En este artículo hacemos algunas consideraciones sobre los idas y vueltas alrededor del caso Vicentin. Ilusiones, decepciones, y alternativas posibles. ¿Al Gobierno no le quedaba otra que retroceder?
Miércoles 24 de junio de 2020 00:12
Mar Ned - Enfoque Rojo
Ilusiones
Imaginen estas fotos por separado: un empresario paseando en su yate tomando champagne en medio de la cuarentena; banderazos en varios puntos del país en defensa del empresario y “la propiedad” en medio del pico de contagios por el coronavirus; un presidente que anuncia una expropiación, intervención, salvataje, rescate, “propuesta superadora”, para la cuarta empresa exportadora de granos del país, todo en menos de una semana; un juez de pueblo y un gobernador, del mismo partido que el presidente, presionan para llegar a un acuerdo conveniente para el empresario del yate.
Si le damos la compleja tarea de unir las imágenes a un director de cine, tal vez tenga que empezar por el hilo que las atraviesa: un negocio multimillonario que ordena la estructura económica de un país dependiente del agronegocio; una empresa clave en el rubro que estafó a medio mundo desde la época de la dictadura, y que hoy le debe fortunas al Estado. Y agregamos: un gobierno que administra ese Estado que surgió al calor de ese modelo productivo, que no está dispuesto a transformarlo y que ladró más de lo que iba a morder.
Es que la “mística” que creó el gobierno alrededor de la supuesta expropiación de Vicentín (proyecto que nunca pisó el Congreso), ilusionó a quienes lo veían como un ataque a los grandes intereses empresariales, envalentonó a los que imaginan la hoz y el martillo detrás de cada acción estatal, y puso a negociar a los poderes reales de Argentina: el gran empresariado, los gobernadores del PJ, los fondos buitres que aprovechan para subir las tasas de interés de la deuda, etc.
No nos interesa aquí polemizar con la derecha defensora de la propiedad. Si estás leyendo esto y simpatizas con el banderazo estás en el lugar equivocado. Pero sí queremos abrir un diálogo con aquellos que genuinamente confiaron y se vieron decepcionados estos días cuando el proyecto del gobernador Perotti, tomado por Alberto Fernández, desbarató la intención expropiadora. Varios argumentaron que “la derecha siempre gana”, que “no se puede hacer nada contra los empresarios”, o que había que “aguantar los trapos” contra la ofensiva de la derecha. Vamos por partes.
Los Perotti, ¿solo sapos?
Durante la campaña electoral del año pasado, muchos de los que apoyaron al Frente de Todos, para “que se vaya Macri”, consideraban que era necesario “tragarse algunos sapos”, como incorporar a derechistas y sojeros como Perotti en sus listas, para “sacar a la derecha”. El argumento era que, en última instancia, era mejor “pelear desde adentro” que hacerlo con independencia de aquellos personajes.
La realidad de estos meses de gobierno es que la pelea “desde adentro” la vienen ganando por goleada “los sapos”: Capitanich reprimiendo a los Qom, Berni militarizando los barrios, Perotti defendiendo los intereses de Vicentin. ¿Pero es verdaderamente una lucha interna? Si vemos las grandes decisiones tomadas por el ejecutivo controlado por Alberto y Cristina no vemos una agenda progresiva: reducción de jubilaciones, acuerdos con la UIA y la CGT para rebajar salarios, negociación con los fondos buitres, subsidios a CEOs y empresas multinacionales, reivindicación del ejército en las calles. ¿Estos son los trapos que llama a bancar críticamente Grabois, contra la derecha? ¿No es una agenda que más que oponer al progresismo a la derecha, la envalentona? En definitiva, si no es en las elecciones; si cuando se trata de atacar a la derecha al mismo tiempo "hay que bancar los trapos"; si cuestionar a Alberto es "hacerle el juego a la derecha". Entonces, ¿en qué momento se da la "pelea desde adentro"?
Lo mismo con la Justicia: ¿Por qué la “épica” de lucha contra la justicia, es desbaratada por un juez (que, a la vez que decía que no podía expedirse por la inconstitucionalidad del decreto, sí restituyó a los directivos de la empresa y bajó a los interventores a la calidad de veedores), cuando en realidad el ejecutivo puede decretar la expropiación? Todo en el marco de un gobierno que viene de ganar con el 47% de los votos, y que cuenta con alta aprobación. Es decir que la “relación de fuerzas” estaría en un buen momento.
Cuando desde el FIT hablamos de independencia política, nos referimos a enfrentar a la derecha pero no con estos personajes y esa agenda. Nos referimos por ejemplo a tomarle el guante a los trabajadores de Vicentin o al sindicato de Aceiteros, que se posicionaron a favor de la expropiación. Por eso en nuestro proyecto sostuvimos que la expropiación sin pago (ni un peso para esos canallas!) iba de la mano del control obrero. Allí hay fuerzas reales para avanzar.
No es un problema de proporciones
En los últimos días, la propuesta del gobernador Perotti, tomada por Alberto Fernández como “superadora”, fue que el gobierno entre como accionista de una parte de la empresa, la correspondiente a la deuda de la misma con el Estado. Así, se iría a una empresa “mixta”. Es decir, lejos de la idea de “soberanía alimentaria” y de “controlar el mercado de divisas”, el gobierno ahora se conforma con recibir algo de lo que le prestó a los empresarios estafadores de Vicentin.
Lo cierto es que esos grandes objetivos planteados, no son una cuestión “negociable”. Son puntos nodales que hacen al atraso y la dependencia de nuestro país. Son los lazos que unen al agro negocio con los grandes capitales financieros internacionales que especulan con los precios de los alimentos mientras la gente se muere de hambre. Es meterse con los que saquean los recursos naturales devastando la naturaleza. Por eso aunque el Estado se convierta en accionista, no es posible reducir un porcentaje de la dependencia del país, ni apuntar a producir una "porción" en forma ecológica.
Atacar esos intereses hasta el final requiere de salidas radicales que implican ir contra los principales 4000 terratenientes que controlan el mercado en nuestro país. Nada más ni nada menos que contra la propiedad privada. Y aunque algunos no salgan a hacer banderazos, Alberto ya dejó en claro que no le avergüenza defender al capitalismo, y que no está dispuesto a ir contra estos intereses.
Por eso no se trata de un problema de “imposibilidad” de avanzar frente a “los grandes intereses”. La posibilidad de avanzar contra esos grandes intereses se consigue apelando a quienes pueden tener un interés en enfrentarlos: los trabajadores de la empresa, los trabajadores agrícolas, los movimientos ecologistas, etc. Negociando con los Perotti nunca se va a conseguir una correlación de fuerzas favorable porque son los representantes del agronegocio en el poder. El Gobierno de Fernández no está buscando construir esa correlación de fuerzas para expropiar Vicentín, sino que quiere una solución pragmática, que afecte lo menor posible, o nada, los intereses de quienes estafaron al Estado.
Por nuestra parte, desde la izquierda, apostamos a una expropiación sin pago, gestionada por las y los trabajadores, que ponga a esta empresa al servicio de las grandes mayorías, articulado con un plan integral que apunte a la nacionalización del comercio exterior y una salida obrera a la crisis.
En algunas de las notas de este dossier intentamos reflejar el aspecto estructural de este problema y por qué ni la burguesía ni sus políticos lo pueden resolver.
¿Qué hacer?
No es cierto que no se pueda enfrentar a la derecha y a los grandes empresarios. El verano pasado (parece que hubieran pasado mil años), el pueblo de Mendoza salió a las calles contra la megaminería y el lobby parlamentario garantizado por la UCR y el PJ provincial. No se enfrentaron solo a una de las empresas mineras más grandes del mundo, sino también a todo el poder político: desde Cambiemos hasta el propio Alberto Fernández defendían el extractivismo voraz por sus “beneficios económicos” (¿Para quién?). Y finalmente triunfaron. Lograron frenar la ley que garantizaba la contaminación de los ríos con cianuro.
La fortaleza de ese triunfo se basó tanto en la movilización popular como en la capacidad de articular a distintos sectores (trabajadores, estudiantes, movimientos ecologistas) y sobre todo en tener independencia del poder político que los llamaba, desde ambos lados de la grieta, a desmovilizarse.
Creemos que esta perspectiva es la única que puede hacer realidad la voluntad de expropiar a empresas como Vicentin, ponerla al servicio de las necesidades populares (clave en momentos de crisis como el actual), y combatir el agronegocio con todas sus implicancias económicas y ecológicas. La articulación entre las demandas populares, como lo son la reducción de los precios de los alimentos, las ecológicas y el rol clave de la clase obrera en los resortes de la economía (como los trabajadores agrícolas, los aceiteros y todos los vinculados a la exportación), es la única perspectiva realista para atacar estos intereses.
Esta nota es parte del número 8 de Ideas desde la Universidad