Es “Nuestras vidas valen más que sus ganancias”. La propuesta de Nicolás del Caño y Myriam Bregman, del Frente de Izquierda, pisa fuerte en aulas y pasillos. Cientos de estudiantes se suman a colaborar con la campaña.

Javier Nuet @javier_nuet
Sábado 20 de mayo de 2017 13:45
Sonríen. Miran fijo. Sus caras pasan de mano en mano en volantes y se reflejan, gigantes, en las paredes. Despiertan ideas en las cabezas de muchos. También abren debates en bocas de otros. Están convencidos. Tanto como quienes se encargan de que lleguen hasta cada rincón de las facultades por las que pasan miles de estudiantes todos los días.
Tienen algo para proponer. Algo que rompe con lo “esperable” y cuestiona lo que suele ser cotidiano. ¿Es posible? ¿Cómo se llevaría a cabo? ¿Vale la pena pelear por esto?
En banners desplegados por los pasillos, en las puertas de las facultades y en los patios. Incluso proyectadas, gigantes, en las paredes. Nicolás del Caño y Myriam Bregman, precandidatos del Frente de Izquierda por la provincia y por la ciudad respectivamente, invitan a leer y a escuchar las principales ideas de una campaña que ya se ganó la simpatía de cientos de estudiantes.
Es que para la juventud, estudiar y trabajar es un plan muy difícil de mantener: en Argentina, tres de cada cuatro inscriptos a una carrera universitaria no llegan a recibirse.
Las causas, la mayoría de las veces, tienen que ver con la dificultad para mantener los gastos que implica cursar una carrera, como comprar los apuntes, útiles, las comidas entre clases y los cientos de pesos que se van en cargar la SUBE todos los meses. También se explica por las condiciones de laburo que se le ofrecen a la juventud: trabajos precarios como los call, o en oficinas durante ocho o nueve horas para llegar a cursar de noche y salir a cualquier hora.
La otra cara de la deserción son los cientos de miles de jóvenes que jamás accederán a la educación superior, aunque sea “libre y gratuita”. Son los que laburan para mantener a sus familias, en jornadas extenuantes y condiciones ultra precarias. De ellos no quieren hablar ni los políticos burgueses ni los que gobiernan las facultades al servicio de las empresas.
En los pasillos andan diciendo
En la fila de un bar en la Facultad de Derecho de la UBA, una estudiante le dice a otra: "hoy laburé casi diez horas. Me siento en la clase y no puedo entender nada con el queme que tengo". Por eso, cuando pasa Adriana con la propuesta de la izquierda, al toque levantan la oreja y empieza la charla.
La propuesta interpela porque habla de la vida de muchos, pero también busca cuestionar lo que pasa con esos muchos otros que trabajan y no pisan las universidades. Por eso plantea la reducción de la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, sin reducción salarial, con un mínimo igual a la canasta familiar, para repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados y así terminar con el desempleo. En las universidades, el objetivo es que nadie abandone y que cualquiera que quiera estudiar tenga la posibilidad de hacerlo. Por eso el planteo es por becas integrales de media canasta familiar, $11500.
En la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, había una onda parecida. “Me interesa la propuesta porque me siento identificado. Habla de mi vida” Otros, que ya conocían la campaña, se acercaban a preguntarle a los militantes de Contraimagen (Juventud del PTS + Independientes) “Qué onda”, buscando saber más de la campaña.
En las dos sedes de Económicas, los estudiantes paraban a mirar y a discutir. Surgieron varios debates sobre la viabilidad de la propuesta, la parte técnica y la ambición política del planteo. Uno de los que se quedaron charlando decía: “Me gusta la campaña. Me parece que hay que profesionalizar y explicar más profundamente la propuesta. Es muy interesante que den una pelea por otra conciencia entre los trabajadores.”
Miles para llegar a millones
Como un germen que se expande rápidamente en un sistema hecho por y para una pequeñísima minoría que vive del sudor de la inmensa mayoría, la idea es instalar el debate hasta en el último rincón del país. Por eso es fundamental que se sumen miles de colaboradores que quieran difundir los spots, llevar las discusiones a sus cursos, contarles a sus amigos y a sus familias, aportar económicamente y pensar todo tipo de iniciativas creativas para potenciar la campaña lo más posible.
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“Hay que dejar de verlo como una utopía y pensarlo como un proyecto. Si no lo pensamos así no se puede hacer realidad. Cuando uno toma conciencia de que se puede dar, el cambio se da, depende de nosotros”. Frases como esta se repitieron en los profesorados de capital federal.
En el mismo sentido se dieron las charlas en la Universidad Nacional de las Artes: “Hay que organizar la economía”, “hay que pelear”, “esto se va a conquistar con la movilización en las calles y no a través del congreso”. “Hay que expandir esta campaña, es muy bueno que la traigan a la facultad. Hay que llevarla a todos lados, yo me quiero sumar”.
Ladran Sancho
No se hizo esperar la respuesta a la campaña. Durante toda la semana, en la Universidad Nacional de La Matanza el personal de seguridad quiso impedir que la campaña se desarrollara, con amenazas constantes e incluso intentando desinstalar una carpa por la fuerza, pero sin siquiera un argumento para explicar por qué opinan que organizarse está prohibido.
Mientras tanto, la juventud de cambiemos (Franja Morada/Nuevo Espacio), que conduce el centro de estudiantes de Ciencias Económicas y de Derecho), mandó a patotear a los militantes de En Clave Roja con amenazas e intentando romper sus carteleras mientras repartían volantes en el patio de la facultad.
En Derecho, un cartel sobre el escandaloso fallo del "2x1" hizo aparecer, como por arte de magia, a tres “encargados de seguridad” que se presentaron para decir que había que sacarlo porque “interrumpía el paso” -de la gente que se paraba a sacarle fotos-.
Si a muchos estudiantes los entusiasma la idea y se convencen de que es una pelea contra los empresarios, por transformar esta sociedad de raíz, para los amigos del gobierno y de los CEOs se convierte en una preocupación.
La pelea está planteada. Es nuestra vida, o sus ganancias.
¿Te vas a quedar afuera?