Si tuviese que definir qué siento cada vez que un estudiante secundario me cuenta que se va a convertir en policía diría que es como una puñalada en el pecho, pero cuando me justifican la decisión porque no tienen dinero para estudiar y ahí les pagan, el dolor es más profundo.
Martes 23 de junio de 2015
Mi alumno se llama Juan, es buen estudiante, sus notas son altas y su conducta impecable, tanto como estudiante como compañero. Le pregunte el otro día que pensaba hacer cuando termine el secundario: “Gendarme” me respondió. ¿Porque? le pregunté, tus notas son buenas, podrías entran a la facultad de una. “Si, ya se” me dijo, “pero mi viejo no tiene un mango, es albañil y trabaja en negro, somos tres hermanos y si puedo entrar ahí ya no voy a ser una carga económica para mi familia”. Es viernes, todos los chicos piensan a donde van a salir, Juan me cuenta que se va a su casa, trabaja en la cochera armando veladores, una changa que consiguió por ahí.
Cristina es otra chica que piensa unirse a las fuerzas de seguridad (FF.SS) se incorporó a mitad de año, me contó que casi deja la escuela por trabajo, consiguió laburo en la administración de un lavadero de autos en Liniers, su padre las abandonó a ella y a su madre. Tiene la beca “Progresar”, pero los 900 pesos no le alcanzan así que tuvo que salir a buscar por otro lado. “Me voy a meter en la Federal” por qué le pregunto, si vivís en provincia “es que no quiero trabajar en el barrio donde todos me conocen”. Es joven, pero no tonta, sabe a qué se dedica la Policía y como la ven en la barriadas.
Romina es simpática, a veces no hace la tarea, pero siempre participa en la clase, me sorprendió un poco cuando me dijo que va a engrosar las filas de la Policía Comunal, pero la explicación que me dio fue concreta: “me pagan $3500 de beca mientras hago el curso y cuando termine ganó casi $10.000, si estudio derecho con suerte me dan $2000 y mi familia no tiene plata para bancarme la carrera”.
Uno más uno es dos, ya sea en la China o en lo más profundo de la provincia de Buenos Aires. Los jóvenes pobres no pueden estudiar, pero si entrar en la Policía. Esa es la salida laboral que el motonauta Daniel Scioli maquiavélicamente pensó pensó para desengrosar las filas de los miles de jóvenes ni-ni del conurbano. El presupuesto del 2015 fue un aumento del 28% para Educación y Salud. Desarrollo social un 31%, muy por debajo de la inflación, aunque por el contrario se aumenta más de un 66% a las fuerzas de seguridad no hay que ser muy nac&pop para reconocer cual es el proyecto de este candidato.
Los jóvenes sin recursos tienen tres opciones frente al futuro: trabajar precarizados (engrosando la estadística del 32,8% que actualmente tiene el país) convertirse en un ni-ni (blanco preferido de la Bonaerense) o entrar a la Policía y ver hasta dónde aguantas.
Myriam Bregman (candidata a vicepresidente por el PTS en el FIT) cuando visitó la UNLaM (donde funciona una sede descentralizada de la Policía) el año pasado se pronunció al respecto “que así como los futuros policías cobran una beca de $3500, ese dinero debería destinarse para entregarle becas a todo aquel que la necesite para estudiar lo que desee, y así no tener que verse obligados a unirse a esa institución”. En estas elecciones donde los principales candidatos a presidente (Scioli-Macri-Massa) compiten para ver quién es más ajustador y amigo de las patronales, el FIT tiene el desafío de dar pelea ganando bancas para los trabajadores como en Mendoza, donde con la elección de Noelia Barbeito se hace patente la emergencia de una fuerza de miles de jóvenes, de trabajadores, de mujeres, una fuerza social de los explotados y oprimidos que levanta cabeza y ve al Frente de Izquierda como su alternativa política.