“Camioneros rompió la pauta salarial oficial” tituló Clarín. El “amigo” menos pensado, dirían los Moyano. En una conferencia de prensa en la sede de Camioneros, se anunció un acuerdo con los transportistas: 25% en tres cuotas y, según los Moyano, una cláusula de revisión y un bono según la rama de la actividad.
Entre el vandorismo sindical y el vandorismo ministerial
El acuerdo logrado por Moyano deja algunas cosas para analizar.
Por un lado, que “con poco” a Camioneros le alcanzó para romper el techo salarial del gobierno. Realizó una jornada de “asambleas”, una concentración en la Autopista Ezeiza, un paro el 14 de junio y anunció una medida de 72 horas que ante el acuerdo levantó. Eso le da la razón, por un lado, a quienes dicen que Moyano sigue siendo “el último vandorista”, apoyado claro en el poder de los “fierros” que maneja. Pero también, la enorme postración de la mayoría de los gremios cegetistas, que aunque también manejen sectores claves de la economía sacaron sin chistar el carnet del “Club del 15%” (UTA, Unión Ferroviaria y Fraternidad, Petroleros, ni hablar de los “gordos”). Incluso bancarios levantó la huelga con 15% más una compensación.
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Por otro, los números. El aumento rompe la pauta oficial del 15% que había fijado el gobierno y firmó la mayoría de los sindicatos. Incluso el “nuevo techo” de 20% con que había intentado levantar el paro. Pero no podemos decir que cubra la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores. El mismo Moyano dijo que la inflación será del 30% para 2018 (y muchos opinan que se queda corto con una devaluación galopante). Pero además el aumento en el básico suma 23,2% y se terminará de cobrar en marzo de 2019, ya que firmaron tres cuotas: 8% en julio, 7,6% en noviembre y 7,6% en marzo. Y el descuento del “impuesto al salario” en el caso de los recolectores será de $9000. Tampoco queda clara cómo funcionará la “cláusula de revisión” ni el monto del “bono especial”.
Por último, el conflicto de Camioneros sigue arrastrando una fuerte carga política. La “previa” venía marcada por las denuncias que hacía correr el gobierno en los tribunales contra los Moyano. Ya desatado el conflicto, desde las oficinas de Triaca se hizo trascender que multaría al gremio en una suma millonaria por “no acatar la conciliación obligatoria”. Un claro ataque al derecho de huelga. Y en la tarde de este martes, tras el anuncio de Moyano, los funcionarios de Trabajo dijeron que "la negociación fue concretada en un bar y no en el Ministerio, el acuerdo "tiene vicios", todavía no lo convalidaremos” (Infobae).
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Ante la posibilidad de que no sea homologado, los Moyano retrucaron que "el aumento se logró y hay que pagarlo. Si no pagan, aténganse a las consecuencias".
No sería la primera vez que Triaca se niega a convalidar un aumento: lo intentó en 2017 con los Bancarios. Pero, hay que decirlo, también lo hizo Carlos Tomada con la UATRE algunos años antes. Así de “libres” pueden ser las paritarias en manos del Estado y las cúpulas sindicales.
En los próximos días veremos si “la sangre llega al río”. Si el “vandorismo ministerial” se queda en amagues o escala el enfrentamiento entre el gobierno y los Moyano. O ese número ambiguo de 23/25% terminará funcionando como un nuevo techo salarial porque los anteriores ya son insostenibles. Sería un acuerdo, explícito o no, que pocos imaginaban.
¿Qué hará Moyano con este triunfo?
Con las condiciones y límites que marcamos, el acuerdo es un triunfo para Moyano. En su pulseada con el gobierno, pero también en su estrategia dentro de la CGT. Hacia el Confederal del 22 de agosto, que renovará las desgastadas autoridades del Triunvirato, querrá hacer pesar su paritaria para impulsar una lista opositora - ¿con la Corriente Federal y Aceiteros? - o arreglar más espacio en el Consejo Directivo.
De lo que el moyanismo no ha dado señales, ni antes ni después del acuerdo, es de poner ese “poder de fuego” para impulsar una pelea al servicio de toda la clase trabajadora. Tampoco los agrupamientos opositores como la Corriente Federal y las CTA, que por ahora se limitan a seguir los ritmos del Triunvirato y convocar actos pensando en la reunificación del peronismo hacia 2019.
Quizá por eso, ninguno de ellos ha planteado que el 25J debe transformarse en un paro activo y el inicio de un plan de lucha para imponer un aumento salarial de emergencia, paritarias sin techo y 30% de aumento con cláusula gatillo.
Ese es uno de los planteos, junto al rechazo al acuerdo con el FMI, el no pago de la deuda y la anulación del tarifazo, con que irá el sindicalismo clasista al paro general del próximo lunes.
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