A lo largo de la historia miles de mujeres han protagonizado luchas heroicas para que seamos reconocidas, aunque sea formalmente, como sujetas de derechos. Ya ha pasado más de un siglo de la lucha por el derecho al voto, casi cincuenta años por el derecho al placer y poder vivir nuestra sexualidad. Y en chile, seguimos luchando por el derecho a disponer de nuestro propio cuerpo y capacidades reproductivas, a tener el derecho a una educación sexual, anticonceptivos gratuitos, y al aborto libre, legal, seguro y gratuito.
Pero también hemos sido parte y protagonistas en la historia, aunque a muchos no les guste reconocerlo, de la lucha de los pueblos oprimidos, de los ascensos revolucionarios, de la lucha contra la dictadura, así como de su legado, siendo parte del movimiento estudiantil y el movimiento NO + AFP.
Además, hace un par de años a nivel internacional venimos protagonizando bajo el grito de #Niunamenos masivas movilizaciones contra la criminal violencia sistémica y cotidiana que hemos vivido durante siglos, que lleva en su último escalón y el más aberrante, al femicidio. Un despertar de miles de millones que decimos ¡Basta! Basta de femicidios, de caminar con miedo porque nos pueden violar. Y cada caso que aparece nos llenan de rabia y dolor, y la necesidad de no tolerarlo y hacer algo, el anhelo de ponerle fin se vuelve una necesidad.
Pero como decía mi compañera del otro lado de la cordillera, Andrea D´Atri: “Después de más de un siglo de luchas, hemos conseguido que las mujeres seamos reconocidas fundamentalmente como víctimas. Pero cuando se nos machaca tanto con nuestro lugar de víctimas, sin hablar de nuestras luchas y de las conquistas que se lograron con esas luchas, se nos revictimiza. Porque se nos quiere mostrar que somos víctimas impotentes. Y para lograr eso es necesario borrar las luchas de muchas generaciones de mujeres…”.
Y es que hoy, en el movimiento estudiantil, podemos demostrar que no somos víctimas impotentes, podemos hacer de toda esa bronca, de toda esa represión que por siglos han vividos nuestros cuerpos, el motor de un cambio estructural en el modelo universitario que hoy permite impunidad para abusadores, personeros de la dictadura, autoridades con sueldos millonarios, mientras son ellos mismos quienes siguen precarizando a las y los funcionarios. Y es que la universidad no es más que una expresión de la sociedad que vivimos.
La lucha contra el acoso y el abuso sexual, un camino para cuestionarlo todo
Para llevar una lucha consecuente y hasta el final contra el acoso en la universidad, un ánimo y voluntad que mueve a miles de compañeras que somos la fuerza vital de esta lucha y hemos logrado irradiar a un sector importante de nuestros compañeros que están dispuestos a darla junto a nosotras; tenemos que estar conscientes a quiénes, y a qué nos enfrentamos, por tanto, saber qué necesitamos para vencer.
Para que la impotencia no se transforme en desmoralización hay que tener claridad que no habrá un espacio absolutamente seguro en esta sociedad capitalista y patriarcal, donde la ideología servil al sistema se impregna por medio de sus partidos empresariales, sus gobiernos, las iglesias, sus medios de prensa, y claramente sus universidades. Por tanto, la lucha excede sin duda alguna a un espacio determinado, sin embargo, lugares como las Universidades hoy toman protagonismo en la escena, y pueden transformarse en lumbreras y puntos de apoyo importantes para irradiar que otro modelo y sociedad es posible.
Sin duda alguna la experiencia de muchas y muchos estudiantes ha dado cuenta que las autoridades fueron un primer límite para la creación de protocolos, que se ganaron con la fuerza de la movilización, y después para la implementación efectiva de ellos, donde quienes tienen la última palabra siguen siendo quienes son casi monarcas, o pequeños señores feudales que gobiernan las universidades y facultades. Y es que sus voluntades están motivadas por intereses materiales: hoy son quienes administran la educación de mercado lo que les trae grandes créditos económicos.
Y no sólo ellos, sino que también un gobierno de derecha que sin duda ha hecho de su eslogan “tiempos mejores” una realidad sólo para las y los grandes empresarios a costa de las tierras y represión al pueblo mapuche, de despidos antisindicales, de restringir nuestro ya insuficiente derecho al aborto en tres causales, y de hacer más evidente el lucro en la educación. En definitiva, a costa del pueblo trabajador y pobre.
Hoy, ya hay puntos de apoyo importantes, la lucha contra el acoso y el abuso no sólo es sentida por las compañeras, sino que se transformó en una necesidad para el conjunto del movimiento estudiantil, que ha logrado desarrollar lazos importantes con los y las funcionarias, quienes han evidenciado y vivido en carne propia el rol que cumplen las autoridades y el gobierno.
La masividad, coordinación y unidad de acción de estudiantes (mujeres y varones), con funcionarias y funcionarios, así como con un sector de las y los académicos se vuelve una necesidad para vencer en esta batalla.
Conquistar que sean comisiones triestamentales resolutivas y no sólo consultivas a la autoridad quienes aborden los casos, así como que seamos los tres estamentos por medio del voto universal quienes elijamos a las autoridades, se vuelven puentes necesarios para un cuestionamiento más profundo del modelo educativo mercantil y sexista.
Que no decidan más por nosotras y nosotros, podemos demostrar que nuestra lucha es por conquistar universidades y una educación que esté al servicio de las mujeres, los pueblos oprimidos y las y los trabajadores. |