La lucha magisterial metió en serios aprietos al gobierno que, con cada acción represiva, obtenía como respuesta un crecimiento del movimiento.
Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Miércoles 12 de octubre de 2016
El gran potencial de esta lucha se mostró con el paro simultáneo de cuatro meses en Chiapas, Oaxaca, Michoacán y Guerrero, confluyendo con paros parciales y movilizaciones en varios estados.
A partir de la represión en Nochixtlán, el movimiento democrático nacional e internacional en solidaridad con el magisterio le dio un enorme empuje a la lucha. Producto de ello, vimos la emergencia del movimiento magisterial-popular en la Ciudad de México, expresándose importantísimas tendencias a la unidad entre maestros, padres de familia y sectores populares, fenómeno también presente en varios estados, particularmente en Oaxaca y Chiapas.
Además, al calor de la lucha se desarrollaron ejemplares procesos de unidad entre maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y trabajadores de base del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), como en Nuevo León, cuestionando el control del charrismo sindical.
¿Qué obtuvimos hasta ahora?
Producto de esta importante batalla se logró la liberación de los dirigentes de la Sección 22, presos por luchar. Junto a ello, al menos durante este año, nos prometen que la evaluación será voluntaria, aunque en algún momento deberemos someternos a la misma, ésta no ha perdido su carácter punitivo y sí es obligatoria para los que resultaron no idóneos en la prueba pasada.
A los maestros con código 23 les quitaron sus horas, y los que tienen códigos 95 y 97 han sido presionados para evaluarse con la promesa -en caso de resultar idóneos- de obtener una plaza de base que ya no existe, producto de la reforma.
A la par, la represión se manifiesta en las escuelas mediante despidos, maestros que quedaron fuera de estructura, exceso de horas ahorcadas, exigencias de “buena presentación”, órdenes de quitar mantas de protesta. A lo que se suma la implementación de la reforma mediante los consejos técnicos escolares.
Por otro lado, quieren imponernos su nuevo modelo educativo que, entre otras cosas, busca desaparecer la asignatura de Educación Física y el subsistema de Secundarias Técnicas.
Mientras, avanza la privatización de la educación con el Programa Escuelas al CIEN y se recorta el presupuesto educativo como parte del recorte al gasto social.
Y entre tanto, a la reforma educativa no se le ha modificado ni una sola coma.
¿Qué hizo falta?
La profundidad, la extensión del movimiento y la enorme disposición a la lucha mostrada en las calles abrieron la posibilidad de echar abajo la reforma educativa.
Sin embargo, consideramos que el principal problema que impidió vencer consistió en que la dirección del movimiento puso en el centro de su estrategia la negociación con el gobierno, impulsando la movilización únicamente para ejercer presión y haciendo depender al movimiento de las mesas de diálogo, en lugar de desarrollarlo hasta imponer nuestras demandas por la fuerza de los trabajadores.
Para ello, era necesaria una política para soldar la unidad de las filas magisteriales, impulsada por la CNTE hacia el conjunto de las bases del SNTE. Requeríamos además de una política de autoorganización desde las bases, para que fuéramos los maestros, padres y sectores populares que sosteníamos los paros, los plantones, los bloqueos y las movilizaciones, los que decidiéramos mediante la discusión democrática el rumbo del movimiento.
Al mismo tiempo, como vanguardia en la lucha contra los planes del gobierno, debíamos unificarnos con otros sectores que salieron a luchar, como los trabajadores de la salud, así como apelar a la solidaridad activa, en primer lugar, de los trabajadores organizados en sindicatos que se reclaman democráticos, como los de la Unión Nacional de Trabajadores y la Nueva Central de Trabajadores. La perspectiva debía ser bregar para que el conjunto de los trabajadores -incluidos los millones que son atenazados por el charrismo de la CTM o que ni siquiera tienen derecho a la sindicalización- saliera a las calles contra el gobierno, en solidaridad con el magisterio y contra las reformas estructurales.
En ese camino, desde Nuestra Clase propusimos realizar una Asamblea Metropolitana para la Ciudad de México, así como convocar a un gran Encuentro Nacional de organizaciones sindicales, populares y sociales, ambas propuestas rechazadas por la dirección de la CNTE.
La falta de una política independiente, expresada desde antes del inicio del paro con el llamado de la Sección 22 a votar por el Morena en Oaxaca, y durante el paro confiando en las mesas de negociación, tiene ahora su continuidad en la vía legislativa, mediante la cual la dirección de la CNTE, de la mano del PRD, trabaja en el impulso de una iniciativa ciudadana para reformar la reforma en el Congreso, pretendiendo que el movimiento vuelva a confiar en las mismas instituciones y partidos responsables del ataque.
¿Cómo continuar la lucha?
Con el repliegue de la lucha, el gobierno ha retomado la ofensiva. En el camino de recomponer el movimiento, la tarea del momento es impulsar una gran campaña contra la represión, con acciones en las escuelas como se viene haciendo con los despedidos de Tláhuac y Cuauhtémoc, difundiendo en redes muestras de apoyo a los maestros y de repudio a las autoridades responsables, promoviendo movilizaciones unitarias como la de este jueves 13/10 en la Ciudad de México y apelando a la solidaridad activa de todo mundo para generar un gran movimiento solidario y democrático, que sume en primer lugar a trabajadores de otros sindicatos y centros de trabajo, junto a la juventud y sectores populares.
Simultáneamente, como parte de recuperar las lecciones que dejan estos meses de lucha, queremos destacar que si el movimiento alcanzó su mayor desarrollo en Oaxaca y Chiapas, ello tiene como base el enorme potencial que da el haber recuperado las secciones sindicales 22 y 7 para el movimiento magisterial democrático, por lo que consideramos de primer orden abrir el debate sobre la necesidad de retomar una de las consignas fundacionales de la CNTE: la lucha por la recuperación del SNTE. Es decir, salir a ganar a los miles de compañeros inconformes con su dirección traidora y lograr la independencia política de nuestro sindicato respecto al Estado.