Tres días después del brutal ataque de los grupos de choque -que operan bajo las órdenes de la rectoría- contra la manifestación de los jóvenes de CCH, y que dejó como saldo al menos 16 estudiantes lesionados, dos de ellos graves, López Obrador reconoció que hubo ataque porril.
"Estoy a favor de los jóvenes que se están manifestando en contra de estas acciones ilegales reprobables de utilización de la fuerza para afectar a estudiantes, para golpear a estudiantes, no creo que eso deba permitirse, pero al mismo tiempo es un asunto que deben resolver los universitarios, debe haber respeto a la autonomía de la Universidad, me solidarizo con los jóvenes, estoy con ellos", declaró en su conferencia de prensa en la casa de transición el presidente electo que asumirá el próximo 1 de diciembre.
Sin embargo, ante los hechos documentados de la relación entre autoridades de la UNAM y los grupos porriles, declaró a la prensa tener confianza en los altos funcionarios de la casa de estudio. Informó además que se encontrará con Enrique Graue, el rector profundamente cuestionado por el movimiento estudiantil como el principal responsable político del ataque porril del pasado 3 de septiembre.
El presidente electo señaló también que no permitirá acciones porriles en la universidad, pero que respetará la autonomía.
Pero lo cierto es que los porros operan y han operado a lo largo de la historia al servicio de las autoridades universitarias, así como de los partidos patronales, como explicamos acá y acá. Son funcionales al mantenimiento del carácter profundamente antidemocrático del régimen universitario, donde un puñado de altos funcionarios toma las decisiones a espaldas de los estudiantes, los profesores y los trabajadores que dan vida a la UNAM.
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Ahora, seguramente preocupado por la irrupción de un movimiento estudiantil al inicio de su gobierno, busca congraciarse con los jóvenes con su retórica, pero busca mantener la reaccionaria estructura universitaria que empieza a ser cuestionada por amplios sectores de la juventud.
Promete que en su gobierno no habrá grupos de choque ni espionaje político, pero al mismo tiempo busca tranquilizar a quienes laboran en el CISEN, ya que decidió desaparecerlo, declaró que quienes laboran en esa institución serán reubicados. Surge la interrogante, ¿les asignará tareas de “encubiertos” en otras dependencias, para espiar a los trabajadores? |