Populismo de derecha y progresismo de centroizquierda miden fuerzas en este inicio de campaña hacia 2024 mientras el PRI se deshoja, una margarita reseca después de comandar la aplicación de los planes neoliberales a fines de la década de 1980 ordenados desde Washington.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Sábado 8 de julio de 2023

Amanecimos el lunes 3 de julio con el destape de la panista Xóchitl Gálvez como candidata presidencial del Frente Amplio por México, durante la conferencia matutina de López Obrador. Le valió al presidente ser “nombrado” como jefe de campaña de la hidalguense por medios como El Financiero.
“Están inflando a la señora Xóchitl y es querer engañar. Ellos suponen que, si nació en un pueblo, va a tener el apoyo del pueblo, pero en realidad es parte de ellos, no del pueblo; ella forma parte de los conservadores” afirmó AMLO en esa oportunidad.
Todo inició también en una conferencia matutina, en la cual el presidente habría atribuido una declaración a Xóchitl Gálvez, quien solicitó su derecho de réplica en el mismo espacio, pero le fue negado. El caso llegó a tribunales, y aunque un juzgado de distrito amparó a la panista, el decimotercer tribunal colegiado en materia civil, de Ciudad de México, admitió la impugnación de presidencia. Tan mal no le fue a López Obrador con el poder judicial en esta ocasión.
Desde entonces, los medios alineados con el PRI y el PAN ladrillo a ladrillo apuntalan la figura de la derecha a ver si logran terminar con la orfandad de personalidades de los partidos patronales tradicionales. Esto, sumado a la obsesión de López Obrador que tiene una nueva encarnación de la “mafia del poder” para señalar como enemiga del pueblo, ha dado aire a la figura de la hidalguense.
Claro, ella de aspirar a contender por la jefatura de la ciudad pasó a apuntarse entre los presidenciables de la derecha, como Santiago Creel del PAN, Enrique de la Madrid hijo, Beatriz Paredes, ambos del PRI y Francisco García Cabeza de Vaca, panista ex gobernador de Tamaulipas. Entre los ciegos el tuerto es rey dice el refrán.
Mientras entre los presidenciables del Morena -Sheinbaum, Ebrard, López, Monreal, Noroña, Velasco- ninguno brilla, Gálvez se construye demagógicamente como una mujer de origen indígena que se hizo desde abajo y dice haber estado vinculada a la izquierda.
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Sin embargo, la panista no necesariamente será aceptada por los empresarios alineados con el PRI y el PAN ni por la cúpula de la Iglesia Católica: es mujer, ventila su historia familiar y las alusiones a su pasado izquierdista les cae mal.
Así y todo, Gálvez subió la apuesta: reivindica los planes sociales del gobierno de López Obrador (aunque los considera insuficientes) pero cuestiona la política energética, postulándose como abanderada del “capitalismo verde” y denuncia la falta de medicamentos, empieza a esbozar su proyecto de país.
En su trayectoria en la función pública, como jefa delegacional de Miguel Hidalgo en Ciudad de México, se la vinculó con escándalos de corrupción de constructoras e inmobiliarias.
Y aunque presuma su llaneza al expresarse y su “cultura de lucharle, de emprenderle”, busca ser la candidata de los partidos que aplicaron los planes neoliberales -que costaron la expoliación de bienes comunes, la precarización laboral y la privatización de la mayoría de las empresas paraestatales- y de quienes inauguraron la militarización, cuyas nefastas consecuencias aún se sienten en el gobierno de López Obrador, continuador del despliegue de uniformados y artífice de la recomposición del ejército y la marina.
A pesar de la irrupción de la mediática Gálvez en el Frente Unido por México, la renuncia de Osorio Chong, Claudia Ruiz Massieu y otras figuras del PRI fue una nueva muestra de la crisis del tricolor. Es parte del costo de haber surgido como nacionalismo burgués y terminar como entreguista de México durante la ofensiva neoliberal.
Discurso y realidad
López Obrador mantiene su popularidad gracias al despliegue de los planes sociales y los aumentos al salario mínimo, entre otras medidas, y su retórica progresista. Amplios sectores populares tienen expectativas en su gobierno y en la continuidad de la 4T.
Pero los planes sociales no terminan con la pobreza estructural y con los estragos que causó la inflación -hoy aparentemente contenida- en el poder adquisitivo de la clase trabajadora y los sectores populares.
La militarización -que busca ser presentada por la presidencia y los intelectuales a su servicio como “socialización” del ejército- mantiene la violencia y fenómenos reaccionarios como las ejecuciones, las desapariciones y los desplazamientos forzados y los feminicidios. Esta estrategia de seguridad ordenada desde el imperialismo estadounidense está al servicio de la ola del nearshoring y los intereses de las trasnacionales ávidas de la riqueza de México y de la precarización laboral -mantenida por el gobierno actual- que tanto rinde a sus ganancias.
En estos tiempos electorales de largo aliento, la pretendida oposición entre la “defensa de la democracia” por parte de ex consejeros del INE, por el poder judicial, empresarios como Claudio X. González y los partidos patronales tradicionales y el “autoritarismo” de López Obrador esconde que ambos se postulan como los mejores administradores de los grandes negocios capitalistas.
Tanto el PRI, el PAN y el PRD como el Morena son partidarios de mantener la proscripción para las organizaciones obreras y de izquierda para participar en los comicios. Más allá de las diatribas de López Obrador contra el Instituto Nacional Electoral, el carácter antidemocrático del régimen político mexicano se mantiene -como se ve la represión y el persecución contra las comunidades y defensores que cuestionan los megaproyectos del gobierno- y es otro elemento de continuidad. Los obstáculos para registrar candidaturas independientes se mantienen.
Y es algo que a las organizaciones de izquierda, como al Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas, y a las y los de abajo debe ocuparnos porque es necesario poner en pie una alternativa independiente del gobierno y de los partidos patronales que expresa en los próximos comicios la voz de los trabajadores, las mujeres y la juventud. Forjar una alternativa revolucionaria, socialista, internacionalista y antiimperialista es nuestro desafío.