El escenerio cada vez se pone más denso en Venezuela, donde importantes manifestaciones alentadas por la derecha de la MUD vienen tomando fuerza. La negativa de diversos países frente a la situación, como también la ofensiva reaccionaria en la OEA vienen colocando contra la pared al gobierno de Nicolás Maduro.
E.E. Vergara Valparaíso, Chile
Jueves 6 de abril de 2017
El escenario se complejiza cada vez más en Venezuela, donde luego de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) decidiera disolver la Asamblea Nacional por un par de días, una reacción en cadena derechista ha venido sacudiendo al país últimamente.
Es así como tras haber rectifiado el primer fallo que suspendía al poder legislativo de sus funciones, asumiendo sus facultades, diversos referentes de la MUD hicieron sentir su malestar, llamando a una movilización realizada durante la jornada de ayer, que terminó con enfrentamientos entre los manifestantes con la policía, y con una serie de detenidos.
El objetivo de la movilización llevada a cabo por la derecha, ha sido buscar la destitución de los magistrados pertenecientes al TSJ a quienes acusan de haber efectuado un Golpe de Estado, mediante la resolución de la semana pasada.
Ante las manifestaciones, el gobierno ha actuado con acciones antipopulares como el bloqueo de acceso a ciudades y el cierre de estaciones del subte.
Consecuencias en la OEA
El accionar del gobierno de Maduro durante estos días, ha significado el pronunciamiento de diversos países latinoamericanos, en los cuales se ha instalado de manera importante la derecha, como ha sido el caso de Argentina con el empresario multimillonario Mauricio Macri, su par Pedro Pablo Kuczynski en Perù, o el presidente de Brasil Michel Temer, quien tras el golpe institucional a la ex presidenta Rousseff, asumió las riendas del gobierno con una política anti obrera y popular.
Esto ha significado un dolor de cabeza para el gobierno de Nicolás Maduro y la herencia Chavista, que sumado a la importante crisis que golpea a la industria petroliífera, se ha sobrevenido en un estallido en el conflicto entre las clases sociales, llevando a la polarización de la población.
Tomando esta debilidad, es que hoy se sortea el destino de Venezuela, incluso más allá de sus fronteras nacionales, donde la petición de la carta democrática interamericana, que suspende al país de su participación de la Organización de Estados Americanos (OEA), comienza a instalarse por un sector importante.
Cabe señalar que a la remoción del embajador de Perú en Venezuela hace unos días, se suma la el llamado a consulta al embajador chileno en Venezuela Pedro Ramírez, donde ya ha manifestado el canciller que este no volverá por un tiempo. Esto deja en claro que el conflicto e intereses diplomáticos con el Estado venezolano, tiene para un buen rato.
Ni el giro bonapartista del gobierno, ni el oportunismo derechista son una opción para el pueblo trabajador
Sin embargo, a la crisis que hoy vive Venezuela, con un claro giro bonapartista que fortalece las medidas represivas y antipopulares, como son los estados de excepción, el bloqueo de ciudades o aumentar las atribuciones de las fuerzas represivas del Estado, la derecha aprovecha la situación para instalar una ofensiva apoyada en una política neoliberal de transición, apoyados por la injerencia imperialista. Esto en ninguna medida es una salida para los cientos de miles de trabajadores, jóvenes y mujeres que comienzan a reaccionar ante la crisis, sino por el contrario el sometimiento a una política que busca instalar la democracia burguesa que está en manos de los poderosos.
Es por tanto que se hace necesaria la construcción de un plan obrero de emergencia, junto con una Asamblea Constituyente, Libre y Soberana, donde la mayoría de la población, compuesta por los trabajadores y los sectores populares, decida sobre los grandes problemas estructurales del país, como la nacionalización del petróleo bajo control obrero contra los planes privatistas y la lucha contra la injerencia imperialista.