Nos dicen que debemos ajustarnos el cinturón y esperar que pase la tormenta. Que no hay otra alternativa. Pero sí la hay: que sean los grandes empresarios los que paguen los costos de esta crisis. Si permitimos que nosotros paguemos los platos rotos, nuestras condiciones de vida empeorarán con la crisis económica. Los empresarios seguirán igual de ricos y nosotros más pobres que antes.
Viernes 10 de abril de 2020
Los mismos que se enriquecieron destruyendo la salud pública, saqueando los recursos naturales, las pensiones y quitándonos los derechos laborales, hoy quieren que la crisis sanitaria y económica recaiga sobre los y las trabajadoras. Los mismos que se beneficiaron con los “30 años” de herencia de la dictadura y que nos reprimieron durante la rebelión popular, hoy quieren que seamos carne de cañón frente a la pandemia.
Nos dicen que debemos ajustarnos el cinturón y esperar que pase la tormenta. Pero el gobierno ha desembolsado miles de millones de dólares para salvar a las empresas, mientras que a nosotros nos dejan sin sueldo, permiten los despidos, dan bonos miserables con los que nadie puede vivir y nos obligan a ir a trabajar sin seguridad alguna. Los datos hablan por sí solos: el último anuncio económico de Piñera significa dar créditos a las empresas por 24 mil millones de dólares y apenas 2 mil millones de dólares para 2,6 millones de personas.
Dicen que no hay alternativa. Pero sí la hay: que sean los grandes empresarios los que paguen los costos de esta crisis. Sólo para hacernos una idea: la fortuna personal de la familia Luksic bordea el monto total del plan fiscal del gobierno. Ni qué hablar de los millones que se llevan las multinacionales con nuestros recursos.
Por eso planteamos un programa de emergencia para enfrentar la crisis sanitaria y económica. Cese inmediato de los trabajos no esenciales sin rebaja de sueldo. Prohibición de despidos. Ingreso garantizado a los jubilados, cesantes y trabajadores independientes de $ 500.000 pesos. Insumos para la salud y protección total a los trabajadores que hoy están en la primera línea. Intervención y nacionalización del sistema privado de salud ahora y que toda empresa que pueda producir insumos para enfrentar la pandemia debe pasar a ser declarada estratégica y reconvertida bajo control de las y los trabajadores.
Es urgente, porque si permitimos que nosotros paguemos los platos rotos, nuestras condiciones de vida empeorarán con la crisis económica. Si no lo enfrentamos hoy, al final de la pandemia ellos seguirán igual de ricos y nosotros más pobres que antes. Es por esto que la pasividad de la CUT es simplemente criminal. Es la misma política que llevó al PC a votar junto a la derecha leyes como la de “destrucción del empleo” del gobierno.
Hoy el capitalismo se muestra de cuerpo entero como un sistema irracional que organiza la sociedad en función de las ganancias millonarias de unos pocos y no las necesidades sociales de la mayoría. Esa es la razón por la que hoy los sistemas de salud colapsan en todo el mundo, porque prevenir simplemente no era rentable.
Los capitalistas ahora piden que el Estado rescate a sus empresas. Es inaceptable. Debemos partir por nacionalizar las empresas que quiebren sin pago a los accionistas, como también los principales recursos estratégicos y las grandes empresas, muchas de las que hoy están en manos extranjeras. Las empresas deben ser controladas por las y los trabajadores para poder planificar la economía en función de las necesidades sociales de toda la población: hoy para combatir el virus, mañana para el beneficio de toda la sociedad.
Para ello tendremos que vencer la resistencia de los empresarios y luchar por un gobierno de las y los trabajadores, pero organizándonos y luchando, podemos lograrlo y avanzar hacia una sociedad sin explotación ni opresión.