La movilización de la Universidad de Chile sufrió un revés importante la última semana: la Casa Central, símbolo de la movilización a nivel nacional, fue bajada a través de un tortuoso proceso entre medidas burocráticas y golpes a quienes se movilizaban.
Viernes 3 de julio de 2015
Dos lecciones se desprenden del proceso: una dirección política que no sirve para conquistar las demandas que los estudiantes hoy ponen por delante y, una orgánica que debe ser cambiada para que las bases tengan la decisión final cuando el estamento estudiantil actué.
El proceso de movilización: experiencia política en carne viva
Los extendidos paros y diversas tomas venían siendo el panorama común en el último mes en la universidad de Chile debido a la crisis que viene atravesando. Los estudiantes en busca de radicalizar sus movilizaciones procedieron a tomarse su Casa Central, la cual paso a ser un símbolo de las movilizaciones, de articulación de la comunidad y de unidad obrero estudiantil.
Sin embargo, al momento de que las autoridades les entregaran la respuesta de su petitorio interno pidieron la deposición de su toma principal. Al momento de hacer esta votación se aceptó la respuesta pero se armó un debate: varias facultades decidieron seguir con la toma adelante y hacer indicaciones a la respuesta entregada. Esto dio paso a una segunda votación para ver si efectivamente se bajaba la toma o se mantenía en pie en la cual los centros de estudiantes votaron a favor de mantenerla mientras que la mayoría de los concejeros y la mesa directiva se manifestaron en contra lo que provocó la aprobación de su deposición.
Esto provocó un amplio descontento en las bases pues se había revelado en la práctica lo poco democrático que termina siendo el pleno FECh y las variadas falencias de la democracia representativa. El día viernes 26 mientras se exigía en distintas asambleas la necesidad de rediscutir el futuro de la toma de la Casa Central, un grupo aproximado de cien personas pertenecientes a Izquierda Autónoma (IA), las Juventudes Comunistas (JJCC) y las Juventudes Socialistas (JJSS), se apostó en el lugar para desalojar por la fuerza a los estudiantes. Finalmente, a pesar de los golpes, el intento fracaso.
El proceso dio cuenta a muchos estudiantes de base la necesidad de organizarse para que se realizasen votaciones en las asambleas para revalidar la toma. El día Lunes 29 se realizó una“asamblea de estudiantes Universidad de Chile para que la decisión de toma Casa Centra fuera democrática, la cual fue convocada desde la base, apoyada por dos centros de estudiantes y siete concejeros FECh, para asegurar que la discusión se diese efectivamente en cada una de las asambleas y para que la instancia donde se resolviese esto fuera una donde solo los centros de estudiantes pudiesen votar, es decir, un consejo de presidentes.
Presionada, la mesa de Federación tuvo que convocar a dicha instancia, los estudiantes habían tenido una primera victoria. Con esto, quienes dirigen la Federación intentaron una segunda maniobra la cual fue convocar a esta instancia el día martes a las 16:30 Hrs. dejando un tiempo muy reducido a los estudiantes para discutir, ante esto, desde la misma asamblea de la toma se exigió que el consejo de presidentes fuese el día miércoles. La mesa directiva de la FECh nuevamente tuvo que ceder ante la petición con lo que se marcó una segunda victoria de los movilizados.
Se llevaron a cabo las asambleas de base y el consejo de presidentes. Los grupos políticos que intentaron bajar la toma llevaron a sus figuras públicas para defender su versión de los hechos, acusando a los estudiantes que estaban en la toma de Casa Central de ser antidemocráticos y desvirtuando los hechos de violencia iniciada por ellos del día Viernes 26.
Mientras los estudiantes de la toma repartieron un díptico en todas las facultades, explicando porque la decisión había sido poco democrática y develando la orgánica que tiene actualmente la misma federación. Finalmente se decidió bajar la toma por decisión de las discusiones en las facultades y entregarla el Viernes 3 a las 15:00 Hrs a las autoridades. El llamado bloque de conducción más sus aliados (IA, FEL, UNE, JJCC, JJSS) ganaron esa batalla, sin embargo, los movilizados salieron campantes: lograron que se discutiese y más importante aún, develaron la necesidad de que haya una FECh que escuche la voz de las bases y de que su actual dirección política no solo es conciliadora sino que además no sirve para obtener las demandas que los estudiantes han puesto sobre la mesa.
Lecciones necesarias para una movilización que se plantee triunfar desde las bases.
La primera lección respecta a las direcciones políticas que hoy tiene la Federación y cuya presidencia (junto con la vocería del CONFECH) la tiene Valentina Saavedra, militante de IA; en cada acción fue visible como el bloque de conducción buscó deponer las movilizaciones incluso al costo de tener que aceptar una respuesta por parte de las autoridades que no resolvía ninguno de los problemas estructurales que hoy atraviesa la universidad.
Peor aún, mientras desde la CONFECH se hace un llamado a radicalizar la movilización y a votar paro indefinido en el contexto de las movilizaciones docentes y de secundarios, desde la dirección de la FECh se termina desmovilizando por debajo y restándole fuerzas a la lucha nacional. La clave en estos momentos es la unidad en la lucha entre los estudiantes y los trabajadores, sin embargo, hace falta una alternativa política que impulse todas estas instancias hasta el final, la cual sea una herramienta para la organización estudiantil en su conjunto. Eso es lo que quien escribe se esmera por construir a través de la Agrupación Combativa y Revolucionaria.
La segunda lección es referida a la orgánica de la Federación. Quedó totalmente demostrado de que los mecanismos de democracia representativa que actualmente dan paso a que se pueda pasar por encima de las bases. Hay una necesidad concreta de abrir un proceso refundacional de la FECh que permita que esta pueda ser un organismo de lucha y no un organismo donde quienes dirijan puedan manejar a voluntad propia las decisiones que ahí acontecen. Para esto es necesario que el actual sistema tenga delegados mandatados desde las bases, que estos sean revocables y que no haya cargos que no estén ligados a las decisiones que las bases mismas tomen.
Solo organizados los estudiantes podremos dar la batalla a este intransigente gobierno que ha buscado dividirnos, aislarnos y criminalizarnos. Solo confiando en la fuerza de nuestra propia movilización conquistaremos lo que necesitamos. Si hoy sufrimos una derrota, está en nuestras manos que esta sea parcial, sacando los balances correspondientes para posteriormente golpear como un solo puño entre todos y todas.