Tras 40 años de vigencia, estos días se celebran en todo el Estado las pruebas de la que puede ser la última selectividad. Esta será sustituida por la antigua revalida franquista.

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza
Miércoles 8 de junio de 2016
Facultades llenas, bibliotecas y salas de estudio a rebosar, cientos de caras nerviosas y ojerizas, repaso de última hora a los apuntes. Estas son las imágenes habituales, para estas fechas, en todas las universidades españolas. El motivo es la celebración la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), conocida como Selectividad, que están realizando más de 400.00 estudiantes.
Son 3 días en los que los alumnos/as que ha superado 2º de Bachillerato se juegan su futuro académico. Aunque el porcentaje de aprobados de la misma llega hasta el 96 %, la dificultad reside en la temida nota de “corte o acceso” para entrar en la carrera universitaria deseada. Ésta es un 60%, la nota media del Bachillerato y un 40%, la media de Selectividad. Puede llegar en algunas carreras como Medicina o Fisioterapia a más de un 12, sobre 14 puntos.
Este año puede ser la última vez que se realice esta prueba. La misma fue implantada a finales en 1976, para sustituir a la temida revalida de final de bachillerato que se realizaba durante la dictadura franquista. 40 años después el curso que viene podemos volver al pasado, y cambiar, de nuevo, selectividad por revalida Esto no nos debe extrañar lo mas mínimo, teniendo en cuenta que el gobierno, que impulsa este cambio y la ley que lo incluye, la LOMCE, está dirigido por el Partido Popular, partido heredero político directo del franquismo. Los estudiantes, como entonces, tendrán un mayor número de asignaturas obligatorias y nuevas vías para subir nota.
Aprobar esta reválida no solo será una condición imprescindible para poder ir a la universidad, como hasta ahora. También lo sera para obtener la titulación de los estudios cursados. Sin embargó, el calvario y maratón de pruebas para los alumnos/as no acaba aquí. La LOMCE contempla que cada universidad podrá establecer sus propios mecanismos de selección de alumnos. Es decir, que es muy probable que los alumnos que superen el examen tengan que someterse a otra prueba para poder acceder al campus que seleccionen. Con esto, se rompe el criterio general actual en el que un alumno con la nota final, puede optar a entrar en cualquier carrera de cualquier universidad del país. Siempre que llegue a la nota de corte y acceso a la misma. Además, claro, de la traba económica. Con la subida espectacular de todos los grados y masteres universitarios, en algunas casos llegando a triplicarse, y que ha expulsado e impedido el acceso a decenas de miles.
A partir del curso que viene con estos cambios, los estudiantes tendrán que ir a la facultad, o universidad a la que quieran ingresar, haciendo las pruebas específicas que estas determinen.
Ni Selectividad, ni Revalida. Por una universidad al servicio de los hijos de los trabajadores
Aunque el actual sistema es mejor que los cambios previstos, este sigue siendo un sistema injusto y eliminatorio. Es totalmente innecesario que los estudiantes que han conseguido, con gran esfuerzo y sacrificio, un título como el de bachillerato, se “jueguen” todo su futuro en 3 días “infernales” de exámenes, nervios y estrés. Un mal día en uno de ellos, y el esfuerzo de todos los años anteriores no sirve para nada.
Esta traba académica que suponen las notas de corte o acceso para acceder a las carreras universitarias debe desparecer. Se deben garantizar los medios públicos para que cualquier estudiante pueda cursar la carrera que desee.
La privatización y elitización de la universidad, impulsada por el Plan Bolonia, unidas a las trabas académicas, hace que gran parte de los hijos de la clase trabajadora no puedan acceder a estos estudios superiores. Con esto, la Universidad se está convirtiendo en la “escuela” de las elites burguesas y empresariales.
Para conseguir esta Universidad pública, laica, gratuita, de calidad y democrática por la que peleamos, solo es posible desde la movilización y organización social y política. Solo con una lucha así, que imponga un modelo de sociedad dirigido y al servicio de la clase trabajadora, podremos conseguir este objetivo.