La Unidad Ciudadana como expresión de la nueva estrategia electoral del kirchnerismo lo acerca a la experiencia del FREPASO en los ’90. La clase media y los barones pejotistas del conurbano como sujetos de la política K.

Facundo Aguirre @facuaguirre1917
Miércoles 28 de junio de 2017
Desde sus orígenes la izquierda peronista representó una fracción pequeñoburguesa del nacionalismo burgués. Luego de que Juan Domingo Perón capitulara frente al golpe proimperialista de 1955, John William Cooke postulaba que el peronismo era el fenómeno maldito del país burgués, teniendo en cuenta que en los tiempos de la resistencia era la clase obrera el sujeto esencial que mantenía en la escena política a un movimiento proscripto.
Sin embargo, la posición de quien fuera delegado personal de Perón consistía en que los trabajadores debían subordinarse a la estrategia del Frente Nacional que unía a los burgueses y a los obreros en una política común contra el régimen de la Libertadora y el imperialismo. Aquí se puede apreciar una de las características de la política pequeñoburguesa, la falta absoluta de independencia política de la pequeñoburguesía con respecto a la burguesía y la impronta particular, "jacobina", si se quiere, es que utiliza el lenguaje revolucionario y socializante para ponerla al servicio del rescate de una dirección netamente burguesa, Perón. Así, Cooke fue el principal artífice del peronismo del Pacto de Caracas, como se conoció a fines de los ’50 al acuerdo Perón-Frondizi.
El oximorón de un peronismo socialista
Más tarde, bajo el impacto de la Revolución Cubana, Cooke planteará que el nacionalismo burgués ha muerto y predicará la transformación del peronismo en un movimiento socialista, convocando a Perón a ponerse a la cabeza de la lucha revolucionaria. Además, el legendario líder de la resistencia peronista va a plantear la necesidad de abandonar los esfuerzos de organizar a la clase obrera para recurrir a la lucha guerrillera como vía para luchar por una revolución socialista. Nuevamente se expresa la falta de independencia con respecto de la dirección política burguesa, pero también el abandono de la clase obrera como fenómeno maldito representado por el peronismo, para depositar directamente en el peronismo el carácter maldito, un peronismo a cuyo frente hay que colocar a un Perón encarnando un liderazgo revolucionario.
Las formaciones especiales
En los ’70 los Montoneros copiaron, un poco más a la derecha hay que decirlo, la idea de que la clase obrera debía subordinarse a la estrategia del Frente de Liberación Nacional que tenía a Perón como líder y que había que sustituir la organización de la clase obrera por la lucha guerrillera y más tarde por la participación directa en el gobierno de Héctor Cámpora, cuya función fue en 1973 iniciar la contención y desvío del proceso revolucionario abierto por el Cordobazo. Esta política fracasó trágicamente y el peronismo lejos de hacerse revolucionario fue la fuerza política del Pacto Social, las leyes represivas y las bandas fascistas de la Triple A lanzadas a derrotar a los tiros a la vanguardia obrera, juvenil y popular que cuestionaba con sus luchas al peronismo en el poder y al capitalismo argentino. Los Montoneros, por su parte, fueron un instrumento esencial para evitar que la radicalización de los trabajadores y la juventud que comenzó en 1969 no rompiera al peronismo. Su función fue reconducir por izquierda a la juventud pequeñoburguesa hacia la estrategia de Perón y el peronismo.
De la "patria socialista" al honestismo institucional
En los ’90, en condiciones completamente distintas al período anterior, surje de las entrañas del peronismo en oposición al menemismo, el Grupo de los 8, que más tarde se convertirá en el FREPASO liderado por Carlos Chacho Alvarez. En aquel entonces los militantes peronistas que integraban la fuerza rompen políticamente con el peronismo pero ya no para luchar por la "patria socialista" sino poniendo el eje en el honestismo institucional como forma de enfrentamiento a la política neoliberal. Los trabajadores dejan de ser parte hasta discursivamente del lenguaje y se convoca a los ciudadanos y la gente. La clase media comienza a ser el sujeto explícito de la centroizquierda progresista de los ’90. Cuando el gobierno menemista comienza a ser horadado por las rebeliones de desocupados del interior del país y el agotamiento de la política de convertibilidad, el FREPASO va a rescatar de la crisis provocada por su retirada anticipada del poder y por el Pacto de Olivos a la UCR y entronará en la Presidencia a Fernando De la Rúa. En este caso la falta de independencia de la política pequeñoburguesa llevo al FREPASO a sostener una política antipopular y quebrada que llevó a la bancarrota del país y el estallido de diciembre del 2001.
La reconstrucción del pejotismo
El kirhcnerismo llevó a cabo una política de contención y restauración de un régimen político que se encontraba deslegitimado luego de la rebelión popular del 2001. Con la construcción del relato nacional y popular, logró cooptar a movimientos y organizaciones sociales y de derechos humanos. Socialmente expresaba a una fracción pequeñoburguesa del peronismo que había sobrevivido a la dictadura enriqueciéndose con la Circular 1050 y había acompañado las privatizaciones del menemismo.
Políticamente era una dirección política cuyo eje fue la reconstrucción de una supuesta burguesía nacional, subsidios mediante, que se dedicó a fugar capitales y levantarla en pala como lo confesó alguna vez la misma Cristina Fernández de Kirchner. Nuevamente la política pequeñoburguesa de los herederos de la izquierda peronista fue rescatar, bajo el argumento de la transversalidad, una fuerza política que había llevado a cabo en los ’90 la más escandalosa entrega nacional. Los "señores feudales" del peronismo del interior y los burócratas sindicales vieron florecer el poder de la llamada "mazorca" de los barones del conurbano bonaerense, nuevo sujeto articulador del peronismo "nac and pop" del kirchnerismo. Este modelo político se agotó entre ajustes antiobreros, pagos de la deuda externa al Club de París, entrega del petróleo a la Chevron, defensa del colaborador de los genocidas César Milani y represión a los trabajadores en la Panamericana. En su retirada vimos cómo la política pequeñoburguesa sirvió como base de la fortuna personal de numerosos funcionarios y dirigentes cuyo emblema son los bolsos arrojados al interior de un convento por José López.
Duranbarbismo maldito
La Unidad Ciudadana que impulsa la candidatura a senadora de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner intenta rescatar el modelo kirchnerista pero aggiornado a los nuevos tiempos. En ese sentido retoma una de las características del FREPASO y se presenta como una nueva construcción política de centroizquierda superadora del pejotismo. Su discurso y su estética va dirigido a la clase media y a la burguesía baja afectada por el macrismo. Sin embargo, la composición de sus listas mecha personajes progresistas con representantes de los intereses particulares de los barones del conurbano bonaerense. Su objetivo es conquistar el voto de la clase media desencantada con el macrismo y con Sergio Massa. Unidad Ciudadana abandona los tópicos clásicos del peronismo, del pueblo, de los trabajadores (como columna vertebral, eso sí) y de la "liberación", para centrarse en los problemas de la gente y los ciudadanos. Pero más allá de los esfuerzos de maquillaje se les "escapa la tortuga" y su cabeza de lista de diputados nacionales, Fernanda Vallejos, insiste en defender al ex ucedeista y vicepresidente del ultimo gobierno kirchnerista, Amado Boudou como si fuera una carmelita descalza victima de una persecución oligárquica.
El kirchnerismo suele autorepresentarse como " fenómeno maldito" pero en lugar de apelar a las huelgas y los caños de los comandos de la resistencia en los ’50 lo hace recurriendo al marketing del duranbarbismo y al aparato territorial del pejotismo del conurbano. En su discurso antimacrista clasemediero CFK vuelve a apelar a una de las banderas centrales del peronismo: la conciliación entre las clases, la unidad con quien considera traidores, la defensa de un capitalismo nacional y popular.
Un neofrepasismo al servicio de la reconstrucción de un peronismo de tintes progres, que nada tiene para ofrecer a la clase trabajadora, las mujeres y la juventud.

Facundo Aguirre
Militante del PTS, colaborador de La Izquierda Diario. Co-autor junto a Ruth Werner de Insurgencia obrera en Argentina 1969/1976 sobre el proceso de lucha de clases y política de la clase obrera en el período setentista. Autor de numerosos artículos y polémicas sobre la revolución cubana, el guevarismo, el peronismo y otros tantos temas políticos e históricos.