“Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres.”
Lunes 3 de junio de 2019
Durante la puesta en escena de ayer, en la “cuenta pública” realizada por Piñera en el Congreso, la sensación que me produjo fue de escuchar un discurso similar a la música que ponen en los mall para estimular el consumo: esa extraña sensación de un bienestar artificial que quisieras creerte pero sabes que es sólo superficial, que no tiene nada de contenido, que es un engaño y que debes desconfiar.
El discurso de Piñera buscó, como lo hace la derecha a nivel mundial, como lo hizo Bolsonaro en Brasil, instalar el discurso delincuencia como una prioridad del país, de “la gente”, queriendo hacernos creer que verdaderamente lo es, cuando el malestar social por las promesas incumplidas de “los tiempos mejores” es lo que prevalece en la población. La derecha chilena e internacional hace tiempo viene instalando con bastante éxito la agenda “antidelicuencia”, centrada básicamente en producir miedo y fortalecer los aparatos represivos.
Ligado a este discurso, la noción de “narco cultura” apareció también en el discurso de Piñera como un problema central de Chile. El narco instalado ahora como otro nuevo “enemigo interno” , enemigos a los que sólo podemos enfrentar en el discurso de la derecha con el fortalecimiento de las fuerzas represivas, en este caso la PDI y Carabineros, tratando de relegitimar a estos últimos tras los escándalos de corrupción y los desaciertos de la “Operación Huracán”.
Luego le tocó el turno a las y los inmigrantes, que para la derecha mundial ha sido el blanco central de los discursos racistas que los culpabilizan de los problemas de censantía y aumento de la delincuencia. Piñera señaló que gran parte de los y las inmigrantes ingresados al país son “ilegales”, buscando consolidar a este tercer “enemigo interno” como blanco del malestar social.
Este discurso claramente busca legitimar la represión que han emprendido contra el movimiento estudiantil, especialmente estudiantes secundarios, vendedores ambulantes y pueblo mapuche. Después del asesinato de Camilo Catrillanca y la crisis política que se produjo, es sumamente necesario para el Gobierno relegitimar las fuerzas represivas. Y al mejor estilo de la dictadura de la que fueron parte, quieren instalar el toque de queda para las y los jóvenes, así como seguir militarizando el Wallmapu.
Además de un sinfín de hermosas promesas de revolución tecnológica, metros y trenes por todo Chile y especialmente los planes para la “clase media”, la mayor flexibilidad laboral, el Plan Impulsa para re privatizar las tierra del pueblo mapuche, y la mantención del negocio de las AFP, nada nuevo se podía esperar. Como dice la canción de María Elena Walsh, en el reino del revés “un ladrón es vigilante y otro es juez”, pues los verdaderos responsables de la situación social, quienes evaden impuestos, cierran empresas, favorecen a sus parientes en cargos y negocios con el Estado, además del estancamiento económico, la violencia y destrucción del medioambiente, nos dicen que en este país imaginario vivimos en un mundo feliz.