Tras casi tres años de encabezar la Segob, Olga Sánchez Cordero, primera mujer en ocupar el puesto, dejó el cargo la semana pasada para reintegrarse al senado de la república, dejando su lugar a Adán Augusto López Hernández.

Yara Villaseñor Socióloga y latinoamericanista - Integrante del MTS - @konvulsa
Martes 31 de agosto de 2021
La titular del Instituto de las Mujeres, Nadine Gasmán, agradeció a Sánchez Cordero por supuestamente “haber puesto en el centro las demandas de las mujeres”, expresando que su salida del cargo significará un cambio para la política nacional en materia de género. Pero, ¿significó una diferencia sustancial que una mujer ocupara el cargo?
Olga Sánchez Cordero, la dama de los tres poderes, debe ser medida por los beneficios que imprimió al país, si es que los hay, tanto como los beneficios personales que obtuvo en sus cargos. Ya en 2019 había sido cuestionada por omitir una casa en Houston, Texas, por un valor mayor a los 11 millones de pesos.
Según la información de la Secretaría de la Función Pública recuperada por algunos medios, durante estos tres años de 4T y sumando sus ingresos del 2017 ($341 mil, 619 pesos por asesorías profesionales), Sánchez Cordero declaró haber ganado casi $24 millones 379 mil 505 pesos.
Sólamente por su cargo en la Segob, percibió hasta 2020 anualmente $3 millones 595 mil 108 pesos, pero, además, recibió $8 millones 253 mil 717 pesos anualmente de pensión como ministra retirada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, además de un monto por $4 millones 805 mil 841 pesos correspondiente a asesorías profesionales externas.
A estos ingresos exorbitantes hay que agregarle los ahorros de su vida, que superaban los 60 millones de pesos en 2018. Por muy trabajadora que haya sido, estos ingresos distan en kilómetros de los del conjunto de la población pobre y trabajadora que se jacta de representar.
Feminismo al servicio de los empresarios
No olvidemos tampoco que Sánchez Cordero, a pesar del perfil feminista reforzado por AMLO y sectores del feminismo afines a la 4T, ha declarado estar “a favor de que las mujeres decidan” tanto como estar “a favor de la vida”, cuestión que para el movimiento feminista no es menor. Al igual que su partido, Sánchez Cordero baila lo que le pongan, coqueteando con sectores conservadores vinculados al clero así como con las millones de mujeres que exigen el poder decidir sobre sus cuerpos.
Además, ha planteado explícitamente que su intención no es legalizar, sino “despenalizar”, como declaró en una de las [mañaneras→https://www.laizquierdadiario.mx/Aborto-desapariciones-y-corte-de-caja-de-Sanchez-Cordero-en-conferencias-matutinas], para que no haya condenas sobre quienes deciden sobre su cuerpo pero que tampoco el Estado sea obligado a cubrir todo lo necesario para garantizar el aborto libre y seguro en todas las clínicas y hospitales del país.
Pero todas sus poses feministas caen por los suelos con su conducta servil ante el carácter misógino y brutal de quienes detentan el poder, pues desde su cargo como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se hizo partícipe al solapar el criminal ataque que incluyó el secuestro, tortura y encarcelación de la periodista Lydia Cacho, organizado en el 2005 por Mario Marín, "el gober precioso" de Puebla actualmente procesado y su cómplice, hoy oculto en el Medio Oriente, el empresario textil Kamel Nacif, señalados como principales figuras de una red de pederastas que involucraba a varias figuras de la política y denunciados en el libro “Los demonios del Edén”. Sánchez Cordero votó en beneficio de la exoneración del “gober precioso” y salió en defensa de éste el año pasado pidiendo "un juicio imparcial", por lo que se mereció el señalamiento público de traidora por parte de la periodista.
También ha presumido del carácter feminista de la 4T, pero a casi tres años de gobierno, no hemos visto una transformación sustancial para las mujeres: se mantiene la precarización laboral, que se profundizó con la pandemia y reformas como la laboral, aprobadas por este gobierno; además de que aumentaron los despidos, así como la carestía de la vida; se incrementó la violencia y también el feminicidio, de la mano de la continuidad de la militarización del país con la Guardia Nacional, y la política pública oficialista se constriñó a programas sociales de apoyo a mujeres que son insuficientes para transformar sus condiciones materiales de fondo, mismas que son sostenidas para beneficio de los capitalistas al servicio de los cuales gobierna la 4T.
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