Con más del 97.71% de los votos escrutados, el comediante Jimmy Morales del Frente de Convergencia Nacional (FCN) aventaja a sus adversarios. Mientras los comicios se realizaban bajo un clima de tensión, Washington felicitaba a las autoridades por promover la democracia y transparencia, reafirmando su apoyo en el combate a la corrupción.
Martes 8 de septiembre de 2015
Con el relevo de Alejandro Maldonado como presidente, luego de que la Corte de Constitucionalidad decidiera retirar la inmunidad política a Otto Pérez Molina y mandarlo a prisión preventiva, se llevaron a cabo las elecciones el pasado 6 de septiembre con un padrón electoral de 7,5 millones de guatemaltecos, para elegir presidente y vicepresidente, así como a legisladores, diputados y autoridades municipales.
En un hecho inédito para Guatemala, luego de las multitudinarias protestas que abrieron una importante crisis a la clase política en el poder, los comicios se efectuaron con un permanente ambiente de tensión y bajo el cuestionamiento directo de sectores del movimiento guatemalteco, sobre la legitimidad del régimen con sobradas muestras de antidemocracia y corrupción.
Campaña negra entre partidos políticos
Desde el arranque de los comicios circularon irregularidades en diferentes puntos de Guatemala. Aunque el Ministerio Público (MP) asignó en los centros de votación a fiscales y oficiales de monitoreo, las denuncias realizadas se dieron a conocer en su mayoría por parte de la población.
El Partido Patriota (PP) y el partido Libertad Democrática Renovada (LIDER) ocuparon sin duda las principales denuncias, que desde diferentes medios comunitarios e independientes, así como en redes sociales dieron a conocer los múltiples delitos electorales que signaron el conjunto del proceso de elecciones.
En Antigua Guatemala se registraron grupos con camiones de personas acarreadas, mientras que a integrantes del PP se les pudo comprobar mediante vídeos, el compro de voto por medio de reparto de víveres. En otros municipios denunciaron bloqueos de carreteras para impedir el paso a votantes y el uso de tinta indeleble en las urnas.
El caso de la prensa de publicación mensual “Quinto Poder”, fue repartido de manera gratuita, con un contenido de campaña negra, en donde se despotricaba contra el candidato Jimmy Morales del Frente Convergencia Nacional (FCN), que desde medio día despuntaba en las votaciones. Dicho contenido versaba sobre la relación y vínculos familiares de ese partido con el narcotráfico desde los años 90, figurando personajes como el ex ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla y la actual ministra de Gobernación, Eunice Mendizábal, entre otros funcionarios públicos actuales.
Hasta el momento el Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha dado a conocer los resultados preliminares, donde el partido FCN aún aventaja a sus adversarios.
Sin embargo, todo apunta a un próximo escenario de segunda vuelta para el 25 de octubre, en donde estarán en disputa partidos de corte derechista; El FCN con Jimmy Morales a la cabeza y contando con el apoyo del bloque duro de los militares; Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) con Sandra Torres, a la que se le ha acusado anteriormente de Fraude de Ley; y el partido Libertad Democrática Renovada (LIDER) con el magnate Manuel Baldizón, quien mantuvo una fuerte alianza con el ex mandatario Pérez Molina. Estos dos últimos partidos están aún en revisión de escrutinios para disputarse el segundo lugar.
Estados Unidos y la política del gatopardismo
En pasadas notas de La Izquierda Diario México, alertábamos sobre la necesidad política de avanzar en términos de fortalecer la autoorganización, frente a un escenario en donde los miles de trabajadores, las mujeres, campesinos y sectores de la juventud, no verían representados sus intereses y sus demandas.
Aunque las manifestaciones hicieron temblar al régimen mostrando su fuerza en las calles, esto no fue suficiente para frenar la apuesta de los empresarios, las instituciones, la propia Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), que bajo la tutela de la ONU y con las órdenes de Washington, han querido ofrecer las elecciones como una vía institucional para dirimir las demandas y necesidades del pueblo guatemalteco.
Según datos de la propia ONU, el 50% de la financiación de los partidos políticos procede de estructuras mafiosas como el narco y redes de corrupción que no quedarán resueltas llevando a prisión a un par de ex mandatarios.
La secuencia de corrupción y el saqueo de recursos no termina para el sistema político, sólo parece cambiar de nombre y apellido.
La Guatemala profunda, azotada por años de guerra, que a sangre y fuego sobrevivió a regímenes castrenses o controlados por fuerzas militares durante largas décadas, busca con las elecciones, la mejor apuesta para favorecer los intereses de las grandes trasnacionales y capital extranjero.
Los intereses de la Alianza para la Posteridad, cuyo anclaje para los países del llamado Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) busca preservar sus inversiones en la región, ha hecho que lejos de frenar la migración de centroamericanos, exista una continuidad evidente en la creciente descomposición política que provoca el capitalismo y la dominación del imperialismo estadounidense.
Hoy, queda claro qué intereses presionan al conjunto del régimen y a quiénes beneficia el resultado de las elecciones. Se encuentra todavía a debate, lo que algunos estudiosos y expertos en la realidad guatemalteca han señalado sobre la reconstitución de la democracia y sus instituciones, así como la reforma política electoral, entre otras.
Aunque este proceso aún está abierto y podemos ver de nuevo manifestaciones ocupando las calles, es verdad que esta gran fuerza de oposición social al régimen es todavía difusa y heterogénea, en donde la clase trabajadora aún no ha mostrado todo su músculo.
Con información de El País/ Prensa Libre