El domingo 17 de septiembre en la ciudad mendocina de San Martín se encontraron en una cena dos generaciones de militantes. La motivación, llevarse algo del otro quizás.
Miércoles 27 de septiembre de 2017

Dos compañeros fundadores del partido, uno llegado de Buenos Aires y el otro de los mismos pagos pero instaladísimo ya en la provincia, Titin Moreira y Jose el negro Montes, compartieron charlas y comidas con un grupo de jóvenes que experimentamos un primer acercamiento a la actividad política.
En un intento de conocernos el diálogo fluía a descubrir lo que nos une, las ideas, las razones en la vida personal que hacían que nos encontráramos en ese momento en este partido. Brotaron la sensibilidad, las convicciones, la inquietud con la quietud del mundo, que convergían en todos los casos en la necesidad de hacer algo con eso, con las ideas, y que encontraban asidero en el PTS.
En la fotografía que se formaba esa noche anidaba una de las lecciones más significativas. La gente dice que somos utópicos y sólo creemos en la revolución porque somos jóvenes y que con el tiempo se nos “va a pasar”. Con esas palabras intentan ponernos en pesado yunque en la cabeza y hacernos creer que nuestras energías van a un destino muerto. Entonces te encontrás con ellos, que representan en carne y huesos que esas palabras no tienen por qué ser ciertas. Que no debe existir nada más gratificante que hayas gastado toda tu vida en alcanzar ese objetivo, de contribuir a la causa y que tus convicciones sólo mueran con vos.
Su trayectoria habla de momentos difíciles y de grandes logros, a nosotros hoy nos toca ponernos al hombro una campaña electoral en el lugar donde nacimos, y más adelante quién sabe cuánto más, y como ellos ya lo pasaron no se fueron sin dejar de recordarnos por qué lo hacemos. Qué clase de organización queremos ser, cuál es el fin último de un partido revolucionario.
Cada banca queremos hacerla un estrado desde donde se escuche la voz de los pueblos oprimidos y donde nuestras ideas se hagan eco. Porque al final todos coincidimos en lo mismo, en el odio a la opresión del hombre por el hombre, en esa indignación por la desigualdad y sobre todo en la creencia de que como humanidad podemos revertir la realidad. Fuimos esa noche invitados a militar y a otros a seguir.