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REFORMA LABORAL DEL GOBIERNO. Un retroceso para los trabajadores

Finalmente el Gobierno decidió un camino ante el fallo del Tribunal Constitucional. El resultado es un engendro anti-sindical que empeora incluso el Plan Laboral de la dictadura. Un camino pro-empresarial que también recorre para la reforma educacional.

Nicolás Miranda Comité de Redacción

Sábado 18 de junio de 2016

Tres fuerzas anti-sindicales y un cómplice

La reforma laboral del Gobierno resultó en un engendro anti-sindical. Resultado de la combinación de cuatro fuerzas.

La primera, la del propio Gobierno, con un proyecto de ley que distaba de sus anuncios, dificultando la organización y acción sindical. De muchos modos, entre ellos: los servicios mínimos, la obligada ratificación de la huelga en urna cada cinco días si así lo exige el empresario, la suba del quorum para constituir sindicatos en las PYMES, los límites a la huelga en las PYMES, la introducción de la adaptabilidad (una mayor flexibilización laboral), entre otros ataques, que hacían papel mojado el anuncio del fin al reemplazo y la efectividad de la huelga. Por no mencionar el rechazo directo a la discusión siquiera de la negociación por rama. Para disimular, más que para “emparejar la cancha”, otorgaba la titularidad sindical y el fin a los grupos negociadores.

La segunda fuerza, la cocina del Senado con la llamada “bancada pro-Pyme” que unió a sectores de la Nueva Mayoría con la derecha en favor de los empresarios.

La tercera fuerza, el Tribunal Constitucional, otra de las instituciones hechas para preservar las herencias de la dictadura, anti-democrática, y que con su fallo, impidió entre otros, la titularidad sindical. La derecha, antisindical, recurrió a esta institución para impedir hasta la menor concesión que se pudiera hacer.

La cuarta fuerza, actuó como cómplice: la cúpula burocrática de la CUT, encabezada por el PC con su presidenta Bárbara Figueroa, por la DC con Nolberto Díaz y por el PS con Arturo Martínez. En la larga discusión, se limitaron al lobby parlamentario, en lugar de agitar y movilizar las fuerzas de la clase trabajadora, que sin embargo, desarrolla combativas movilizaciones por sus demandas sindicales. Así, facilitó el trabajo a la cocina del Senado y al Tribunal Constitucional.

El camino del Gobierno: un engendro anti-sindical

Después de varias discusiones, el Gobierno optó, ante el fallo del Tribunal Constitucional, por el veto supresivo: es decir, dejó que caiga la titularidad sindical, pero suprimirá la posibilidad de la adaptabilidad laboral entre otras.

Pero deja en pie, todos los obstáculos a la posibilidad de organización sindical y ejercicio del derecho a huelga efectivo, que constituyen un verdadero retroceso, dejando un Código Laboral de la dictadura en pie y empeorado.

Aunque pareciera que la cúpula burocrática de la CUT no podía seguir apoyando al Gobierno, lo hizo. Conocida la decisión del Gobierno, sus dirigentes declararon que "lo anunciado por el gobierno es positivo y esperamos que el veto se apruebe a la brevedad en el Congreso".

Este camino que decidió seguir el Gobierno, pro-empresarial, es el que sigue también en la reforma educacional.

De conjunto, el intento de canalizar los procesos de lucha de clases usurpando sus demandas, canalizándolas al Parlamento, fracasó. Y el resultado inmediato, que puede dejarlos satisfechos, engendra fuerzas contrarias.

Las otras fuerzas: el desarrollo de la lucha de clases

La clase trabajadora responde por fuera o sobrepasando a sus dirigencias sindicales burocráticas. Y recurre a métodos cada vez más combativos, como informamos en La Izquierda Diario aquí (http://www.laizquierdadiario.com/Huelgas-y-paros-en-el-2015-Entre-el-Parlamento-y-las-calles?id_rubrique=1201).

Abre otro camino, en las distintas movilizaciones de distintos sectores de trabajadores, que, con flujos y reflujos, inicia cinco fenómenos que están en curso. El primero, la creciente disposición a la lucha, como se ve en los paros largos en el registro Civil, los profesores, los trabajadores públicos de Atacama. El segundo, que se retoman métodos combativos como los bloqueos de accesos a los lugares de trabajo, o directamente tomas, cortes de calles y de rutas, como vimos también en el Registro Civil, los trabajadores públicos de Atacama, los contratistas de Codelco ante el Acuerdo Marco, los profesores. El tercero, un ánimo contra las cúpulas burocráticas, como vimos entre los profesores en la llamada “rebelión de las bases”, con los trabajadores públicos ante la negociación del reajuste anual. El cuarto, las tendencias a la unidad, como vimos entre los trabajadores portuarios en los años pasados ante la media hora de colación o la huelga de Mejillones. El quinto, esfuerzos de re-agrupamientos para la recuperación de las organizaciones sindicales de manos de las cúpulas burocráticas y sus políticas sindicales, y de colaboración con el Gobierno.

En el movimiento estudiantil, el actual proceso de lucha, demuestra también la vitalidad de sus demandas, la disposición a la lucha, la combatividad, la tendencia al surgimiento de un sector combativo, con la debilidad de las dirigencias por comparación al 2011 pone un límite al peso nacional pero abre espacio a múltiples acciones locales que pueden dar paso al surgimiento de nuevos organismos para la lucha, como en potencia muestras los intentos de coordinación territorial desde la base con los Cordones estudiantiles en Santiago.

Y de conjunto, el potencial de la alianza entre trabajadores y estudiantes.