Cristian Felipe Martínez Rodríguez tenía 17 años. Era un estudiante colombiano que dedicaba parte de su tiempo libre al arte callejero. Era gafitero y en la madrugada de este martes fue asesinado a sangre fría por un hombre que lo confundió con un ladrón.
El “justiciero” armado, es un hombre de 38 años identificado como Christian Jesús Arbaje, quien se encuentra detenido a instancias del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°31, acusado de homicidio.
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Cristian Felipe había subido a un techo para pintar un grafiti en el barrio porteño de Almagro. Dos amigos se quedaron abajo, mientras él trepó al techo del primer piso de una construcción abandonada en calle Gascón y Estado de Israel. Su objetivo era dejar plasmado su tag, "TEUR", en la pared del edificio lindero.
Arbaje lo vio. Probablemente muy seguro de que se trataba de lo que para él son los “pibes chorros” salió a disparar. Por las dudas, lo despachó con tres tiros. No le bastó con uno, ni con las explicaciones del joven, que le aclaró desesperado que no estaba haciendo nada malo, que solo había pintado un grafiti en la pared.
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Cristian Felipe cayó a la calle con vida. Sus amigos que presenciaron toda la escena, llamaron una ambulancia. El joven artista falleció a las 5.30 de la madrugada en el hospital Durand. Tras su caída, en pocos minutos llegaron varios móviles de la Policía de la Ciudad.
Arbaje tenía un arsenal en su casa y como se ve, estaba deseoso de usarlo. Según publicó Clarín, de su domicilio se secuestraron 47 cartuchos a bala calibre 22 largo, un proyectil encamisado deformado, un arma de acción neumática calibre 4.5, 86 balines y dos cartuchos a bala calibre 22 corto. El hombre estaba bien pertrechado.
"Cuando él se estaba bajando cruzó el patio de la casa, se subió al alero del aire acondicionado y se sentó ahí. Yo entonces veo que un señor entre canoso o rubio, robusto, con una camiseta clara, dispara con el brazo derecho un arma plateada", relató uno de los amigos que aguardaba a Cristian Felipe en la vereda.
Consternación mediática
Ahora, los medios se hacen eco del absurdo y publican con consternación la foto del último grafiti de Cristian Felipe. Es más que válido preguntarse qué estarían diciendo si, efectivamente, el joven hubiese sido un ladrón. Son esos mismos medios los que hacen apología de la llamada justicia por mano propia. ¿Cuántas veces las noticias sobre linchamientos por ejemplo, han justificado el accionar de los “vecinos” que deciden “defenderse” ante la inseguridad?
El grafiti que pintó Cristian Felipe antes de ser asesinado
En 2016, el mismísimo Mauricio Macri justificó la justicia por mano propia. Un comerciante de la localidad bonaerense de Zárate, había atropellado y aplastado con su auto contra un poste a un ladrón que huía luego de asaltar su carnicería. El ladrón además, fue golpeado por otros vecinos mientras agonizaba entre el auto y el poste. Macri dijo entonces que el carnicero era un "un ciudadano sano y tranquilo" y que la Justicia debería beneficiarlo con la libertad.
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La mano dura y la justicia por mano propia, son alentadas por los medios hegemónicos de comunicación masiva, a tono con el discurso oficial. La doctrina Chocobar fue defendida a capa y espada por el presidente y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.
El policía asesino que disparó por la espalda en el barrio porteño de La Boca, fue recibido como un héroe en la Casa Rosada. “Quiero reconocer tu valentía y expresarte mi apoyo”, le dijo Macri al suboficial Luis Chocobar. Al día siguiente se difundieron las imágenes del “héroe” ultimando por la espalda a Pablo Kukoc, también de 17 años, mientras corría.
Poco después, se desató un tiroteo entre la Policía de la Ciudad contra tres personas, en pleno centro porteño. Hubo casi cien disparos, que causaron heridas en uno de los asaltantes perseguidos, pero también en una jueza y un prosecretario judicial que circulaban por el lugar. No hubo otra muerte por pura casualidad.
Facundo Ferreira, fusilado por la policía tucumana
A mediados de junio, Facundo Ferreira, niño de 12 años, también fue asesinado por la espalda por efectivos de la policía de Tucumán. Iba en moto con un amigo. Los uniformados desataron una persecución, porque supuestamente habían cometido un delito. Efectuaron disparos y uno impactó en la cabeza del nene. Se dijo que Facundo había disparado, pero las pericias desmintieron que hubiera usado un arma de fuego. En el medio de este caso, Clarín no se privó de ensuciar la cancha con mentiras para perjudicar a los familiares de la víctima que reclaman justicia por el fusilamiento de Facundo en plena calle.
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La licencia para matar que el Estado otorga a las fuerzas de seguridad y que los grandes medios justifican, tiene su correspondencia en el accionar “ciudadano”. La mano dura estatal con el pretexto de combatir la delincuencia, alienta la mano justiciera vecinal. ¿Las consecuencias? No hace falta más que volver a pronunciar el nombre de Cristian Felipe Martínez Rodríguez.
Periodismo eufemístico
Para ejemplificar el cinismo mediático, basta solo un párrafo de Clarín. Hacia el final de la nota que publicó el diario sobre el asesinato de Cristian Felipe, se intenta esbozar una explicación de carácter “social” al suceso.
Las líneas son antecedidas por un subtítulo, “Violencia urbana, en alza”. “La violencia urbana es un fenómeno en franco ascenso. La semana pasada, un joven dejó el auto en un lugar para discapacitados, en Caballito, y le pegaron con una piedra en la cabeza. En febrero, una mujer fue brutalmente agredida por un desconocido a plena luz del día, en Palermo. Y en enero, un hombre discutió con otro en la fila del supermercado en Lanús y le pegó cinco tiros, tras lo cual fue internado en un psiquiátrico”.
Clarín inscribe el asesinato a sangre fría de Cristian Felipe a manos de un pistolero que se cree que tiene el derecho de matar ladrones, en el marco de una serie de sucesos violentos entre personas por circunstancias personales, cotidianas y hasta ridículas, casi sin explicación.
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El contexto social en el que en realidad se inscribe este asesinato es otro. Es el del ajuste macrista, que requiere de la mano dura estatal e incluso, de las FF.AA. liberadas para intervenir en la represión interior. Es el contexto de la doctrina Chocobar, en el que se premia a los uniformados que asesinan por la espalda. Es el contexto en el que desde las mismas páginas de Clarín y las de otros grandes medios, se alienta y justifica a los “vecinos”, “sanos y tranquilos”, que también se sienten apañados para salir y asesinar. El argumento es el ejercicio de la legítima defensa cuando en verdad, solo se descargan ante el atentado contra su propiedad, como la recaudación de una carnicería. Peor aún, muchas veces, el ataque a la propiedad privada ni siquiera se concreta y se asesina o hiere gravemente a “presuntos ladrones” o como en el caso de Cristian Felipe, a un pibe que solo quiso pintar una pared.
Desde las páginas de este medio se ha insistido largamente en que más represión, más uniformados en las calles, no proveen ninguna solución a ningún problema. En primer lugar, porque las fuerzas de seguridad son parte indispensable para el ejercicio del gran delito como la trata, los desarmaderos y el narcotráfico, de los que son subsidiarias las demás formas del delito. En segundo lugar porque precisamente, lo que se desprende de este tipo de políticas y discursos, es lo que hoy se lamenta con el asesinato brutal de Cristian Felipe. |