En una entrevista reciente el canciller mexicano, Luis Videgaray, aseguró que de no llegar a un acuerdo, la cooperación en materia de seguridad y migración necesariamente se vería afectada.
Martes 14 de noviembre de 2017

Como si con el gobierno de Peña Nieto, abiertamente servil a Estados Unidos, pudiera haber algún margen para romper la subordinación en materia de seguridad, Videgaray habló de la posible “afectación” que podría tener esta subordinación hacia la potencia del norte si no se llega a un acuerdo “satisfactorio” para todas las partes.
“Es bueno cooperar con EE UU en seguridad, migración y otros asuntos, pero es un hecho de la vida y una realidad política que un mal resultado en el TLC tendrá impacto sobre esto”, estas fueron las palabras de Luis Videgaray, en la reciente entrevista que dio a Bloomberg en Vietnam, donde ha asistido a la cumbre del Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés).
Estas palabras, que la prensa internacional leyó como una suerte de “advertencia”, se dan a menos de una semana de que comience la quinta ronda de negociaciones del tratado. Todo apunta a que esta quinta ronda será bastante complicada dada la actitud de intransigencia con las propuestas que ha defendido la administración Trump y que han sido calificadas como “inaceptables” tanto por Canadá como por México.
Videgaray hace un “bluf” para contrarrestar a Trump y sus voceros
Mientras las negociaciones pasan por sus momentos más críticos, al punto que distintos analistas hablan de que el tratado “pende de un hilo”, el canciller mexicano intenta aparecer con una postura más “dura” ante los medios.
Claramente es una pantalla, donde el mismo personaje que invitara a Trump durante su campaña, no busca de ninguna manera confrontar al empresario racista que hoy gobierna Estados Unidos. Los acuerdos en materia de “seguridad” no dependen del TLCAN y son bastante profundos como para ser afectados por las negociaciones de este tratado.
La Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) y otros acuerdos “estratégicos” son mecanismos de subordinación profundos que atan a México en la política de seguridad nacional para defender los intereses estadounidenses. La propia guerra contra el narcotráfico iniciada por Calderón y continuada por Peña Nieto es directamente una política impulsada desde la Casa Blanca y no se va a echar para atrás a pesar de que el TLCAN se cancelara.
Más aún, a pesar de que el gobierno de Trump mantiene en su agenda como una prioridad la construcción del muro en la frontera y está llevando a cabo medidas repudiables como la deportación de los llamados “dreamers”, el gobierno mexicano se ha limitado a “lamentar” estas políticas y hablar de que en México se “recibirán” a los deportados.
Videgaray miente al decir que la “cooperación” en el tema de migración sería afectado si no se logra un acuerdo con el TLCAN, pues esa supuesta cooperación no es sino el agachar la cabeza a lo que el imperialismo estadounidense defina.
Se viene una complicada negociación
Agustín Carstens famoso por ser un ortodoxo en la política económica, es decir mantenerse claramente del lado del gran capital en la política que defiende, está por retirarse de la administración del Banco de México el próximo 30 de noviembre. Para él el proceso “desfavorable” de negociación del TLCAN trae consigo que se arrastre a la moneda nacional, el peso, y una reacción adversa de los mercados al proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos.
Es decir que, para este tecnócrata neoliberal, existe una fuerte incertidumbre que necesariamente va a afectar el funcionamiento de la economía mexicana. Esto ya está ocurriendo pues con la creciente incertidumbre en torno al TLCAN se ha provocado una severa depreciación del peso frente al dólar tras unos meses en los que la moneda mexicana había recuperado cierto terreno con la moneda estadounidense.
En este marco, el gobierno mexicano busca llegar a la quinta ronda de negociaciones -a realizarse entre el 17 y el 21 de noviembre en la Ciudad de México- con una posición de fuerza, mientras que en las últimas semanas, las autoridades estadounidenses han señalado que no permanecerán en la mesa de diálogo “a cualquier precio”, pues Trump sigue insistiendo en que el tratado ha sido "injusto" para su país y que solo México y Canadá se han beneficiado del mismo.
Las discrepancias en la negociación (o modernización como gustan llamar los analistas burgueses), se centran, principalmente en tres propuestas estadounidenses: el incremento del contenido regional –el porcentaje de insumos mínimo producido en uno de los tres países– y la fijación de un mínimo nacional en la industria automotriz, la que más intercambios comerciales genera en Norteamérica (y la rama más dinámica de la economía mexicana); así el fin automático del tratado a cinco años vista si las tres partes implicadas no acuerdan antes lo contrario.
Las contradicciones en la economía capitalista muchas veces llevan a “choques” entre los intereses de las burguesías de países periféricos y las burguesías imperialistas, los gobiernos intentan llegar a acuerdos que les convengan a los capitalistas y evitar así choques mayores que puedan después traducirse en problemas y conflictos sociales. La negociación del TLCAN en marcha es justamente una expresión de la crisis del modelo neoliberal. Nada bueno pueden esperar las mayorías trabajadoras de esta negociación.