¿Cual es el hilo de continuidad histórica de nuestra organizaciòn estudiantil? ¿En que se asimila la FECH de los años 20 comprometida con la luchas del movimiento obrero con la FECH refundada en los 80 para enfrentar a la dictadura? En ambos casos la FECH no solo se movilizaba contra el gobierno que tenían al frente, sino también buscaban acabar con el sistema y las injusticias que sostenían a tales regímenes. ¿Cuál es la FEch que hoy necesitamos?

Ιωαχειν Santiago de Chile
Lunes 1ro de octubre de 2018
La Fech de antes, la Fech de ahora.
El año 2011, cuando miles de estudiantes inundaron las calles bajo la demanda educación pública, gratuita y de libre acceso, constituyeron un movimiento estudiantil que se reclamaba a sí mismo actor político, que actuó a nivel nacional en oposición al primer gobierno de Piñera, con la ambiciosa propuesta de terminar con el mercado en la educación: ese sistema segregador de educación para ricos y para pobres que genera enormes deudas sobre las familias trabajadoras. Fue en las tomas y marchas masivas que los estudiantes mostraron a toda la sociedad que el sistema educativo solo era un reflejo de una sociedad donde una pequeña minoría vive de la riqueza que extraen de la inmensa mayoría de la población, defendida por un gobierno amparado en la constitución pinochetista.
7 años después de esa gran lucha, y pese a las reformas de la Nueva Mayoría, ese sistema educativo sigue intacto, con nuevas regulaciones que no han terminado con el negocio en la educación. Esa constitución que consagra el lucro y la precarización de la educación pùblica sigue plenamente vigente. Ni hablar de los empresarios de la educación, que son los mismos que lucran con nuestras pensiones, nuestra salud y saquean nuestros recursos naturales. Ahora están envalentonados con su gobierno de gerentes y buscan ir por más. Pero el movimiento estudiantil no está solo para dar esta pelea. En mayo de este año, miles de mujeres se tomaron sus facultades y colegios exigiendo el fin a la violencia machista. Su propia lucha repuso las tomas, los paros y las marchas masivas como herramienta de lucha para transformar la sociedad. Les siguió a ellas la marea verde que cruzó la cordillera bajo el grito de aborto libre, legal, seguro y gratuito.
Esa fuerza que demostraron las mujeres es la fuerza que el movimiento estudiantil puede desplegar si sigue su ejemplo. Hace poco un informe de contraloría develó las millonarias pérdidas de las universidades estatales producto de la beca gratuidad y el abandono del Estado. Este situación será usada por el gobierno y los empresarios de la educación para reponer su agenda, como lo hicieron con el fallo del TC que resguardaba el derecho al lucro, en abril de este año.
Nuestra organización estudiantil, sin embargo, está sumergida en una profunda crisis de legitimidad y participación que la mantiene prácticamente inactiva, sin capacidad de convocatoria y al margen de todas las luchas que se vienen desarrollando. 8 años de conducción del Frente Amplio en sus diferentes formas y colores a la cabeza de la FECH bajo la estrategia de la incidencia parlamentaria: el ya clásico “presionar al parlamento“ confiando en que los políticos, ligados por miles de redes a esos empresarios de la educación, podrían acceder a nuestras demandas sin doblegarlos con la fuerza de nuestra movilización, que ha demostrado poder poner en jaque al régimen. El resultado de la política de la incidencia fue el vaciamiento de las asambleas y que los estudiantes vieran en la beca gratuidad una respuesta concreta a las demandas del 2011. Hoy con la educación pública desfinanciada y en una crisis sostenida (ya anunció Piñera que no habrá aumento del presupuesto) la crisis de nuestra federación adquiere tintes dramáticos que necesitamos revertir.
Este congreso Fech, impulsado por la fuerza de los hechos tras la crisis provocada por la destitución de Alfonso Mohor (Movimiento Autonomista) está lejos de ser un congreso pensado en ser una herramienta para la organización de los estudiantes. De nosotros depende que esto no sea así. Organicemos en nuestras asambleas de curso, de generación y de carrera a discutir las problemáticas que nos aquejan, elijamos de ahí delegados revocables y mandatados que vayan a los encuentros a disputar la organización que necesitamos para que no sea el mismo pleno impugnado por la crisis de legitimidad el que maneje el proceso, sino que sea la organización de base la que direccione la FECH que necesitamos. Impulsemos jornadas reflexivas con paralización para dar las discusiones congresales.
¿Cuál es la Fech que hoy necesitamos?
Necesitamos una Fech que retome el impulso de los estudiantes que en los años 20 lucharon junto a los obreros levantando organizaciones unidos contra un sistema que los condenaba a miserables condiciones de vida. Esa FECH que se enfrentó a la dictadura sacando al rector designado por los militares, esa FECH de la reforma universitaria que luchaba por el cogobierno universitario, para terminar con el autoritarismo. Una fech que luchaba contra un sistema de miserias e injusticias. Necesitamos una FECH anticapitalista que convierta nuestros créditos bancarios y deudas en derechos sociales garantizados, arrebatandoselo a los empresarios y políticos corruptos.
Necesitamos una FECH que defienda la autonomía universitaria para organizarnos sin la intromisión del poder político, al servicio de los intereses empresariales, y de la policía. Una FECH que no acepte medidas que solo buscan reprimir -como la comisaría que quieren poner las autoridades en Campus Antumapu-, y que enfrente a rectores y decanos que estén en sintonía con la línea criminalizadora del gobierno con el proyecto de Aula Segura.
Una fech que se proponga acabar con la violencia machista, construyendo educación no sexista en cada espacio, con cátedras abiertas y transversales de género, y barriendo con las condiciones laborales precarias que tienen rostro de mujer. Una Fech que pelee por el paso a planta de las y los trabajadores, por acabar con el subcontrato y la brecha salarial entre hombres y mujeres.
Una FECH independiente de las autoridades universitarias, que luche por el cogobierno universitario electo mediante votaciòn universal, que acabe con la universidad al servicio de los negocios con empresarios y que sea financiada integralmente por el estado, donde el conocimiento que se genere en sus aulas esté al servicio de los pueblos que componen nuestro territorio así como de sus necesidades, con planes de extensión que conecten el quehacer académico con el pueblo oprimido y explotado y así abran las paredes de la universidad, generando cátedras nocturnas abiertas para trabajadores, planes de nivelación de estudios, para romper con la universidad de élite y pasar a ser una universidad al servicio de la clase trabajadora, mujeres, migrantes, y pueblo mapuche.
Una FECH que se haga presente en la lucha de las mujeres, la clase trabajadora, los pueblos oprimidos y la diversidad sexual. Enfrentamos un mismo enemigo que niega nuestros derechos a la salud, la educaciòn, y la vivienda: debemos unificar nuestras luchas por acabar con las miserias de este sistema para que todos juntos podamos conformar una fuerza social capaz de echar abajo la herencia de la dictadura.
Una nueva orgánica para un nuevo momento
Hoy en nuestra federación persiste un modelo orgánico heredado de los noventa, que la propia historia ha superado con creces. Una organización que concentra una facultad excesiva en una sola figura -la presidencia de la fech- tiende a generar mecanismos burocráticos de administración de la misma. Necesitamos una FECH que funcione bajo democracia directa, donde se vean reflejadas las asambleas de base con delegados mandatados y revocables, donde las funciones que hoy concentra la mesa , como el presupuesto, esté administrado por el pleno de federación ampliado. Una fech que permita la libertad de tendencias y la discusiòn política abierta y democrática , reflejando esta pluralidad de visiones en una mesa abierta que dirija la FECH, pero que sea siempre mandatada y revocable por las asambleas de base.
Una organización flexible y profundamente democrática, capaz de empalmar con las aspiraciones de los miles de estudiantes que componemos la universidad y que sirva como una herramienta para la transformación de nuestra universidad y la sociedad.
Para estos objetivos, el actual congreso de Federación en curso está lejos de ser el que necesitamos. Su organización y ejecución está hoy en manos del mismo pleno cuestionado por su legitimidad desde las elecciones del año pasado. Buscará ser un congreso testimonial para hacer un par de ajustes cosméticos a nuestra organización estudiantil y dejar a las organizaciones políticas que componen el pleno actual, contentas. Pero no refleja el actual descontento y desafección que existe por les estudiantes hacia su principal orgánica. Por eso debemos organizarnos en nuestros cursos, generaciones y carreras para discutir las problemáticas que nos aquejan , eligiendo delegaciones mandatadas y revocables que representen las discusiones para que las lleven a las instancias de síntesis, buscando desbordar con la organizaciòn de base los estrechos marcos de este congreso.
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Necesitamos que se garanticen jornadas de discusión donde todos puedan participar, como lo hicieron les estudiantes de ICEI que se encuentran votando un paro para efectuar las discusiones congresales. Aún estamos a tiempo de tomar el desafío de refundar la Fech: Una fech anticapitalista para los combates del presente.