuevas relaciones que se están desarrollando, con un aumento considerable en el intercambio entre familiares a uno y otro lado del estrecho, en el turismo, y con el arribo de empresas norteamericanas, algunas importantes como Verizon, y cientos de empresarios en busca de las nuevas “oportunidades”, se producen a poco menos de un mes de la realización del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba.

El anterior, realizado en abril de 2011, votó los “Lineamientos económicos generales” que dieron el marco para el impulso de las reformas estructurarles pro mercado. En esta oportunidad el objetivo central será “actualizar” los Lineamientos para la etapa 2016-2021 y “por tanto, no significan algo diferente en el camino emprendido, sino un escalón superior” (Granma, 27/3). Los 6 documentos que se votarán ni siquiera han sido publicados y solo los conocen unos 1000 delegados.

Las masas trabajadoras están vedadas de debatir, proponer, modificar o rectificar el curso actual y la burocracia del PCC se arroga el monopolio de la representación popular. No existe el derecho a huelga ni la libertad de organización sindical.

Mientras tanto, a la Iglesia Católica, abierta promotora de la restauración capitalista, ya hace varios años el gobierno de Raúl Castro la convirtió en un actor político clave.

Abajo el bloqueo imperialista, defensa de las conquistas sociales

Hoy más que nunca hay que enfrentar al imperialismo, en primer lugar al bloqueo económico que mantiene EEUU desde 1962, y defender las conquistas sociales que aún se mantienen pese a las fuertes deformaciones burocráticas y las reformas pro capitalistas. Son imprescindibles medidas urgentes como un aumento general de salarios y viviendas dignas. Los recursos están, pero se utilizan para hacer más campos de golf y complejos turísticos. Se despiden cientos de miles de trabajadores pero no se atacan los privilegios de la burocracia que administra recursos multimillonarios asociada a las empresas extranjeras.

Hay que luchar por un verdadero gobierno de los trabajadores y el pueblo. Al reaccionario régimen de partido único que ahoga cualquier iniciativa de las masas, los trabajadores y campesinos pobres podrán imponer uno verdaderamente revolucionario, basado en sus propias organizaciones construidas al calor de la lucha y con la más amplia democracia obrera.

En definitiva, una revolución política que ponga a los trabajadores autoorganizados y autodeterminados a ejercer verdaderamente el poder del Estado. De esta manera se podrá revisar cada concesión que la burocracia hizo al capital así como el conjunto de las reformas de los últimos años (y las de los años ‘90), a favor de los intereses de las masas laboriosas y no de un minúsculo sector privilegiado. La revolución política encarará entonces importantes reformas sociales, aunque no deba expropiar a los capitalistas como deberá realizar la revolución social en los países hermanos de Latinoamérica.

Esta enorme tarea que tienen planteada las masas cubanas para no caer nuevamente bajo la dominación imperialista, solo se puede pensar en la perspectiva de la revolución social en el conjunto del continente incluyendo a nuestros hermanos de clase en el propio EEUU.