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Red Internacional
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NEUQUÉN. Vecinos de Centenario denuncian violento desalojo y piden por viviendas

Unas 40 familias fueron golpeadas brutalmente por la Policía de Neuquén. Destruyeron y quemaron sus precarias viviendas con maquinas del Municipio de Centenario. Hubo 23 detenidos.

Viernes 19 de mayo de 2017

Vecinos que hace cuatro meses, ante la desesperante situación de no tener vivienda propia, decidieron ocupar tierras fiscales en un sector de la denominada “segunda meseta” de la ciudad de Centenario, fueron desalojados brutalmente por la policía. Allí, más de 40 familias, entre jóvenes parejas con sus hijos chiquitos, ancianos y mujeres madres solteras, instalaron a pulmón casillas con paneles de madera, nylon y cuanto material pudieron juntar con tanto esfuerzo. Entre ellos, la gran mayoría son jóvenes con trabajos precarios y otros tanto sobreviven con apenas una asignación familiar.

Desde que se instalaron, los “rondines” de los móviles policiales eran habituales, al igual que vehículos de la Dirección de Tierras del municipio local. Muchos de estos jóvenes están anotados hace más de cuatro años en Tierras para que les otorguen un terreno, pero nunca han tenido una respuesta.

El día jueves 4 de mayo, mientras el gobernador Gutiérrez del MPN y el intendente Esteban Cimolai del PJ-FpV, junto a concejales de ambas fuerzas, recorrían la ciudad inaugurando obras (aún en ejecución) y sonriendo para las cámaras, a unas cuantas cuadras de allí se planificaba el desalojo de familias centenarienses que, a pesar de los discursos de prosperidad de los políticos patronales, aun no tienen su vivienda propia.

Corrían las 15 hs de ese jueves 4/5, cuando se presenta Gabriel Bernardo y se identifica como Topógrafo de la municipalidad acompañado del Comisario Catalán de comisaría 5° de Centenario con máquinas topadoras y camiones. Estos funcionarios le transmiten que deben desalojar ya que había una orden de desalojo de un fiscal. Luego de una discusión, entre vecinos y funcionarios, éstos últimos deciden retirarse con la promesa de no desalojar, dándoles un plazo de cinco días. Milca, una de las mujeres que se encontraba con sus hijos y nietos, nos cuenta que “nos dijeron que como era una toma pacífica, de gente pacífica, se nos iba a dar tiempo hasta el lunes para que nosotros nos acercáramos a Tierras el lunes a la mañana, y que cada familia regularizara su situación, dado que a hacía cuatro meses que estábamos allí. Le preguntamos qué seguridad nos daba de eso, y nos respondió que para nuestra tranquilidad iban a retirar los camiones y las máquinas, y que no tengamos miedo por nosotros ni nuestras cosas. Que nos iba hacer un listado de cada familia, de cuántos integrantes éramos y, hasta se tomó el trabajo de preguntarnos si alguno tenía problemas de salud. Se transformó en una charla amena; de hecho se comprometió a tener el listado listo para cuando fuéramos el lunes siguiente”. Luego de esta negociación a la que llegaron, se retiraron tanto los funcionarios como la maquinaria y la policía.

Las familias pensaron que por fin iban a poder empezar a realizar los trámites para poder tener su terreno y edificar allí sus viviendas. Pero no fue así, “a eso de las 19 (ya entrando la noche) se empieza a escuchar un movimiento, y nosotros que estábamos en la última casilla donde tenían las cosas mis hijos, vimos que había demasiado alboroto para el lado de la punta donde comenzaba el asentamiento, y entran a llegar máquinas, camiones, policías, pero esta vez eran como doscientos policías con escudos, armas largas y camionetas grandes”, nos dice Milca.
Los vecinos denuncian que la policía avanzó sobre las casillas y las personas desoyendo el pedido de parar y el constante reclamo de que los funcionarios habían dado su palabra de no desalojar y empezar los trámites para regularizar a los vecinos. La policía respondió que tenían una orden de ‘más arriba’, que lo que dijo el comisario Catalán ya no valía y que tenían que desalojar.

“Fueron más de 30 minutos de una verdadera pesadilla”

Los vecinos denunciaron que el accionar de la policía y las máquinas fue con gran alevosía y violencia: “lamentablemente esta es una realidad, y fueron más de 30 minutos de una verdadera pesadilla que no terminaba nunca, porque entraron a caminar, a andar las máquinas llevándose todo a su paso. Una total desesperación de la gente a defender algo que nos había costado, porque cada madera te costaba un peso”. “No se veía nada, más que el fuego que pudimos encender algunos vecinos, era total oscuridad en medio de la meseta, ya que no teníamos iluminación. La gente tenía que salir como podía de sus casillas, con sus hijos, porque las máquinas no paraban, atropellaban con la policía al lado, era de terror. Las casillas caían con las familias al lado y con los niños en llanto, se caían las paredes. Pasaban una y otra vez por encima de lo ya derrumbado, la intención era moler cada panel o pared que habíamos levantado con tanto esfuerzo, cosa que no la pudieras volver a levantar.”

“Cuando las máquinas y la policía llegan a la casilla de mi hijo, que estaba con su familia adentro, él sale e intenta detenerlos, y se les para enfrente con la bandera de Argentina a los agentes; pero lo insultan, lo escupen, lo golpean y le dicen ‘rajá de acá porque te llevamos puesto con máquina y todo, si querés, anda y denunciame, a ver a quién le van a creer de los dos´, le dijo un agente. O sea, nosotros no teníamos nada, ¿quién nos iba a creer que un policía iba hacer y decir eso?”
La represión siguió adelante con la mirada de lejos, y rodeado de policías, del funcionario municipal de apellido Bernardo, según cuentan los vecinos desalojados.

Pero el calvario de estas familias no terminó allí. Milca sigue su relato y nos dice que “a las madres las esposaban o las tenían tomadas de un brazo mientras que con el otro sostenían a bebés de apenas unos meses de edad entre llantos y forcejeos. En un momento a una mamá de unos 17 años le hacían tanta fuerza que se le terminó cayendo la criatura al piso y yo volví desesperada porque la nena quedó tirada en el piso, en el medio de la oscuridad donde sólo se veían las luces de las camionetas y el fuego, mientras se llevaban a su mamá detenida. En medio de que decidimos empezar a retirarnos, mi hijo grita que el comisario dé la cara, íbamos de espaldas a ellos y de repente siento que nos atropellan y lo tiran a él al piso, azotando su cara contra la tierra. Mi hijo ha tenido antecedentes de una enfermedad en su cabeza, una macrocefálea; por eso al verlo que lo esposan en el piso y lo golpean entre varios, yo me tiro encima de él para cubrirlo con mi cuerpo, porque veo que le tiran una patada que iba directo a la cabeza. Recibí golpes por todos lados, me agarran de los pelos y me sacan, me arrastran unos metros, me pegaban rodillazos para que no me volviera a parar, pero logro zafar y vuelvo a abrazar a mi hijo para que no lo sigan golpeando en su cabeza. En ese momento me toman del cuello, me levantan en el aire y caigo, me dejaron tirada ahí y veo que se llevan a mi esposo y a mi nuera detenidos en medio de golpes. Fue una lucha permanente, por eso no se pudieron llevar a todos, pero se llevaron detenidos a 23 personas a Neuquén, todas en una misma camioneta. Allí los pasearon por todo Neuquén, no los querían llevar a la guardia del hospital, hicieron que los revisara el médico de la policía. Cuando el médico les preguntaban si los habían golpeado, algunos respondían que sí y otros que no, por miedo. Mi marido dijo que sí, y al salir le vuelven a pegar mientras le decían ‘así que vos sos bocón’, él le pedía que no le pegaran en las piernas porque tiene problemas de hernia y se está haciendo estudios, pero se burlaban y le seguían pegando. A mi hijo le hacían lo mismo mientras le tomaban las huellas dactilares: se burlaban de su trabajo y lo golpeaban, le decían “así que vos sos el verguita que está todo el día con la bandera”, porque trabaja en la obra de alumbrado público. Él les respondía que al menos tenía un trabajo digno, y le seguían pegando. Todo esto terminó como a las tres de la mañana cuando los soltaron a todos”.

Al volver al lugar, tratando de ver si podían recuperar algo de lo que la policía y las maquinas habían destruido, ven que los efectivos que estaban apostados allí estaban prendiendo fuego las maderas y materiales que habían quedado. “En forma de burla nos decían que se iban a hacer un asadito con la madera y se sacaban fotos en grupo al lado del fuego como si fuera un trofeo”, comenta muy afligida Milca rodeada de toda su familia y vecinos que quedaron sin nada.

Milca vive junto a su familia en una humilde casa del Barrio Nuevo, que en sus comienzos fue una “toma”, como lo han sido todos los barrios en Centenario debido a la falta de planificación de los distintos gobiernos municipales. Hoy, allí son más de 13 personas conviviendo entre mayores y jóvenes con sus pequeñas criaturas. Deben organizarse en tres turnos para almorzar y cenar, comparten un mismo baño y deben dormir hacinados. En el patio y la vereda tienen todas las maderas que lograron salvar del fuego y de las máquinas del gobierno municipal y de la policía provincial.

La única respuesta que tuvieron del Estado fue el engaño y la represión. Así como estas familias cuentan hoy su padecer, en Centenario y en toda la provincia de Neuquén, son miles quienes deben recurrir a construirse precarias viviendas en zonas peligrosas y alejadas de los servicios esenciales como la luz, el gas y el agua. Está por comenzar el invierno y toda esta situación se agudiza, pero los políticos patronales de los distintos colores están más enfocados en la campaña electoral venidera, y quizás, como siempre lo es, se acerquen a los barrios para buscar el voto, pero para olvidarse después del pueblo trabajador al que aún no le llegan los beneficios de la “revolución de la alegría”, ni de la “resistencia con aguante”, y menos que menos del tan anunciado “boom de Vaca Muerta”, siendo que se anunciaba a Centenario como “el portal” a ese “gran desarrollo”. Todavía mastican la bronca y la amargura de perderlo todo mientras el gobernador Gutiérrez y el intendente Cimolai sonreían juntos a tan solo unas cuadras.

Finalmente nos quedamos con la reflexión de Milca que nos dice: “estamos muy tristes por los golpes que recibimos sin haber hecho nada, solamente defender un hogar, por defender los nenes, por defender algo que todo argentino merece, porque no puede ser que hay personas que tienen dos o tres terrenos, los venden, se acomodan los de adentro, los familiares de los directores de tierra, los familiares del intendente, vos ves que tienen casa, tres o cuatro lotes. O sea la tierra acá llega hasta el Lago Mari Menuco, espacio hay. Esto era una barda, sucia, mugrienta, donde nosotros llegamos era tierra de nadie, porque si vos me dijeras que el intendente quería hacer algo, y hubiera habido un cartel, nadie se hubiera metido, pero era un basural. Las cosas que logramos salvar, algunas son de mis hijos y otras son de chicos que quedaron en la nada, que quedaron en la calle y habiendo vivido cuatro meses juntos, ya los conoces y no haces más que solidarizarte con el que quedo en la calle, porque son chicos jóvenes, que tienen la misma edad de mi hijo. Cuatro meses…y hoy no tienen nada, pero hoy estamos juntos y la vamos a seguir peleando, eso te lo puedo asegurar, porque no puede ser que la gente de adentro tenga varios terrenos y otros chicos estén en la calle. Sé que hay gente que te critica y gente que te apoya. La que te critica es porque no ha sufrido esta situación.

Seguramente este no es el medio para tener un terreno pero entonces que te lo den, que los funcionarios no se tomen cuatro o cinco lotes para vender, que se hagan responsables, que manden una asistente social, hacer el trabajo que tienen que hacer, visitar a la gente, no dormir atrás de un escritorio tomando café, no acomodar a sus familiares, que se dediquen a hacer el trabajo que tienen que hacer. Hay mucha gente que está en la calle y vive de prestado, un alquiler te sale arriba de los 4000 pesos con un mes de depósito. Los chicos cobrando un salario universal, ¿qué pueden hacer? Si ya se les hizo difícil conseguir la madera para hacer la casilla, imagínate para un alquiler. Yo no solo por mis hijos sino porque como la situación de ellos hay muchos y ojalá se pudiera organizar y hacer una marcha con toda la gente que está en esta situación”