A muchas no nos sorprende demasiado que, a pesar de los debates habidos, todas las fuerzas políticas a la izquierda del gobierno por estos lares -que no es decir mucho- llevaran y, posiblemente, llevarán la misma pancarta el 28 de Junio, incluyendo este World Pride que, con algunas nobles excepciones, se anuncia neoliberal y hasta neoconservador.

Eduardo Nabal @eduardonabal
Lunes 5 de junio de 2017
Foto: Dean Spade
Como en el caso de los derechos de las mujeres y otros grupos ¿minoritarios? en torno a los temas LGTBQ, de pronto algunas ideologías se siguen difuminando y hasta confundiendo en sus propuestas sociopolíticas, aunque afortunadamente esto sucede cada vez menos, con la esperanza puesta en las nuevas generaciones y en la lucha en las calles. Acaso nos entristece un poco, esta inercia heteropatriarcal, esa desidia, ya cansina, en molestarse pensar “más allá” de lo esperable.
Lo que cuenta el activista y profesor Dean Spade en su libro recién traducido al castellano “Normal Life” viene a ser la verdadera historia de los movimientos de resistencia al heterosexismo y el capitalismo feroz o sutil desde los disturbios de Stonewall a la sonrisa forzada de los EEUU de Obama al salvajismo de Trump (cuyo sexismo ha despertado una extraña empatía muy bien explicada en palabras de Judith Butler).
Spade remarca que todo no se consigue con leyes o reformas puntuales ni se negocia en los parlamentos o municipios, y que incluso el autobombo del reformismo acomodaticio LGTB ha contribuido, en ocasiones, a diezmar los derechos reales y simbólicos de comunidad trans multirracial o socialmente menos favorecida.
El autor, activista trans reconocido, antirracista y ensayista sin pelos en la lengua nos acerca en su recorrido documentado a la historia dura y áspera de cómo en su país bajo una serie de concesiones-maquillaje legales y tímidos llamamientos a la “tolerancia” se sigue excluyendo de muchos derechos básicos (desde el ámbito laboral, la sanidad, la libre circulación a la seguridad jurídica) a mucha gente de otras razas y/o LGTB sin recursos ni armas suficientes para alcanzar el status real de “ciudadanía”.
Son esas mayorías marginadas que no aparecen en las series de televisión ni en los grandes bodorrios telefilmados. Es la “otra Norteamérica” de la que hablaban Sylvia Riera, Marsha Johson o el propio Spade (cuya indignación es contagiosa) y las trans latinas que sufrieron la violencia policial, el encarcelamiento o el paternalismo de asociaciones benéficas y discretas dispuestas a maquillar bajo concesiones varias las profundas brechas que existían en su sistema socioeconómico, también en su sistema de binarismos de género, contribuyendo a disfrazar atenuar las graves desigualdades y las exclusiones estructurales que condenaban a amplios sectores de la población a la pobreza y la exclusión.
Una violencia institucionalizada que toma la forma de la prisión o los centros de internamiento para extranjeras/os y que pretende maquillarse bajo pequeñas reformas legales que solo se fijan en pequeñas parcelas de representatividad y derechos formales o privilegios económicos.
Spade no rechaza estos derechos conquistados, pero si como estas microcomunidades más o menos privilegiadas invisibilizan formas más refinadas de racismo, sexismo, clasismo, transfobia y violencia institucionalizada. Una situación que amenaza con volver tanto a nivel simbólico como, si no lo impedimos, a nivel real.
Grupos de trans latinas se enfrentan aún hoy a los presidentes EEUU y a otros muchos gobiernos además de por su prepotencia imperialista porque sus políticas son políticas legalistas, de concesiones, sus gestos sociales no van a la raíz de los problemas estructurales cada vez más visibles, que pisotean muchos derechos humanos y no cuestionan casi nunca las dicotomías sexo/género, el racismo ancestral, la xenofobia, el odio a otras culturas y la guerra declarada contra los pobres, los negros, los indígenas, los indocumentados, condenados a llenar sus prisiones a hipotecar sus vidas.
“Una vida normal”, con prólogo de Lucas Platero, es el irónico título de este ensayo valiente, implacable y transgresor que, si realmente lo leyeran, escocería a muchos miembros de la comunidad LGTB conservadora o a la izquierda (también por estos lares) camino de lo institucional sobre ese sendero que abandonaron hace mucho tiempo en tantas y tantas luchas y heridas abiertas.
Luchas semiolvidadas que lo fueron por algo más que una serie derechos legalistas que no siempre resisten a los embistes del capitalismo salvaje que este año tiene su epicentro en Madrid con su flamante World Pride, que promete mucho más de lo que realmente ofrece. Porque las viejas luchas lo fueron por algo que un día se llamo revolución social, lucha en las calles o “democracia real”.

Eduardo Nabal
Nació en Burgos en 1970. Estudió Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Salamanca. Cinéfilo, periodista y escritor freelance. Es autor de un capítulo sobre el new queer cinema incluido en la recopilación de ensayos “Teoría queer” (Editorial Egales, 2005). Es colaborador de Izquierda Diario.