Durante el último tiempo la cuestión de la mujer ha logrado instalarse al centro de múltiples debates y dentro de la subjetividad de millones se encuentran resonando las preguntas y cuestionamientos acerca de cómo las mujeres pueden avanzar en sus derechos.
Para muchos, especialmente para quienes reivindican un feminismo enmarcado en las altas esferas sociales, un aspecto importante es que las mujeres alcancen puestos de poder, cargos políticos y mayor injerencia en las decisiones laborales y políticas. Si bien, esto puede ser progresivo, ya que, es evidente que para las mujeres alcanzar ciertos escaños es una tarea más difícil, ya sea por el rol histórico que cargamos en nuestras espaldas que nos ha relegado al plano del hogar o bien por lo que implica a raíz del mismo rol de género disponer del tiempo y las condiciones necesarias para desempeñarse en estos cargos, no es suficiente en la medida de que nos cuestionamos quienes y a favor de que sector. Rompiendo con la concepción errónea de que todas las mujeres, sólo por el hecho de ser mujer, representamos los intereses y levantamos las demandas que por años han teñido de violeta las calles.
De qué sirve que Evelyn Matthei, actual alcaldesa de Providencia, haya sido la única mujer en participar de las comisiones permanentes del Senado hasta el año 2011, cuando es una militante UDI, defensora de la dictadura militar de Pinochet, opositora al aborto como mínimo derecho sexual y reproductivo de las mujeres, y que sostiene en sus manos la perpetuación de la explotación y de seguro explota para su beneficio propio a otras mujeres.
Tampoco sirve la reivindicación discursiva del feminismo y las demandas de género de las grandes empresarias que mientras hablan desde la vereda de la opresión, acumulan grandes ganancias gracias al trabajo de otras mujeres, quienes no gozan de ninguno de sus privilegios y se ven arrojadas a la doble jornada laboral, a la brecha salarial y al trabajo precario e inestable.
Es más, si examinamos el gobierno saliente de Michelle Bachelet, primera mujer electa para la presidencia en el país, podremos ver que en nada cambio la situación de las mujeres jóvenes, trabajadoras, migrantes, mapuche, después de su gobierno. Si recordamos, durante su periodo una mujer mapuche dio a luz engrillada en medio de la represión y violencia que se desató sobre esta comunidad en medio de su mandato. A penas fue capaz de levantar un proyecto de aborto en 3 mínimas causales, cuando las calles gritaban aborto libre, legal, seguro y gratuito; no tocó ni un solo pilar fundamental de la dictadura y mantuvo la salud precarizada, las pensiones de hambre y la educación de mercado.
No será poniendo a más mujeres en puestos de jefatura o cargos políticos importantes que defiendan los intereses de los empresarios o bien propongan reformas dentro de la medida de lo posible, ni tampoco cuestionando la violencia machista en términos generales sin integrar un cuestionamiento profundo al régimen que sostiene la explotación y por lo tanto profundiza la opresión de miles de mujeres, como las trabajadoras, estudiantes, migrantes y mujeres más empobrecidas podrán librarse de sus cadenas.
Diferente a la perspectiva que tiene el movimiento feminista actual que se levanta principalmente en universidades, y que se limita debido a la perspectiva que le impregnan sus direcciones, a un cambio cultural y situado en la superficie más intelectual, lo que debemos hacer es articular un movimiento de mujeres anticapitalista que apueste por la unidad de las mujeres con el conjunto de los trabajadores, viendo en ellos no a sus enemigos, sino sus principales aliados a la hora de levantar las banderas históricas de las mujeres y la diversidad sexual.
Solo esta fuerza combinada podrá potenciar la lucha por nuestras demandas, para permitirnos pensar una una perspectiva mayor y que haga temblar la estructura empresarial proponiendo por ejemplo, la nacionalización de los recursos naturales sin pago a los empresarios, la expropiación de SQM para que las ostentosas ganancias del litio sirvan para financiar un plan de emergencia contra la violencia de género, que estos dineros vengan a fortalecer la salud pública para que luchemos por un aborto libre, legal y seguro pero también gratuito en el sistema público. Una perspectiva mayor que nos haga cuestionar estas grande fortunas y que sea a través del impuesto a las grandes inmobiliarias como se financien casa de acogida para las mujeres que sufren violencia de género.
Sólo cuestionando profundamente el orden social, político y económico establecido y la apropiación de grandes fortunas en manos de unos pocos será como las mujeres podremos sentar las bases para un nuevo tipo de sociedad mientras que arrancamos al estado hasta el más mínimo de nuestros derechos. |