La imagen del gobierno nacional viene en clara caída. Así lo indican las encuestas que se han conocido en las últimas semanas. Aunque no se conocen sondeos posteriores al veto presidencial contra la ley que moderaba el tarifazo, todo indica que esa tendencia se profundizará.
El rechazo a la suba sideral de las tarifas explica mucho de la caída de la imagen oficial. Es esa política, para nada gradualista, hay que buscar las raíces del descontento social. También a partir de allí hay que analizar las tensiones que recorrieron al oficialismo y que empujaron, entre otras cuestiones, a las críticas de Elisa Carrió contra el ministro Aranguren (Energía).
El golpe a la imagen del oficialismo, aunque en forma desigual, afecta a sus principales referentes. Hasta la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, sufre los golpes del descontento social.
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En término de apoyo político, el macrismo parece quedar reducido cada vez más a su núcleo más duro, centrado en las capas medias altas de las grandes urbes y las zonas agropecuarias.
Chivos expiatorios
Desde el oficialismo se intenta capear la crisis recurriendo a una denuncia constante contra la oposición. El lunes pasado, en un mensaje grabado a la población, el presidente Macri había pedido al peronismo que fuera “racional y responsable”.
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Luego de la votación desfavorable en la Cámara de Senadores, el gobierno volvió a repetir libreto y acusó al peronismo de “irresponsabilidad”. Fue ese el argumento más repetido desde las usinas oficialistas para justificar un veto que, a las claras, favorece a las grandes empresas.
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En ese marco han proliferado las críticas hacia diversas figuras de la oposición peronista, entre ellas al senador Miguel Ángel Pichetto o Sergio Massa.
Pero solo la enorme oposición social a la suba de tarifas y el descontento hacia la política del gobierno explican el lugar que hoy ocupa gran parte del peronismo. Se trata, sin duda de los sectores que han jugado un rol fundamental en los dos primeros años de la gestión macrista.
Como fueron bautizados por un agudo analista, se trata de verdaderos “dadores de gobernabilidad”. Sin ir más lejos, esa fuerza fue la que aportó los votos necesarios para aprobar múltiples proyectos, entre ellos el Presupuesto 2018 que ya contenía la base del ajuste actual.
La demonización política hacia la oposición sirve también a fines electorales. El macrismo apuesta a instalar la polarización política hacia 2019. Sin embargo, la situación actual está lejos de garantizar un tranquilo camino hacia las próximas elecciones.
Por el contrario, el ajuste en curso, acordado con el FMI, no podría más que desatar nuevas crisis y acciones de protesta de amplios sectores del pueblo trabajador.
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