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Red Internacional
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Editorial. Una juventud que enfrente la criminalización, la represión y los despidos bajo el macrismo

Da la sensación de que fue más el agua que pasó bajo del puente, pero apenas pasaron 40 días desde que Macri se sentó (con su perro) en el sillón de la Casa Rosada. Las tareas para organizar la resistencia al gobierno de los empresarios.

Carolina López

Carolina López Estudiante de antropología, Facultad de Filosofía y Letras UBA

Jueves 28 de enero de 2016

En menos de 40 días el macrismo ya demostró sobradamente que los globos amarillos de la campaña están hechos realmente de decretazos de necesidad y urgencia, CEOS, aumento de la represión vía “protocolos para la protesta”, despidos, traspasos de la policía, ley de “derribo de aviones” y encarcelamiento por protestar, entre otras cosas.

Toda esta catarata de políticas, tiene un mismo objetivo: desarrollar el “plan de guerra” del PRO, que tiene por norte ofrecer a los grandes empresarios mayores ganancias, a costa del salario obrero. (Y para los trabajadores que resistan: ¡palazo!).

Pero el plan sufre un retraso inesperado. Los grandes buitres del campo no se conformaron con la devaluación y la quita de retenciones y en lo que va del 2016 llevan liquidadas divisas por U$S 2.066 millones, lejos de los U$S 8.000 millones que negoció el gobierno para poder tener un colchón durante la primer etapa.

Y Davos, pese a que el avión viajaba con un cartel de “Argentina: se vende al mejor postor!”, no fue un respiro para el gobierno, sino más bien, un mar de promesas y desencuentros con los fondos buitre y los prestamistas, que anticipan mayores complicaciones para la “gobernabilidad” del PRO.

Una receta poco original

La ajustada situación del PRO tiene su correlato en los ataques (casi de manual) que ya están en marcha. La devaluación más la inflación de noviembre hasta la fecha, son un verdadero ataque al bolsillo.

Prat Gay cínicamente dice que hay que “elegir” entre los aumentos de las paritarias y el riesgo de quedarse sin trabajo. Cuando es el propio gobierno el que bajo la excusa de que son “todos ñoquis”, está tomando la delantera de los despidos en el Estado nacional, como también en distintos municipios y provincias donde gobierna el PJ (la Santa Cruz y Tierra del Fuego K tampoco son la excepción).

Para que la cosa no se desbande, a los que no les guste la situación y quieran resistir, el gobierno deja de lado "la revolución de la alegría" para ser puro gas lacrimógeno y balas de goma. Como se vió con los municipales de La Plata y con Cresta Roja. Una receta poco original.

La detención de Milagro Sala va en esa misma dirección. Se trata de dar un mensaje a los que salen a protestar en las calles. La detención en Rio Negro del dirigente de ATE Rodolfo Aguiar por protestar contra los despidos lo confirma: el estado pondrá todo el aparato represivo a cuidar los negocios capitalistas.

Frente a estos ataques, los videos de Cristina convocando a la burocracia no alcanzan: hasta ahora los líderes sindicales siguen en clima vacacional y jugando a los números, cuando para miles de trabajadores lo que está en juego es llegar a fin de mes.

1... 2... 3.. ¿100 Parques Centenarios?

A diferencia del gobierno de Cristina, donde desde el propio gobierno fueron construyendo una imagen con la cual rivalizar, aun el gobierno de Mauricio Macri no tiene una oposición clara que le haga frente a sus ataques.

La pregunta del millón es ¿quién pagará los costos que traen consigo la crisis y la devaluación? Pero para poder resolver la inquietud, es necesario pensar cuál es la resistencia que se necesita para enfrentar al gobierno de los dueños del país.

En las últimas semanas vimos a unos miles de jóvenes ser parte de las plazas que convocaron los referentes del kirchnerismo en la Capital Federal. Se notan las ganas de discutir cómo se enfrenta al macrismo. “¿Cómo nos organizamos para que este facho no se salga con la suya?” -pregunta un pibe de unos 25 años en el parque Saavedra. “Yo no se la quiero dejar pasar” es el murmullo que retumba.

“Resistamos con aguante, muchachos” es la respuesta que tiene la dirigencia que acaba de sacar sus cosas del congreso, de la rosada, después de 12 años de gobernar.

La dirigencia kirchnerista, intenta ser una “oposición responsable”. Lejos de querer ser “la resistencia”, Cristina y Scioli (que brillan por su ausencia con la detención de Milagro Sala –alguien “del palo”), quieren simplemente acomodarse para volver en 2019. No quedar muy pegados a los quilomberos de los cortes en la panamericana.

Asi es como las “plazas”, encuentran los límites rápidamente, al no poder salir de la simple “denuncia” frente a los ataques. Está prohibido hablar de los que pueden hacerle frente al ajuste, los trabajadores. Por eso en las “plazas k”, cuando esos jóvenes que salen a enfrentar a Macri y sus políticas derechistas preguntan “¿y ahora qué hacemos?”, las respuestas decepcionan: buscar afiliaciones para jugar en la interna del PJ (rancia por donde se la mire), aplaudir a los ex ministros, y…. asi prepararse en las plazas para volver… ¿A lo mismo que antes?

¿Y la relación con los trabajadores? El kirchnerismo como gobierno (no los jóvenes que hoy quieren “hacer algo” contra Macri) durante estos 12 años apoyó a las cúpulas sindicales en manos de la misma burocracia sindical (por ejemplo el nefasto Gerardo Martínez que fue parte del batallón 601, Pedraza, Pignanelli, y un largo sin fin de etcétera) que siempre estuvo en el mando, y privilegió sus intereses por encima de los de los trabajadores. Hoy su relación con el movimiento obrero, el único que puede dar una salida de fondo al ajuste con paros y huelgas generales, es mínima. Esa no-relación, es producto de años en los que frente a cada conflicto obrero como Lear, la 60, la condena a los petroleros de Las Heras, desde el estado se ubicaron del lado de los empresarios con la gendarmería; o de la mano de la propia Cristina tratando de “vagos” a los docentes de la provincia, y separando constantemente a los “privilegiados” que cobraban ganancias, de los que no lo hacían.

Es decir: la dirigencia K tiene un gran límite para encabezar la resistencia, que consiste en que su propio gobierno generó las condiciones para que hoy el macrismo ataque, como haber votado la ley antiterrorista que crea el clima para la detención a Sala, haber consolidado alianzas con empresarios como Cristóbal López y Sergio Szpolsky que hoy sin las prebendas del Estado despiden como en Paraná Metal y el Grupo 23 y por supuesto haber precarizado a los trabajadores del estado que hoy son el sector más débil, abriéndole vía al macrismo para tratarlos de “ñoquis” y despedirlos, sembrando así la idea de que no se salga a luchar porque “vos podes ser el próximo”.

¡La agenda del Estado de los empresarios, debe ser enfrentada por una resistencia de los trabajadores y esos miles de jóvenes que se organicen y unifiquen fuerzas para enfrentar los ataques!

Una juventud que enfrente la criminalización, represión y despidos

Está planteada otra salida para todos esos jóvenes que hoy dicen que “la quieren pelear” y empiezan a levantar la cabeza. Esos a los que no les llegó la “década ganada”, o que empiezan a ver que en el pasado no está la respuesta. Una salida por izquierda: construir una oposición obrera y de izquierda al macrismo, que pelee hasta el final porque no seamos los trabajadores y el pueblo los que paguemos el ajuste.

Y no partimos de cero para esa tarea. Venimos de un 2015 en donde el FIT y el PTS, con Nicolás del Caño y Myriam Bregman a la cabeza, plantándose desde sus bancas, en la televisión, y en cada conflicto al que vamos, se han transformado en una gran referencia de la izquierda. A partir de esta influencia, queremos ser una fuerte oposición política al macrismo.

Pero no alcanza con eso: los fuertes ataques exigen multiplicar fuerzas y respaldar nuestra intervención política con un gran poder social que en las calles, en las fábricas contra la burocracia traidora (como lo hemos hecho en estos años de kirchnerismo empezando a construir fuertes oposiciones a la burocracia en los principales sindicatos y saliendo a pelear contra los despidos), en los colegios y en las facultades (desde los centros que dirigimos que han sido parte activa de las principales luchas obreras y aquellos en donde somos una firme oposición) y desde ya, las mujeres que salieron a pelear por sus derechos como en el #NiUnaMenos, le demos un fuerte mensaje al macrismo: ¡No nos van a pasar por encima!.

Es hora de levantarse

Hoy, la situación exige grandes respuestas. Como juventud del PTS, a diferencia de la dirigencia kirchnerista, que hace una reivindicación vacía de la experiencia setentista, solo queriendo tener la mística, pero dejando a un lado las lecciones de la lucha obrera, que fue capaz de bajar dictaduras y crear grandes organizaciones de lucha como fueron las coordinadoras del 75´, queremos retomar esas banderas, pelear por todo. Mostrar que es posible una oposición de izquierda y obrera en Argentina, pese a lo que nos han querido hacer creer los mismos que trabajaron para derrotarla: los milicos y sus amigos empresarios.

Pero entendemos que para construirla es necesario tomar con la mayor seriedad las primeras peleas contra este gobierno. La lucha contra los despidos, se fortalece acompañando a los trabajadores en lucha por su reincorporación. Interviniendo con los compañeros del Grupo 23 para frenar los despidos en prensa, con los de aeroparque, o los estatales frente a la campaña “antiñoqui” del macrismo. Frente al avance de la política represiva, tenemos que impulsar la más amplia unidad de acción en las calles para que liberen a Milagro Sala y todos los presos por luchar, defendiendo el derecho a la protesta y denunciando la ley antiterrorista.

Queremos que en cada pelea en las fábricas, en las facultades y en los colegios secundarios forjemos organizaciones de lucha (sindicatos y centros de estudiantes combativos) que sean la base, junto con la influencia política lograda por el FIT, para derrotar al gobierno. Nuestra juventud se tiene que construir alrededor de estos combates, que son a su vez los que permitirán construir un partido revolucionario que sea la herramienta política para luchar contra los capitalistas.