Le Havre es el corazón de la huelga en Francia contra el gobierno de Hollande. Entrevistamos a Sarah, quien viajó junto a estudiantes de París para vivir una intensa jornada de lucha de clases.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Martes 7 de junio de 2016
El 26 de mayo a la madrugada un grupo de estudiantes parisinos, repartidos en dos coches, recorrían casi 200 kilómetros por la carretera hasta Le Havre, ciudad marítima del noroeste de Francia. Un camino que los llevaba a la “capital de la huelga” de la clase obrera francesa, donde los portuarios son protagonistas.
Sarah es activista en Ciencias Políticas de la universidad de París 8 y nos cuenta con emoción cómo surgió la idea del viaje: “En Paris las universidades están cerradas por el fin de curso, pero todos los estudiantes que se han movilizado estos meses están buscando la manera de continuar con la movilización y apoyar las huelgas de los trabajadores. Por eso impulsamos este viaje a Le Havre, que es una ciudad muy obrera, que es la capital de la huelga.”
Con el objetivo en mente de buscar la coordinación entre diferentes ciudades, entre los diferentes sectores en lucha, entre los estudiantes y los trabajadores, los estudiantes parisinos discutieron en una asamblea la necesidad de acercarse hasta la ciudad del norte de Francia.
“Justo en ese momento había desabastecimiento de combustible, por la huelga de las refinerías, así que se hizo complicado, pero -Sarah se ríe- era una buena complicación”. La delegación la formaban 9 estudiantes de diferentes universidades y un integrante de la comisión Huelga General de Nuit Debout, con la idea de actuar de forma coordinada.
“Salimos de París y llegamos para participar a las 5 am de la reunión unitaria de todos los sectores en lucha de Le Havre, que tenían un punto de encuentro en una Plaza para debatir los pasos a seguir durante la jornada. Nosotros nos sumamos y seguimos durante todo el día a los trabajadores en lucha, en las diferentes actividades”, recuerda Sarah.
Una ciudad conmovida por la huelga
Le Havre es una ciudad que impacta a los que la visitan por primera vez. Completamente destruida por bombardeos durante la segunda guerra mundial, fue reconstruida íntegramente, encargándose al arquitecto Auguste Perret la edificación del centro de la ciudad, declarado hace una década patrimonio mundial de la humanidad. La ciudad alberga el segundo puerto más grande de Francia, muy cerca del puente de Normandía. Gobernada durante tres décadas por el aggiornado Partido Comunista francés, mantiene una profunda tradición obrera que se reinventa en estos días de huelgas y movilizaciones.
“Al comenzar la jornada fuimos con los trabajadores a bloquear el puente de Normandía, que es un puente enorme con mucho tráfico de coches y transportes, ya que allí se encuentra el puerto. Lo que fue muy interesante es que en ese bloqueo había muchos trabajadores de diferentes sectores: los refineros, los trabajadores de la salud, la juventud de Le Havre, trabajadores de una fábrica de tabaco y muchos otros. Los portuarios en ese mismo momento se encontraban bloqueando el puerto.”
Sarah asegura que lo más impactante era la naturalidad con que se daba esa confluencia entre diferentes sectores. “En París por ahora esto no ha llegado a ese nivel”, explica. “En París está la huelga de los carteros, la huelga de los ferroviarios y otras, pero no hay aún muchas situaciones donde se encuentren trabajadores de diferentes sectores que estén todos juntos discutiendo qué hacer durante una jornada de lucha.”
La fuerza de la clase obrera
La manifestación ese día comenzó con la llegada de diferentes sectores de trabajadores y jóvenes, pero todos estaban esperando que arribara la columna de los “dockers”, los trabajadores portuarios.
“Fue una gran sensación, fue algo muy fuerte. Llegaron todos con sus pecheras rojas de la CGT, tocando los tambores, marchando organizados en una gran columna obrera. Algo que nos impresionó es que los portuarios venían lanzando bombas de estruendo a su paso, pero alrededor no había ningún policía. Y a nosotros que veníamos de parís nos sorprendía, decíamos: ‘¿Qué pasa acá?’, porque en París en las manifestaciones la policía está en todos lados.” Sarah agrega que la fuerza y la organización de los portuarios en gran parte impide que la policía actúe como lo hace en París.
El momento más emotivo iba a llegar poco después. Cuando la manifestación alcanzó la plaza central frente al Hotel de Ville, pasó algo inesperado. Un integrante de la CGT les pasó el micrófono para que tomaran la palabra frente a decenas de miles de portuarios, refineros y trabajadores de todos los sectores.
“Para mí, esto ocurrió así porque en Le Havre, pero también de otros lugares en Francia, existe una voluntad de coordinarse, de conocer qué pasa en las otras ciudades. Hay una sensibilidad en la clase obrera francesa que considera importante que esté presente la juventud, los estudiantes y que es importante que se haga esa coordinación. Existe esa sensibilidad y creo que es por eso que nos dieron el micrófono allí en Le Havre para que hablemos, una intervención que fue muy aclamada.”
“Después de eso, los trabajadores nos invitaron a una asamblea general interprofesional [de coordinación de los diferentes sectores] de la ciudad, donde hubo unas 150 personas que debatían cómo seguir la huelga y cómo avanzar en la coordinación.”
La jornada terminó con el intercambio de teléfonos para mantener la coordinación y el regreso a París para transmitir la experiencia al resto de los estudiantes.
“Fue muy emocionante. Lo que dije en el video es lo que sentí: la fuerza de la clase obrera. Nosotros somos estudiantes, podemos ir a manifestaciones, ocupar, gritar, pero realmente la fuerza de los trabajadores en huelga es impresionante. En las universidades hay una discusión teórica, los que sostienen que la clase obrera está muerta, que las huelgas no sirven ya para nada. Y tenemos un contra ejemplo, una gran prueba de que ese discurso es falso.
La alegría de estar todos juntos
Mientras conversamos con Sarah este martes 7 de junio, en París el movimiento continúa: las huelgas de los ferroviarios llevan ya una semana y en cada estación de tren hay asambleas generales de los ferroviarios. En distintos lugares han surgido comités de huelga para organizarse.
Los estudiantes de Paris 8 están cerca de un centro de reparación de maquinarias de los ferroviarios y acompañan a los trabajadores más activos en sus acciones: fueron a una refinería la semana anterior, y ayudan a organizar una caja de resistencia para sostener la lucha. Han participado juntos, obreros y estudiantes, en varias manifestaciones de trenes, en bloqueos de las vías y movilizaciones. Están en huelga también los trabajadores del subte, los trabajadores de la basura y se encuentran bloqueados dos depósitos de basura en los suburbios de París, algo que puede ser muy peligros para el gobierno a pocos días de la Eurocopa. Este viernes se suman los pilotos de avión de Air France.
El gobierno responde al movimiento con amenazas, con una campaña de acusaciones y con mucha represión. “Estos días se están haciendo los juicios contra muchos activistas, todos los días hay un juicio y todos los días hay un compañero o una compañera que corre el riesgo de ir a prisión.”
Pero el movimiento no se frena: los ferroviarios, los trabajadores del subte, los pilotos, trabajadores de la basura, los estudiantes, todos hablan del inicio de la Eurocopa, y está idea de aguarle la fiesta al gobierno.
Es que el miedo del gobierno es la alegría de los manifestantes. Casi al terminar la entrevista, Sarah comparte lo que sintió esa misma mañana, participando de una acción unitaria con los ferroviarios:
“Lo más impactante era el sentimiento de alegría que se vivía por estar todos juntos, porque había trabajadores de diferentes estaciones, que no se conocían entre ellos, y estaban en una misma acción todos juntos, algo muy fuerte. Un sentimiento de que estamos juntos, somos muchos y vamos a ganar.”

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.