
Diego De Angelis @DieDeAngelis
Sábado 12 de marzo de 2016
Una piscina. Y a su alrededor, por supuesto, el jardín. Dispuesto a la perfección. El césped cuidadosamente cortado y detrás, como fondo encantador, una armoniosa distribución de plantas y arbustos, podados con precisión y, presumiblemente, con regularidad. El sol ilumina el terreno. Por allí desparramados se encuentran los juguetes de un niño. Aún en su dispersión, sin embargo, los camioncitos, cochecitos y dinosaurios conservan cierto orden que subraya el diseño de un paisaje que es, como cualquier instalación montada a conciencia, artificial, y que no persigue otra cosa que la conquista de un placer particularmente burgués: la posibilidad de disfrutar de la naturaleza, una vez reducida su condición salvaje.
El silencio del espacio se verá interrumpido de pronto por la presencia de un niño que corre entusiasmado. Tras él aparecerá una mujer, de impecable blanco, que lo instará cariñosamente a meterse en la pileta. Ante el comprensible temor del niño, ella le ofrecerá seguridad y confianza. Pero mientras resguarde su comportamiento, la mujer buscará comunicarse con su propia hija, que vive lejos, a la que casi no ve, con la que casi no habla.
La escena inaugural de Una segunda madre (Qué horas ela volta?, 2015), de Anna Muylaert, establecerá desde el comienzo un interés por la disposición del espacio. La cámara persistirá, durante el conjunto de la escena -pero también durante muchas otras-, detenida. El uso continuado de planos fijos permitirá, por un lado, la apreciación completa de distintos ambientes –el mencionado jardín, la cocina- de una casa de alto poder adquisitivo en San Pablo con pretensiones de elegancia y estilo. A su vez, como contrapartida, promoverá las condiciones necesarias para la expansión inconmensurable de Val -la protagonista del film-, una ama de casa con cama adentro, encargada no solo de limpiar, cocinar y servir la comida, sino también de cuidar al hijo de un matrimonio durante su infancia y conflictuada adolescencia. Un cuidado que implicará, principalmente, la entrega de afecto. Ella será la responsable de preservar la armonía de un hogar cuya sofisticada organización materializará cierto desapasionamiento estructural.
Sin embargo, luego de diez años sin verse, la hija de Val llegará a San Pablo para estudiar arquitectura. Su estadía en la casa provocará en la disposición doméstica un desequilibrio sostenido. Jessica es joven, suelta, inteligente y sobre todo despreocupada respecto a la obediencia de las convenciones que rigen su posición y destino social. Lucirá su irreverencia en la forma inaudita de presentarse ante el mundo: con seguridad de sí misma. Val le reprochará su genio invasor. La diferencia traerá consigo incomodidad, y en ella, el germen de una transformación silenciosa.
Ciertamente, el film de Muylaert presentará escenas con una fuerte carga de trivialidad. Escenas que remarcarán una caracterización infame de la clase propietaria. Como si en determinados momentos la directora se permitiera el trazo estereotipado, la metáfora gruesa. Durante una cena, los integrantes de la familia no mantendrán conversación alguna, observarán, ensimismados en sus propios asuntos, el celular. En otra oportunidad, cuando Jessica, durante una calurosa tarde, se arriesgue a disfrutar de la piscina, la dueña de casa llamará de inmediato al encargado de limpiarla. No obstante, la representación un tanto convencional de tales escenas no alcanzará a desafinar. Cada acontecimiento trillado provocará, por el contrario, una risa cómplice. La convencionalidad promoverá esta vez un orden apropiado para el despliegue de los movimientos de Val. Es ella aquí lo que importa.
Una segunda madre exhibirá un valor narrativo preciso: su proceder ligero.
El conflicto no desatará una crisis explosiva. Val en ningún momento pedirá explicaciones. No reaccionará con violencia, ni tendrá un súbito arranque de conciencia. El film no caerá en la tentación del drama social. Descubrirá su fuerza emotiva en otro lado. Su atención estará puesta en la expansión existencial de su protagonista. Una mujer sencilla y humilde que buscará resolver sus problemas y contradicciones –claro está: de clase y de género- de la misma forma. La película conquistará así su propia fidelidad.
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REPARTO: Regina Casé, Camila Márdila, Karine Teles, Lourenço Mutarelli, Michel Joelsas,Helena Albergaria.
FICHA TECNICA
Dirección: Anna Muylaert
Guion: Anna Muylaert
Fotografía: Bárbara Alvarez
Música: Fabio Trummer, Vitor Araújo
Año: 2015 | Brasil
TRAILER OFICIAL:

Diego De Angelis
Nació en Buenos Aires en 1983. Licenciado en Letras en la UBA, escribe sobre literatura y cine en diferentes medios. Programa y coordina el ciclo "Cine para lectores".