¿Qué ha sucedido con los Foros de Pacificación propuestos por el nuevo presidente electo?
Jueves 23 de agosto de 2018
A Luis K. Fong Ronquillo
Una multitud de personas, deudos, irrumpieron en las afueras del auditorio de la UACJ en Ciudad Juárez Chihuahua el día 7 de agosto, cuando se inauguraron los Foros por la Pacíficación que convocó Andrés Manuel López Obrador. Después de que la multitud lograra intervenir en la necesidad de discutir un punto nuevo, la Ley de Seguridad Interior, el nuevo Secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, señaló que el objetivo del foro “es diseñar políticas para pacificar el país”.
Estaban rebasados. Un participante de aquel día nos cuenta “evidentemente no estaban tomando en cuenta a todas las víctimas”. El foro fue testigo de un acontecimiento inusual: el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, López Obrador y Durazo debieron ceder a las peticiones de los “incómodos”.
Hasta hoy son cuatros los foros en el que participaron víctimas, personalidades, la iglesia y miembros del nuevo gobierno. Después de Juárez le siguió Torreón, Morelia y La Huacana, Michoacán. Señala la periodista Marcela Turati que las experiencias de dichos encuentros son una “decepción”.
En el principio fue el caos
El desastre es inusitado. Un país vuelto un cementerio, del que ya poco se habla, pero que no puede meterse debajo de la alfombra de la algarabía de la última elección en la que el PRI perdió el poder. 200 mil muertos, unos 30 mil desaparecidos y miles de desplazados.
De Ayotzinapa a Tlatlaya en la militarización generó que México fuera un monumento a la barbarie moderna. Así, en el país surgieron movimientos profundamente creativos que convirtieron el dolor en impugnación del #Fue el Estado, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y el centenar de colectivos de búsqueda por los desaparecidos.
Ante esta barbarie y complejo escenario, causado por la implementación de las políticas de militarización en México, es que el nuevo gobierno llamó a los Foros por la Pacificación.
El diseño del formato tiene decenas de errores: invitación a personas que no son víctimas de la guerra sino perpetuadores (en Morelia se detectó la presencia de Templarios), oídos sordos al dolor de los deudos (llenado de formatos, pero no la escucha sensible de los sucesos a esclarecer), la presencia de funcionarios vinculados a violaciones de derechos humanos (en Michoacán Juan Bernardo Corona, debió huir luego del cuestionamiento de que su corporación, la SSP, estuviera implicada en el asesinato de civiles), la sobrerepresentación de miembros de Morena, y funcionarios, la improvisación, la falta de logística, son algunos de los puntos que generan desazón en la iniciativa.
Vaya, hasta miembros afines al nuevo gobierno mostraron su inconformidad. El ex autodefensa de Michoacán José Manuel Mireles declaró que el evento era una “farsa”. Será más complejo pues el quinto encuentro será cerrado, incluso a la prensa.
En Chihuahua los deudos gritaron “¡No! ¡Ni perdón ni olvido!” y “¡Sin justicia no hay perdón!” e increparon el nuevo gobierno. Los espectros de la impugnación iniciados por Luz María Dávila vuelven a la cabeza de los vivos.
Las propuestas
Algunos señalan que dichos eventos están diseñados para avalar las propuestas del nuevo gobierno del materia de seguridad. La estrategia será diseñada según se realicen 43 foros presenciales, consulta de ideas por internet que los civiles entreguen al nuevo gobierno y el presidente diseñará la nueva estrategia. Pero, de declaraciones de la nueva Secretaria de Gobernación, Olga Cordero y de Durazo, la estrategia es: legalizar algunas drogas, amnistía a algunos delitos y discutir que papel jugará el ejército.
El problema es complejo. Quien escribe estas líneas en cada camino andado de los movimientos contra la barbarie en México se preguntaba “¿Cómo detener esta catástrofe?”. Definitivamente es uno de los retos más complejos que haya tenido el país en muchos años, tal vez en su historia. Es pronto para saber los resultados de la estrategia del nuevo gobierno, pero resulta significativo que no existe la palabra comisión de la verdad en las palabras de Durazo, Olga Cordero y López Obrador.
Comisión de la verdad, independiente
¿Qué sucedió realmente? El país quiere y necesita saber. Los deudos están ansiosos. ¿El ejército, los federales, municipales, las bandas el narcotráfico, paramilitares, escuadrones de la muerte actuaron por su cuenta o estaban enterados los órdenes políticos de aquellos acontecimientos?
¿Hasta dónde y quiénes del orden político estaban inmiscuidos por omisión o de forma directa en la desaparición forzada y en la creación de fosas clandestinas? ¿Quién mandaba las ejecuciones a civiles? ¿El presidente, los gobernadores, los presidentes municipales sabían de aquellos actos de barbarie?
“Perdón si, olvido no” propuesto por el nuevo presidente deja miles de cabos sueltos y busca anestesiar las ansias de justicia de miles de deudos en el país. Tal parece que está es la clave para huir la impunidad.
Una comisión de la verdad debe estar diseñada por organismos de derechos humanos que acompañaron los casos de la guerra en México, las víctimas, personalidades de moralidad intachable, intelectuales, organismos internacionales de defensoría y atención a violencia del estado, organizaciones sociales, sindicatos totalmente independiente del estado y del nuevo gobierno. Que los espectros de los que ya no están encuentren ecos en nosotros para pensar los tiempos que vienen.