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Presidenciales. Video | Francia va a elecciones en un clima de apatía y abstención ¿Qué esperar?

Francia celebra elecciones presidenciales este domingo con la abstención, apatía, falta de debate y la crisis de los partidos tradicionales como ejes excluyentes. El estancamiento de Macron, el crecimiento de una extrema derecha fragmentada y la debilidad de la izquierda. Desde Toulouse, Francia, informa Julien Anchaing, editor de Révolution Permanente, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario.

Viernes 8 de abril de 2022 09:21

Francia va a elecciones presidenciales en un clima de apatía y abstención ¿Qué esperar? - YouTube

Video informe desde Francia. Julien Anchaing, editor de Révolution Permanente, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario, cuenta la situación previa a las elecciones del domingo, cruzadas por una fuerte apatía y abstencionismo (que crece entre los jóvenes). El estancamiento de Macron, el crecimiento de una extrema derecha fragmentada y la debilidad de la izquierda, que pueden marcar un próximo mandato cruzado por la crisis y agitación social.

Una elección monótona, marcada por la abstención

Hace cinco años, Emmanuel Macron fue elegido presidente sobre la base de la división o debilitamiento de los partidos y tras la sucesiva eliminación de sus principales adversarios, socavados por repetidos escándalos. Los periodistas de Le Monde llegaron a comparar la campaña con una película de Tarantino. Este año, la monotonía parece imponerse en una "no campaña" sin precedentes.

Campaña “rara”, en la que “no pasa nada”, […] “encefalograma plano”, que anima a “no seguir nada más” “con sorpresa, decepción, desilusión y un toque de fatalismo”, comenta el sitio Mediapart en este sentido . Los canales de televisión no se equivocan, además: los productores y otros dueños de canales cancelaron la cobertura de las elecciones presidenciales en la noche de la primera vuelta.

¿Cómo explicar semejante dinámica? En primer lugar, en un contexto coyuntural, la elección de Emmanuel Macron de rechazar cualquier debate, y los formatos de programa bizarros a los que dio lugar esta situación, no ayudaron a crear una dinámica en torno a la campaña, que a veces puede parecer "jugada de antemano". Esta situación es en sí misma inseparable de la guerra de Ucrania, que chocó contra el lanzamiento de la campaña y ofreció un puesto de privilegio al presidente, tras dos años marcados por la crisis sanitaria. Finalmente, la brecha no ha hecho más que agrandarse entre los temas racistas y de seguridad que todo un sector de los candidatos ha querido poner en el centro de la campaña y las preocupaciones de gran parte de la población, centradas en el poder adquisitivo.

Sin embargo, la crisis tiene raíces más profundas, en la ruptura en los últimos años del bipartidismo que durante años aplicaron políticas neoliberales alternando gobiernos conservadores y de la socialdemocracia (PS), que ha resultado en una crisis de régimen no resuelta. Este es el criterio para entender las tendencias electorales, como el nivel esperado de abstención.

2022: Macron encabeza, la ultraderecha a más del 30% y Mélenchon al frente por la izquierda

La política antisocial del expresidente François Hollande y la irrupción de Emmanuel Macron en el escenario político nacional a partir de 2016 precipitaron el derrumbe del bipartidismo. Esto sigue siendo sorprendente en las elecciones. Pese a mantener sus posiciones durante las elecciones autonómicas, el Partido Socialista (PS) parece estar en una fase terminal con su candidata Anne Hidalgo, obteniendo entre el 1% y el 3% de las intenciones de voto en los sondeos, mostrando su decadencia desde la última vez que ese partido gobernó, con la presidencia de Hollande. Del lado de los Republicanos, la esperanza suscitada por la unificación de la derecha tradicional detrás de la candidatura de Valérie Pécresse se derrumbó rápidamente, y la derecha ya ha perdido toda esperanza de llegar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. El debate sobre su futuro político agita a las dos fuerzas a la espera de la sentencia del 10 de abril de 2022.

A falta de un competidor creíble en la derecha, Emmanuel Macron lidera la carrera con casi el 30 % de las intenciones de voto. El actual presidente ha sabido utilizar la guerra de Ucrania y la crisis por el coronavirus para situarse en el centro del juego, intentando aplastar el debate y dictar la agenda política. Como señala, el economista y sociólogo, Stefano Palombarini, después de haber sido elegido por un "bloque burgués" que reúne a " las clases burguesas antes vinculadas a la derecha y a la izquierda" y "parte de las clases medias seducidas por las promesas de un avance social posible gracias a la perspectiva de “modernización” del capitalismo francés”, se recompuso su base social, convirtiéndose en un “bloque de derecha”. Queda marcada por su estrechez, y la incapacidad del proyecto de "guerra social" de Macron para aglutinar a sectores de las clases trabajadoras .

Frente a Emmanuel Macron, aparece con importancia el porcentaje que podría obtener la extrema derecha es otro de los marcadores centrales de la elección, con un tercio de las intenciones de voto acumuladas para sus tres candidatos. Estos últimos aprovechan el giro autoritario, securitario y racista iniciado por el gobierno desde el verano de 2020. Esta constituye una respuesta a dinámicas de lucha de clases, expresadas en el movimiento de los Chalecos Amarillos o las movilizaciones antirracistas de junio de 2020, y tiene un carácter preventivo, con las clases dominantes preparando sus tropas para futuros movimientos sociales.

En este contexto reaccionario la candidata de Agrupación Nacional, Marine Le Pen (hija del fundador del agrupamiento de extrema derecha Frente Nacional), aparece como la rival favorita con alrededor del 21% de las intenciones de voto. Si el fenómeno de la candidatura del periodista racista e islamofóbico Eric Zemmour (candidato de Reconquista) capturó a parte de su electorado aprovechando la crisis abierta tras las elecciones autonómicas y las contradicciones del intento por "desdemonizar" a la Agrupación Nacional (buscando despegarla del pasado de extrema derecha), su escalada racista contribuyó a suavizar la imagen de Marine Le Pen.

Zemmour ha mantenido una estrategia de dirigirse con sus discurso reaccionario hacia las clases populares insistiendo en las últimas semanas sobre la cuestión del "poder adquisitivo", con esa demagogia busca ocultar la verdadera identidad de su proyecto, neoliberal en el fondo. En este último plano, Marine Le Pen ha buscado "credibilidad" multiplicando las señales a los empresarios: compromisos sobre la devolución de la deuda pública, abandono de la salida del euro e incluso, más recientemente, de jubilación a los 60 años.

Finalmente, del lado de la izquierda institucional y de la extrema izquierda, la debilidad general (alrededor del 27% de las intenciones de voto acumuladas) atestigua una incapacidad para dialogar con demandas políticas más radicales que se expresan desde 2017, y de manera ininterrumpida, en la calle. El movimiento de los Chalecos Amarillos, la huelga contra la reforma de las pensiones y las movilizaciones feministas, antirracistas y ecologistas no han encontrado ninguna salida política real. Los proyectos más alejados de estas aspiraciones -el neoliberalismo verde de Europa Ecología Los Verdes (EELV) y la candidatura chauvinista del Partido Comunista (PCF) que acompañaron el giro reaccionario del régimen, así como el intento fallido de unir a la izquierda en torno a la exministra de Justicia Christiane Taubira- terminaron colapsando. Por su parte, los dos candidatos de extrema izquierda adolecen de cierta rutina y la imposibilidad de expresarse en los debates.

A la cabeza de la izquierda aparece Jean-Luc Mélenchon solo capitaliza parcialmente esta dinámica. El candidato de la Unión Popular va muy por delante, con entre el 15 y el 17% de las intenciones de voto, se mantiene por debajo de su nivel de 2017 en las encuestas del mismo periodo, aunque el umbral para pasar a la 2ª vuelta sea más bajo este año con la candidatura de Zemmour. En este contexto, los que apoyan la candidatura de Mélenchon quieren creer que una cierta dinámica de “voto útil” puede asentarse a favor. Sin embargo, el candidato de Unión Popular podría sufrir el hecho de que una tendencia de “voto útil” beneficie a sus oponentes de derecha (en particular, Marine Le Pen), y que, a pesar de su deseo de movilizar a las clases trabajadoras y la juventud, debería estar centralmente preocupado por lo que es la última característica de la elección: un nivel de abstención que promete no tener precedentes.

Una abstención que alimenta el miedo de las clases dominantes a la lucha de clases que se avecina

A pocos días de la primera vuelta, en las urnas el abstencionismo sigue avanzando. Brice Teinturier, encuestador (Ipsos), imagina dos escenarios. “O en los últimos diez días, como en 2017, sube la movilización y podemos esperar en ese momento una abstención contenida, diremos 25%, o realmente estamos en otro patrón, y ahí sí que podemos estar en la zona del 28 o 30 por ciento de abstención”. Con el precedente de elecciones autonómicas donde se había subestimado el nivel de abstención (dos tercios de los votantes al final), los encuestadores advierten sobre interpretaciones demasiado apresuradas y evitan declaraciones definitivas, pero la mayoría coincide en hablar de una abstención potencialmente histórica.

Esto afecta primero a la juventud y los trabajadores, beneficiando a Macron y desfavoreciendo a la izquierda y la extrema derecha. Como señala el sociólogo Vincent Tiberj, la abstención “beneficiará al candidato que se dirija a los votantes más consistentes. (…) Entonces sería bastante favorable a Valérie Pécresse, luego a Éric Zemmour y, probablemente, a Emmanuel Macron. Este último, además, tiene la gran ventaja de atraer a la Francia que le está yendo bien, que tiene todos los motivos para ir a votar”.

En el contexto de esta "extraña" elección presidencial, algunos no ocultan cierta preocupación por esta perspectiva. Hace unas semanas, el presidente del Senado y figura histórica de Los Republicanos, Gérard Larcher, advirtió sobre el riesgo de "crisis de legitimidad" a las que podría enfrentarse un segundo mandato de Macron, si se saltara las elecciones presidenciales. “Hay que tener cuidado, ya estamos a cinco semanas y media de que vence el plazo de la primera vuelta, si no hay debate, si no hay informe, no hay proyecto, imagínate el presidente de la República reelegido, pues será en una forma de omisión del debate democrático, con riesgo de legitimidad durante el mandato”, explicó en Europa 1 .

Cécile Cornudet, columnista del periódico económico Les Echos comenta “es en momentos de indiferencia política cuando pueden ocurrir accidentes democráticos. Es en la calle donde se asienta el enfado cuando la política ya no es un regulador”. Mientras que Marc Lazar apunta al hecho de que “[Macron es] odiado por la izquierda, por la derecha y por las clases trabajadoras”. Si fuera reelegido sin un debate real sobre cuestiones económicas y sociales, la situación postelectoral podría ser "muy problemática", un peligro en el que insiste el Financial Times .

Al igual que el colapso de los partidos del régimen y el debilitamiento de los organismos intermedios, la abstención es de hecho la expresión de una crisis de hegemonía y de la capacidad del régimen para organizar el consentimiento. Su corolario es la radicalidad de las luchas y la dificultad de controlarlas. Con la guerra de Ucrania, la subida de precios y las reformas exigidas por las clases dominantes, empezando por la de las pensiones, estos elementos anuncian un futuro quinquenal potencialmente explosivo. Si las elecciones están marcadas por un predominio de las fuerzas políticas reaccionarias en el terreno político, la calle podría recuperar rápidamente sus derechos.

Ante esta vitalidad potencial de la lucha de clases que podría marcar el próximo quinquenio, urge prepararse para las luchas que vienen y construir un bloque de resistencia capaz de enfrentar la coyuntura que se avecina, sea cual sea el desenlace de la elección. Esto implica la independencia del régimen, el rechazo absoluto a participar en el más mínimo intento de frente republicano en apoyo a Macron, pero también una batalla contra las ilusiones puestas en una victoria electoral que sustituya a la autoorganización y las luchas por venir. En este sentido, llamamos a apoyar las candidaturas de extrema izquierda que, a pesar de sus límites, encierran una voluntad de transformación social desde abajo y una lucha intransigente contra la patronal.