“Vení, que te cuento un cuento”, es el nombre de la muestra, donde nos habla sobre el origen de algunos cuentos populares, cuando la niña no era engañada por el lobo y enfrentaba al monstruo, siempre. Nos habla de las desigualdades, de la imposición del consumo.
Del abandono familiar pero también estatal, de la marginalidad. Nos llena la sala con la presencia de un conocido e ignorado por todos: Boquita, un hombre en situación de calle que siempre acompaña a todas las marchas, vestido con su inconfundible traje de boca. Dibujos, distintas técnicas de grabado: Copyart, xilografías e instalaciones crean un clima, donde nace la esperanza desde sus personajes, en la mayoría niñas y niños, gatos, perros, que aunque rodeados de cuervos, siempre intentan enfrentar al monstruo, para lograr mirarlo desde otro lugar.
ID: ¿Qué cuento nos viniste a contar?
Son cuentos infantiles muy antiguos, uno es un cuento de Hoffman, “El hombre de arena”, es una relación entre la fantasía y la realidad, jugando en la niñez, que es cuando tenemos, un monstruo que nos persigue, que es gigante, o lo suficientemente grande para atemorizarnos. Este cuento narra la relación entre Nathanael y Copelius, y su hermana Clara. Copelius, que es un ser muy terrible, con unos ojos y un tamaño temeroso, y el rol que cumple Nathanael, cuando dice…“Me torturaba la espantosa imagen del hombre de arena. Con el tiempo crecí lo suficiente, como para darme cuenta que, el asunto del hombre de arena y su nido de lechuzas en la luz tal como me lo había pintado la vieja nodriza, no podía ser del todo cierto”…
O sea, es esta cuestión, cuando uno, al monstruo, lo tiene un poco cerca y lo atrapa, a ver… vos te corres… aunque hayas sido captado por èl anteriormente, yo lo asocié con la desnaturalización, y lo asociamos con esta cuestión, de acercarte al monstruo para poder de alguna manera derrumbarlo… el monstruo va a seguir estando, pero tu concepción de él, va a ser diferente…
ID: Porque lo enfrentaste…
SP: Y eso ocurre en la infancia y a medida que vamos creciendo, es una transformación. Otro cuento que cuento, en esta instalación es el de “La Falsa Abuela” que no es otro más que el de “Caperucita Roja… es un cuento muy antiguo que extraje de un libro de Italo Calvino que, es como la génesis de los cuentos populares. Calvino fue recopilando, estos textos, de distintas regiones de Italia, Piamonte, la zona de Nápoles, donde los cuentos se transmitían de boca en boca.
En realidad la oralidad, precede a la escritura y son cuentos milenarios, cuentos que las abuelas les contaban a sus hijos, las nodrizas a los niños que cuidaban. Después ya se instala otro sistema de vida a los niños, fueron cambiando, porque la sociedad cambió, con ello los cuentos, la forma y el contenido que se transmitía. La sociedad tiene una serie de parámetros que va marcando, qué se come, qué se viste, qué se cuenta…
ID: Las épocas…
SP: Las épocas pero también la cuestión macro, no? de poder…Entonces “La falsa abuela” es la génesis de “Caperucita Roja”, donde trabaja el tema de lo siniestro, la cuestión de querer comer, devorar a la niñez...Acá tiene un final feliz, en el cuento de origen, porque la nena se da cuenta quién es esa falsa abuela y se termina burlando
ID: Enfrentó el monstruo…
SP: Lo enfrenta y se burla. Bueno, yo elegí estos dos cuentos para armar el recorrido de la muestra.
ID: ¿Y el recorrido de los cuentos que están escritos de manera continua, sin párrafos y que se vuelvan a meter en esta caja, qué simboliza?
SP: Puede ser que tenga que ver con la fragilidad y la contención también, pero eso es algo que tiene que descubrir, cada persona que viene a la muestra
ID: ¿Estos son los cuentos que nos viniste a contar?
SP: En realidad yo vengo a poner en escena algo interno porque el artista pone en la mesa vivencias, cuestiones de ideología, una artista no puede estar separada de lo ideológico, de lo que piensa, siente y como llega a transmitirlo, a sacarlo
ID: Contános de los personajes de la muestra, ¿cómo llegaste a elegirlos?, el proceso de esta obra…
SP: Bueno, el proceso fue en base a fotografías que fui sacando de un lugar, al que voy a hacer talleres de arte, que se llama “Barriletes en Bandada” y que está ubicado en la parte extrema del oeste de la ciudad, en un barrio llamado Cuenca XV, y que bueno, es muy pobre y marginal, casi rural. En esta asociación se da apoyo escolar, diferentes talleres como el que doy yo, es un lugar donde se busca contener a los niños y niñas para que no estén en la calle y además muchas dificultades que atraviesan por ser pobres.
ID: Sí, es un barrio donde paradójicamente, se ven los guanacos extrayendo petróleo…
SP: Totalmente, así fui sacando fotos, registrando esas horas ahí, y siempre pensaba cada vez que veía alguna imagen… algún día voy a hacer algo con esto y en medio de un insomnio que para algo me sirvió, surgió esta idea, y surgió lo de los tamaños.
ID: Eso es muy interesante, la escala a tamaño natural, la técnica del grabado que le da una impronta, muy fuerte y desde el tamaño natural, también te vas al pequeño, generando una tensión entre los tamaños, una fuerza.
SP: Si…al adorno, (risas), lo que decís del tamaño y del grabado yo lo asocié cuando me decidí hacerlo de esta manera, porque si te fijas bien, ninguno de los personajes miran la cámara, fijé mi dirección en lo gestual, y otra cosa, quería hacer una muestra en donde el trabajo sea un emblema, entonces los grabados están hechos en prensa y también a cuchara, otros con buril y por eso aparece esa gestualidad única…
Y después con las impresiones que me salían mal, confeccioné los zapatitos, que le da una fuerza a todo… viste la sensación que te da ver una zapatilla tirada en la calle?, es inevitable pensar en quién la pudo haber calzado. Sólo estas dos niñas miran a la cámara pero porque es muy tierna la mirada y las puse también. Este otro personaje, es una niña que yo observaba viendo jugar, y me llamó tanto la atención el juego que realizaba que comencé a tomarle fotos, ella jugaba con su carrito de supermercado a llenarlo compulsivamente de cosas que encontraba por ahí y cuando se le caía algo lo volvía a acomodar. Esta es la ideología que nos atraviesa, la que transmitimos, la del consumo, por eso está plasmada acá.
Los personajes que vengo a “develar” no son los niños y niñas de las revistas, no? Los hijos de los famosos, porque lo que vengo a contar, está contra esa naturalización de la belleza.
ID: Por lo del emblema del trabajo,¿ trajiste los tacos también a la exposición, no? ¿Cuánto tiempo te llevó este proceso?
SP: Sí a mí me parecía importante que se vieran los tacos. Porque si no hay trabajo, no hay disciplina. Cuatro años, me llevó esta producción y no quería parar de buscar… por eso también hay fotografías que tomé en el interior, en Chos Malal, por ejemplo…
ID: Los animales también ocupan un lugar muy importante en la muestra
SP: En primer lugar esta “Moncho” mi perro, también a escala natural, aves, gatos, perritos que andaban entre los niños y los cuervos… un ave, muy astuta a la hora de elegir su lugar para vivir, vive de arriba… es un ave carroñero.
Yo me quedé pensando en lo siniestro, encarnado en este animal. Seguimos recorriendo la muestra junto a Stella que hacía más preguntas que la entrevistadora, todo el tiempo, inagotable trabajadora, que como toda artista necesita que le digan, qué nos pasa con la muestra, para seguir abriendo los ojos. Hay una plataforma, en donde se encuentra ubicada la instalación principal de la muestra, y al verla me di cuenta que, de la primera vez que la había ido a ver, a ésta, algunos personajes habían cambiado de lugar. Stella quiere saber qué es lo que observo, luego de dirimir y naufragar en mis ideas, finalmente respondió el por qué de los movimientos que registra en la pared de la sala, en un diagrama de movimientos, con carbonilla para que no salga…
ID: ¿Por qué cambias de lugar los personajes?
SP: Esto nadie lo ve. ¿Ves que hay una plataforma?, Esto está ubicado así porque las relaciones se dan en un momento y lugar determinado y de alguna manera, que estén estos arriba ahora, hoy, y estos abajo, tiene que ver con las relaciones de poder.
La instalación ya tiene tres movimientos y le faltaría uno más. Seguimos avanzando y nos detuvimos en otra instalación, donde un banner con la frase “al final ella pudo salir de la oscuridad” tapa, oscurece, una mirada fría dibujada con carbonilla en la pared, de un par de ojos que están ahí, expectantes, casi como un animal agazapado, para que nadie la viera, por todo lo que se dice de ella. “Vení, que te cuento un cuento”, también habla sobre la violencia de género como parte de esta monstruosa realidad.
El recorrido que elegí, terminó con unos dibujos en lápiz y carbonilla, colgados, se podría decir en jirones. La consigna de este juego es “Armà tu propio relato”, en el cual a través de unos tubos se puede ir navegando cerca del papel y construir todos los relatos que te imagines.
La muestra, es una invitación al juego, la presencia de lo lúdico, la presencia de los personajes, la presencia de la reflexión sobre las relaciones que construimos y qué es lo que naturalizamos y frente a qué nos detenemos, cómo combatimos nuestros monstruos – prejuicios, me animo a decir, la muestra te recorre a vos, mientras vos la recorres a ella, no salís igual después de ir a visitarla, esta hasta el 28 de febrero en el horario de la sala y muy pronto tendremos noticias, sobre hacia donde irán los cuentos que nos cuenta Stella Provecho. |