Reproducimos a continuación una columna escrita por Dauno Tótoro Taulis, premiado documentalista y escritor, padre de Dauno Tótoro Navarro, refiriéndose al hecho de que su hijo enfrenta persecución política de parte del gobierno a través de una querella por Ley de Seguridad Interior del Estado y a las movilizaciones que han marcado al país hace semanas ya.
Viernes 13 de diciembre de 2019
Soy padre del dirigente del Partido de los Trabajadores Revolucionarios (PTR), Dauno Tótoro Navarro, contra quien el gobierno de Chile ha presentado una querella invocando la Ley de Seguridad Interior del Estado, por llamar públicamente y en medio del Estado de Excepción, a la organización de una Huelga General para hacer caer a Piñera y a su gobierno.
Los abogados querellantes, cuatro de los más infames defensores de criminales que se han enriquecido a costa del trabajo de los chilenos y chilenas y a expensas de los recursos naturales de nuestro país, le imputan los cargos de llamado a la subversión y al derrocamiento del gobierno. Pero Dauno sólo ha dicho lo que dicen miles de chilenos y chilenas en todos los espacios de los que los ciudadanos disponemos y vamos conquistando. Si la querella prospera, se abrirá un proceso de consecuencias insospechadas para la criminalización de los movimientos sociales y el derecho ala libertad de expresión.
Como mi hijo,cuya intensa actividad política se inició durante el comienzo de sus estudios universitarios, también fui dirigente político juvenil durante la década de los‘80. Por entonces, en las calles y en todos los espacios que fuimos arrebatándole a la dictadura, llamamos (y llamé) abiertamente a la subversión, a la caída del gobierno ilegítimo y a la construcción de una democracia libre y soberana.
Cuando hace ya años Dauno nos contó en el seno familiar que había decidido comenzar a militar en una organización política de izquierda, mi primera sensación fue de desasosiego.
Su determinación y convicción chocaban frontalmente contra el nihilismo que yo, así como tantos otros de mi generación, habíamos desarrollado (con tristeza, rabia y desencanto) a lo largo de décadas, durante las que el contubernio, la hipocresía y la distorsión de la historia han campeado en nuestro país.
Un nihilismo surgido de la constatación de que los largos años de lucha contra la dictadura,con muertos, presos, torturados, exiliados, sacrificados, no habían conseguido el futuro soñado. Habíamos sido traicionados y engañados. Habíamos ofrendado nuestra juventud y nuestras vidas por casi nada. Habíamos sido convertidos en una generación sacrificada.
Entonces, cuando mi hijo tomó la decisión de luchar organizadamente para construir una sociedad justa y solidaria, integrada por sujetos políticos y no por entes alienados, mi ya fuertemente arraigado convencimiento de la derrota irreversible (al menos durante un largo tiempo), me hizo temer que él y sus compañeras y compañeros se encaminaran hacia el precipicio del desconsuelo, ofrendando su juventud, vidas y capacidades, para estrellarse irremediablemente contra un muro infranqueable.
Hoy siento una alegría indescriptible por haberme equivocado de modo tan absoluto.
Fueron los niños y niñas del 2006, y luego los muchachos y muchachas del 2011, y ahora los jóvenes del 2019, los que nos refregaron en las narices nuestra injustificada rendición, y nos sacaron a la calle.
Entonces, aunque sea desde la más pequeña y anónima de mis capacidades, hago un llamado a la lucha constante, valiente e irredimible, hasta que caiga Piñera, su gobierno, el sistema depredador, violento, despectivo y esclavizante, mediante una, dos,tres o cuantas Huelgas Generales hagan falta, mediante cuantas movilizaciones se necesiten, hasta arribar a un proceso de construcción de una sociedad basada en la libertad y la soberanía del Pueblo, sin manipulaciones de terceros.
Afirmo, consentimiento de padre, el orgullo por la determinación, acción y opiniones de mi hijo Dauno Tótoro Navarro. Y señalo especialmente mi respeto y reconocimiento para todos y todas los que se han tomado las calles, que han expresado con fuerza sus opiniones, ya sea en la primera línea, como en la segunda, tercera o cuarta. La mayor alegría y esperanza radica hoy en haber recuperado la confianza, el sentido y las ganas de volver a pronunciar la palabra Compañeros/as, la que se dice con afecto, fraternidad y compromiso.
La alegría de haber recuperado el sentido y la convicción de que esta es una lucha de larga data,que no se inició el 18 de octubre pasado, sino que lleva ya décadas de desarrollo; una lucha que nos hermana, generación con generación. La alegría de que ayer, como hoy, no hay miedo que nos paralice.