Un nuevo decreto prohibirá las charangas y restringirá la música callejera en la ciudad de Zaragoza. Una restricción más a la cultura y el derecho a divertirse, que se suma al mantenimiento de la ordenanza cívica y la UAPO.
Nerea Frejlich Zaragoza | @NFrejlich
Viernes 8 de abril de 2016
Foto: EFE
Estos días se está debatiendo una propuesta del gobierno del Ayuntamiento de la capital aragonesa, de Zaragoza en Común (ZeC), para la regulación de la vía pública y el control de algunas formas de diversión callejera. Concretamente se pretende restringir la música en vivo en la calle, lo cual incluye desde los músicos callejeros hasta las charangas que acompañan a peñas y otras celebraciones populares.
Esta iniciativa, aun en borrador, restringe a cuatro las zonas autorizadas, las que podrá albergar música en vivo. Un total de unos 40 puntos fijos autorizados (10 por zona) esparcidos por toda la ciudad y un horario que será de 10.00 a 22.00 horas, de lunes a domingo. Todo siempre previo pago de una tasa.
Además habrá que ”cumplir con unos requisitos musicales", tal y como indicó el concejal Alberto Cubero este lunes en la comisión de Servicios Públicos. Será obligatorio tener la acreditación municipal, para lo cual los músicos tendrán que presentar un proyecto del espectáculo a valorar y aprobar por parte del consistorio. Solo se contemplarán tres categorías posibles: musicales y artísticas, de folclore aragonés y de carácter navideño. Quedan expresamente excluidas las músicas itinerantes, como las charangas.
El Ayuntamiento justifica esta normativa en tratar de acabar con las quejas de los vecinos por ruido. El mismo argumento con el que los consistorios anteriores han ido implementando todas las medidas contra el ocio popular y zonas como “El Rollo”. Concretamente, dicen que busca acabar con las charangas, una práctica muy habitual en ciertas zonas del casco antiguo de la ciudad, que en los últimos años se ha popularizado sobre en todo despedidas de solteros y solteras que contratan este servicio para hacer ambiente y pasarlo bien antes de cenar.
El decreto es taxativo a este respecto “La participación activa de público y música y sin concurrir al carácter social, cultural, artístico o de relevancia para el interés público" quedará prohibido y en particular, prosigue, "la realización de charangas". Si son jotas, villancicos o grupos que gusten al Ayuntamiento se podrán autorizar, eso sí, previo pago de la tasa por supuesto. Más allá del gusto particular de cada cual, y del Ayuntamiento particular, cabría preguntarse ¿Cuál es el criterio con el que se ha hecho y hará una selección arbitraria entre unos estilos y actividades y otros?
Tanta restricción afectará también de forma muy especial a los músicos ambulantes. Su actividad queda de momento en la ilegalidad por este decreto, pudiendo ser sancionados, y tendrán que agradar con sus “proyectos” al Ayuntamiento para poder trabajar en alguno de los 40 puntos habilitados.
El proyecto se asemeja mucho al presentado y aprobado por el Ayuntamiento de Madrid de Ana Botella que causó una profunda indignación y protestas de parte del colectivo de músicos callejeros. Se trata de una limitación desde la administración tanto a formas de expresión cultural que no cuenten con el beneplácito de los técnicos municipales, así como a formas populares de ocio y al derecho a divertirse ya de por sí muy restringido en los últimos años por leyes como la ordenanza cívica, la prohibición del botellón o la labor de la UAPO (antidisturbios municipales) en muchas zonas de ocio.
Zaragoza en Común aún no ha cumplido ni un año en el gobierno municipal. Hasta ahora en el terreno de recuperación de gran parte de lo perdido en la última década (en especial desde la etapa previa a la Expo 2008) respecto al derecho a divertirse ha sido cero. Medidas como acabar con la ordenanza cívica, con la persecución del botellón, las redadas de la UAPO en zonas de ocio juvenil (últimamente muy intensificadas en los bares de ambiente LGTB situados en la Calle Fita)... siguen siendo la tónica de la ciudad.
El ocio instaurado en esta década deja por fuera y criminaliza a la juventud en general y a aquella que no puede pagarse las consumiciones en bares o discotecas en particular, que es la que no le queda otra que pasar las horas en el parque con los ojos bien abiertos para no ser multados por la policía municipal por estar tomándose una cerveza. Tampoco ha presentado alternativas de ocio para estos jóvenes, no da espacios alternativos, ni aumenta el servicio nocturno de buses o tranvía para facilitar la vuelta a casa.
Pero además de no hacer nada para cambiar esto, su primera medida estrella en este terreno viene a ahondar en la misma dirección. La nefasta ordenanza cívica no sólo no se deroga si no que se ve reforzada con esta otra. El debate sobre el ocio y las formas de diversión popular, suena ahora en el pleno, pero no ha dejado de escucharse en las calles, muchas veces bajo la sirenas de la policía municipal.