Este artíclo publicado por Left Voice analiza la necesaria respuesta de los trabajadores y la izquierda frente a las elecciones en EE. UU. y cómo preparar las batallas que se avecinan bajo una presidencia de Trump o Biden.
Sábado 24 de octubre de 2020 17:44
A solo diez días de la elección presidencial en los Estados Unidos la gente se siente (justificadamente) ansiosa respecto a la continua impredecibilidad de la situación política en los Estados Unidos. Durante meses, el presidente Donald Trump fomentó el odio y las frustaciones de su base electoral derechista, solicitando a milicias violentas como los Proud Boys a manenterse en guardia (“Stand down and stand by”), y organizando lo que su hijo, Trump Jr, ha llamado un “ejercito de observadores” para intimidar a los votantes negros y latinos en los estados cuyo resultado aún no esta definido, como Michigan y Pennsylvania.
Trump ha insistido que las votaciones por correo no son confiables, se negó a decir que aceptaría un traspaso pacifico del poder, e insinuó en múltiples ocasiones que disputará el resultado de la elección. Mientras la amenaza de un golpe de estado derechista es poco probable, siendo la derecha radical mucho más pequeña que su representación en los medios, la retórica racista de Trump y sus llamados poco disimulados para generar violencia y hostigamiento durante las elecciones son especialmente peligrosos para los más oprimidos en el país quienes han sido uno y otra vez blanco de sus ataques.
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Mientras la amenaza de semejante violencia no es nueva, se ha intensificado considerablemente desde la elección de Trump, y aún más desde los levantamientos contra la brutalidad policial que comenzaron luego del asesinato de George Floyd a fines de mayo. Desde entonces, milicias derechistas han asesinado o herido a decenas de manifestantes de Black Lives Matter, y menos de dos semanas atrás, la CIA desarticuló un plan derechista de secuestrar a la Gobernadora Demócrata de Michigan debido a la respuesta del estado ante la pandemia del Coronavirus. Aunque se mantengan como eventos aislados, en un país con más de 300 millones de personas, son sin embargo emblemas de un malestar social que es parte de la crisis de legitimidad afrontada por el gobierno de los EEUU. Una crisis que no comenzó y no terminará con Donald Trump
Mientras tanto el Partido Demócrata, que tienen buenas probabilidades de ganar la elección, se prepara para recuperar la Casa Blanca y probablemente el Senado a fin de recomponer e intensificar el imperialismo americano. Un gobierno de Biden estará cargado de una continua ofensiva imperialista, imponiendo una austeridad antiobrera que los capitalistas necesitan. Mientras que mantienen el sistema judicial y los departamentos policiales intactos. Las probabilidades electorales de Biden se basan en el desvío electoral del movimiento BLM, que debido a la inacción de la burocracia sindical, no ha logrado romper los engranajes del régimen bipartidista en EE. UU.. El Partido Demócrata está cumpliendo su rol histórico: contener y cooptar a los movimientos sociales a fin de continuar gobernando para los capitalistas.
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El Partido Demócrata y Biden prometen “recuperar el alma de EE.UU.” Pero la verdad es que son tan responsables como Trump por el desastre en el que nos encontramos. Como implementadores de décadas de neoliberalismo el Partido Demócrata ayudó a sentar las bases para la crisis económica del 2008, a la cual respondieron con masivos rescates para las corporaciones y bancos, a la vez que imponen una brutal austeridad sobre las masas trabajadoras. Desde el comienzo de su campaña, Biden y su compañera de fórmula, Kamala Harris, han hecho todo lo posible para cooptar, contener y socavar el creciente entusiasmo por las ideas socialistas y el movimiento contra la brutalidad policial. Se pronunciaron contra el llamado Medicare for All, un plan para garantizar el acceso a la salud a todo aquel que lo necesite. También se opusieron al desfinanciamiento de la policía y al movimiento por la prohibición del fracking. Al fomentar a los americanos descontentos que pongan sus energías en la campaña anti-socialista y la “ley y orden” de Biden a fin de derrotar a Trump, los demócratas demuestran una vez más ser el cementerio de los movimientos sociales.
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Es claro que a pesar de sus afirmaciones ninguno de los dos partidos tiene soluciones para afrontar la combinación de crisis que amenazan al país. Como hemos discutido antes los Estados Unidos están mostrando signos de lo que el marxista italiano Antonio Gramsci llamaba “crisis orgánica” desde al menos la recesión del 2008. El fracaso del orden neoliberal, con su brutal austeridad, allanó el camino para la victoria de Donald Trump cuya administración ha contribuido desde entonces a la continuidad de la desestabilización política y económica del país. La política agresiva del presidente contra socios comerciales como China, su respuesta fallida a la pandemia del coronavirus, la destrucción de una economía que ya daba muestras de fragilidad, y la perspectiva de una recesión interminable son todas evidencias de una crisis para la cual las inminentes elecciones no ofrecen soluciones significativas. Ya sea que el Partido Demócrata recupere el senado o no, e independientemente del triunfo de Biden o Trump esta crisis no hará más que profundizarse.
La respuesta de la clase trabajadora y la izquierda a estas elecciones y como nos preparemos para las batallas por delante tendrán un efecto duradero para nuestras perspectivas bajo una presidencia de Trump o Biden. Con ese objetivo en mente es imperativo que no solo defendamos nuestros derechos democráticos, por limitados que parezcan en este momento, sino también que exijamos su expansión para la clase trabajadora. Y, fundamentalmente, debemos romper con ambos partidos del capital a fin de formar un partido independiente de la clase trabajadora en pos del socialismo.
Ningún apoyo a los partidos capitalistas e imperialistas.
Demócratas y Republicanos son partidos gemelos de un capitalismo imperialista y racista. A pesar de su retórica diferenciada, ambos son el partido que impulsaron un regimen hiper policial y el encarcelamiento masivo de minorías étnicas. Al publicarse este artículo, Joe Biden y Donald Trump disputan quien se presenta como el candidato de la ley y el orden cuando en realidad ambos lo son. Tanto democratas como republicanos reprimieron las movilizaciones de BLM, y ambos partidos gobiernan en ciudades que dejan a la policía asesinar afroamericanos y latinos con impunidad.
Ambos son partidos del capital, financiados por las grandes corporaciones cuya inversión implica siempre la devolución de favores. Los sectores de la energía y la construcción son los grandes financistas de Trump, mientras que Wall Street y el sector tecnológico favorecen a Joe Biden.
Ambos partidos son imperialistas, y este no es un detalle menor. Ambos partidos han hecho llover bombas sobre Medio Oriente. Ambos partidos son responsables por el muro en la frontera, por la separación de los niños migrantes de sus familias y la deportación de cientos de miles de personas de regreso a las peligrosas condiciones en sus países que los forzaron a emigrar en un primer lugar. Ambos partidos son responsables por las sanciones y las deudas usureras que mantienen en una toma asfixiantes a las economías del Sur Global.
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La lógica del “mal menor”, sólo lleva a que sólo prevalezca el "mal": bombas, encarcelamiento masivo, deportaciones y austeridad. Los el pueblo trabajador no debe invertir su tiempo, su apoyo o sus votos en los opresores.
Esto es cierto en grandes rasgos para todas las elecciones, inclusive esta. Sin embargo, muchos en la izquierda discuten que este es un momento excepcional, uno en el cual la democracia está en peligro por lo cual es necesario votar por Joe Biden como un voto contra Trump y por la democracia. Es un gran error, los demócratas no detendrán el ascenso de la derecha o las manipulaciones electorales de Trump. El objetivo de los demócratas es regresar a la “normalidad” que engendró a Donald Trump.
Socialistas y plataformas de independencia de clase.
Lejos de ser abstencionistas, creemos que los socialistas deben participar en elecciones a fin de popularizar las ideas socialistas y contraponer nuestro programa al de los capitalistas. Este es un momento sin precedentes de politización entre la clase trabajadora, y por ende un momento sin precedentes para que los socialistas desarrollemos la conciencia de clases. Las elecciones son un aspecto central a través del cual podemos dar esta batalla, agitando entre los trabajadores y los oprimidos. Los patrones tienen sus propios partidos y representantes, los trabajadores necesitan su propio partido en el proceso electoral. Creemos que todos los trabajadores, sumados a todos los involucrados en el movimiento por Black Lives Matter y otros movimientos por la justicia social y racial merecen una representación política independiente, que no esté dirigida por racistas disputándose la Casa Blanca. En este sentido, Left Voice apoya a los socialistas lanzándose como candidatos sobre plataformas de independencia de clase.
Para los socialistas no es sencillo participar de las elecciones debido al carácter antidemocrático del sistema norteamericano. Apoyamos el derecho a ser electos de todos los socialistas y activistas progresistas que se lancen de manera independiente, y creemos que los socialistas deben realizar esfuerzos para lograr tanto presentarse a elecciones como modificar las reglas antidemocráticas que bloquean la participación de la izquierda. Además, consideramos que deben tener acceso a los debates televisados nacionales.
El Green Party (Partido Verde), un partido policlasista, no puede hacer la parte más importante del trabajo exigido a los socialistas en un proceso electoral, resaltar el carácter de clase de los partidos y discutir que la clase trabajadora necesita su propia representación. Un partido que no sea explícita y exclusivamente un partido de la clase trabajadora, independientemente del candidato al que postulen, no puede hacer el trabajo de fomentar la ruptura de las masas con el sistema bipartidista y el carácter de clase burgués de estos partidos. No apoyamos a la candidata del Party of Socialism and Liberation (PSL - Partido del Socialismo y la Liberación), Gloria LaRiva, quien mientras se postula por el PSL en las elecciones estadounidenses, apoya políticos capitalistas en el exranjero. Es por esto que, aunque apoyamos el derecho a participar en elecciones del Green Partyy el PSL, no los apoyamos en las elecciones.
En defensa de los derechos democráticos
Si el derecho al voto está bajo ataque, el deber de los socialistas es defenderlo. Esto implica exigir que hasta el último voto sea contabilizado y que las elecciones sean decididas por la gente, no la Corte Suprema como en el 2000. Esto implica oponerse a las maniobras Republicanas para mantener a la gente alejada de las votaciones, como cerrar centros de votación en Georgia, el impuesto en Florida que se le exige a ex-convictos para poder votar, o la abismalmente insuficiente cantidad de centros de votación en Texas, que cuenta con un único centro de votación por municipalidad.
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Izquierdistas y socialistas por igual deben defender el derecho fundamental al voto. Esto implica no solo organizar trabajadores para defender los centros de votación contra las tácticas de intimidación de las milicias derechistas, sino también preparar a los trabajadores y sus organizaciones para el tipo de movilizaciones de masas y huelgas necesarios para derrotar cualquier intento de la administración de Trump de disputar el resultado electoral.
Pero la defensa de los derechos democráticos se extiende más allá de los nuevos ataques derechistas. A pesar de toda la retórica y mitología que rodea la fundación de los Estados Unidos como la primera democracia moderna, se mantiene como uno de los gobiernos menos democráticos de las naciones industrializadas. Según “Índice de democracia” los Estados Unidos son ahora una “democracia fallida” y rankea en el puesto 25 entre las naciones del mundo, quedando detrás de varios países Europeos y varios países Latinoamericanos incluyendo Costa Rica, Chile y Uruguay. Esto es en gran medida producto de que los Estados Unidos fueron fundados como una esclavocracia y que el mantenimiento de los esclavos como propiedad privada y el control de los trabajadores empobrecidos y los pequeños granjeros requería una forma restrictiva de democracia que asegurara que las élites dueñas de los esclavos, los campos y el capital siempre mantuvieran su dominio. El Colegio Electoral y el Senado son dos de los más ilustres ejemplos de esta forma limitada de democracia, tanto uno como el otro violan el principio de la igualdad política, “una persona un voto”.
Sin embargo, el método conocido como the first pas the pos para elegir al Presidente y al Congreso significa que un número significativo de Congresales e incluso el Presidente, pueden ser (y con frecuencia lo son) elegidos sin obtener una mayoría de votos, sino simplemente más que el resto de sus competidores. Esto a su vez inhibe cambios políticos significativos y lleva a un sistema bipartidario del capital en el cual los intereses de las personas trabajadoras está firmemente contenido dentro de un estrecho abanico de posibilidades.
Este ciclo electoral debería ser una oportunidad para levantar la voz contra el carácter antidemocrático de la democracia estadounidense, debería ser una oportunidad para exigir el fin del Colegio Electoral, para exigir espacio para múltiples partidos, reducir el límite de edad para votar y conquistar el día no-laboral para que todos los trabajadores puedan votar, entre muchas otras demandas.
Nuestro propio partido.
Rechazamos la idea popularizada entre sectores de la izquierda de que ganar elecciones significa “construir poder”, especialmente debido a que implica trabajar dentro de los partidos burgueses como el Partido Demócrata. La idea de que los socialistas pueden usar un partido burgués para ganar reformas específicas o ganar visibilidad simplemente oscurece las aguas de la independencia de clase y siembra ilusiones en los partidos burgueses como “vehículos de cambio”. En lugar de construir poder, socava la idea de que la clase trabajadora puede poseer sus propias soluciones a los problemas que enfrentan y fomenta la idea de que la política electoral burguesa es un motor de cambio.
Sin embargo, vemos un rol para los socialistas en las elecciones, aunque sean un terreno favorable para la burguesía, pero podemos usarlas para construir conciencia de clase y el poder de la clase trabajadora; para fortalecer las luchas obreras y los movimientos sociales; para enunciar a los demócratas y republicanos y sostener que los trabajadores necesitan su propio partido, un partido socialista que pelee contra toda forma de opresion y explotacion y defienda sin tapujos la independencia política, el antiimperialismo y el internacionalismo.
Más allá de los límites de un partido estrictamente electoral, las tareas de este partido revolucionario deberían ser efectivamente construir poder, pero de los trabajadores y oprimidos mediante la lucha de clase, la lucha callejera y también la lucha electoral. El objetivo de semejante partido no será ganar elecciones e instituir el socialismo o reformas socialistas, ya que no existe un camino electoral al socialismo. Su objetivo será construir la fuerzas obreras en perspectiva revolucionaria.
Una perspectiva revolucionaria.
No alcanza con luchar por reformas dentro del capitalismo, la explotación y la opresión que azotan a la clase trabajadora, afroamericanos, las personas lgtb, las mujeres, las personas con discapacidades, es decir, todos los oprimidos, no tendrá fin dentro de los marcos del capitalismo. El último objetivo de la construcción de un partido no es ganar votos, tener muchos miembros, o incluso resistir con más efectividad al capitalismo.
El objetivo es aplastar el sistema capitalista. No podemos reformar el fin del capitalismo, o votar un camino que nos saque de este sistema de miseria y explotación mundial. Por ende, debemos pelear por el derrocamiento del capitalismo y sus relaciones sociales opresivas. Peleamos por una democracia real, donde los trabajadores y oprimidos decidan democráticamente todos los aspectos de nuestra vida, con la producción al servicio de las necesidad humanas y el ambiente, no las ganancias de la corporaciones.
Es necesario luchar por el derrocamiento del capitalismo y todas sus opresivas relaciones sociales. Luchamos por una democracia real, de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos decidiendo democráticamente todos los aspectos de nuestra vida, con la producción al servicio de las necesidades humanas y del medio ambiente,
Publicado en Left Voice el 24 de octubre de 2020 bajo el título A Socialist Agenda for the 2020 Elections

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