La presidenta de la Corte Suprema, Cármen Lúcia, fue la encargada de definir una votación dividida pero conocida de antemano, al decidir no concederle el recurso de Hábeas Corpus al ex presidente Lula habilitando su encarcelamiento.
Luego de más de diez horas de sesión y con la votación empatada 5-5, la jueza dijo que "la presunción de inocencia no puede llevar a la impunidad", justificando así su voto y dando vía libre a la detención del ex presidente Lula da Silva. Esto dependerá de la decisión del juez Sergio Moro, que lleva adelante el caso Lava Jato.
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Moro, que ha sido vinculado con el Departamento de Estado de los Estados Unidos, condenó a Lula en primera instancia por recibir, supuestamente, un departamento en la ciudad balnearia de Guarujá como compensación por la ayuda brindada a la empresa constructora OAS para ganar contratos con el Gobierno.
La votación del Supremo Tribunal puede ser leída como la continuación del golpe institucional de 2016, mediante el cual llegó al poder Michel Temer. Esta votación fue precedida por una serie de declaraciones de altos mandos militares, en las que amenazaban con un golpe del Ejército si no se habilitaba la cárcel para el líder del PT
La jueza y actual presidente del Supremo Tribunal llegó a ese cargo luego de ser la segunda mujer nominada al cargo de ministra del Supremo Tribunal Federal (STF), posteriormente a la jubilación del ministro Nelson Jobim, el 26 de mayo de 2006.
En junio de ese mismo año juró como parte del máximo tribunal frente al entonces presidente Lula Da Silva. La jueza fue designada por el mismo hombre al que le negó el pedido de Hábeas corpus con su voto de la jornada de ayer.
Con una dura apelación contra la “impunidad” justificó su voto contra el hábeas corpus pedido por la defensa de Lula. La misma magistrada demostró mucha más "misericordiosa" en 2010 pero lo hizo en relación a los militares asesinos de la última dictadura brasileña.
Los militares gozaban de una amnistía dictaminada en 1979. Una sentencia del Tribunal Supremo Federal de 2010 avaló que esa amnistía se mantenga tanto a los crímenes comunes como a las torturas. Esos militares, que hacen repugnantes declaraciones sobre la política nacional y específicamente sobre la prisión de Lula, fueron responsables de torturas, asesinatos, violaciones y persecuciones de todo tipo contra los trabajadores y estudiantes durante los años de dictadura militar en Brasil.
La ministra, Cármen Lúcia, aseguró uno de los siete votos para barrer cualquier cambio que buscase acabar con la impunidad de los militares por sus crímenes cometidos en la dictadura.
La jueza Cármen Lúcia consumó el golpe dentro del golpe, con la decisión de un tribunal compuesto por 11 miembros que no fueron votados por nadie y que pertenecen a una casta privilegiada, imponiendo sobre la voluntad de millones trabajadores brasileños que no pueden decidir a quién votar. Y dieron un espaldarazo al desgastado gobierno golpista de Temer que está en un mínimo histórico de aprobación rondando el 6%.
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