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Jalisco. Van calandrieros a huelga de hambre: Alfaro los condiciona para trabajar

El alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, ha condicionado a calandrieros a aceptar sus términos para poder trabajar.

Jueves 7 de diciembre de 2017

FOTO: Proceso

La resolución de cambiar calandrias tiradas por caballos a vehículos motorizados del alcalde Enrique Alfaro ha sido cuestionada por varios sectores.

Por un lado, la tradición que éstas representan para la ciudad y su historia, y por otro, por el excesivo gasto que se destinaría para la construcción de calandrias motorizadas, además del daño que ocasionarían al ambiente.

La condición que pretende imponer Alfaro es que los calandrieros acepten cambiar sus calandrias de caballos por los vehículos motorizados y que estos puedan ser pagados a crédito. Pero su valor asciende a casi medio millón de pesos: para un calandriero es imposible pagar el costo de los vehículos.

Es por ello que Victor Arenas, Silverio Gutiérrez Valdivia y Martín Hernández Arévalo esperan afuera de palacio municipal, encadenados de manera simbólica, una respuesta favorable a sus demandas.

Por una ciudad para los trabajadores

Es evidente que a Alfaro le preocupa la opinión pública y que el resolutivo busca mejorar su imagen al presentarse como defensor de los animales. Sin embargo, el uso de estos animales y otros casos responde a la precariedad a la que estamos sometidos los trabajadores de la urbe.

Los salarios y la pauperización son un caldo de cultivo para estas situaciones donde diferentes especies de animales se vuelven mercancía (tanto ilegal o legal) y así forma de sustento para algunos, porque en la realidad son sectores pobres y desprotegidos los que suelen recurrir a este modus vivendi.

Recordemos que fue Alfaro quien resolvió remover a los trabajadores ambulantes del centro de la ciudad, usando a fuerzas antimotines. Una resolución completamente reaccionaria, como si se pudiera ocultar la pobreza y borrarla del paisaje.

De igual manera, sin expresarlo abiertamente, Alfaro pretende ocultar las necesidades de los trabajadores, la precarización y las diversas contradicciones que conlleva.

Alfaro podrá decir que vivimos en democracia, pero los trabajadores seguimos sin poder tomar participación del rumbo de nuestra ciudad.