Las estadísticas dan mal. Los resultados de todos los operativos de evaluación dan mal. La realidad que vivimos en las escuelas dan cuenta de una realidad innegable: los niños y las niñas no saben leer ni escribir.
¿Qué proponen? Con rimbombantes enunciados y palabras difíciles, como neurolingüística, lo nuevo en la enseñanza de la lectoescritura en los niveles inicial y primario es la vuelta a “las buenas viejas prácticas pedagógicas que nunca deberían haberse abandonado”.
Según afirman la conciencia fonológica acelera el aprendizaje de la escritura ya que a través de la repetición de palabras, se reconocen los sonidos. Además la garantía es que este sistema se ha llevado a cabo con éxito en Cuba (país que salió del analfabetismo tras la Revolución) y, otra vez, la tan mentada Finlandia.
Según las especialistas el método establece que para reconocer palabras escritas lo importante es darse cuenta que están formadas por letras y que cada una de las letras representan un sonido. Se critica la metodología basada en la perspectiva psicogenética, poniendo el acento en el resultado, no en los procesos. Se critica la unidad pedagógica (la no repitencia del primer grado) y se critica el respeto de los tiempos madurativos y de aprendizaje de niños y niñas, poniendo énfasis en que los resultados deben verse. “El mérito de leer y escribir”, vuelve a ponderarse, privilegiando el memorizar, imitar, repetir como indicadores.
Es el reconocimiento de la miseria y las deficiencias sociales que viven niños y niñas en su entorno. Dan por sentado que en las casas no se lee, que la maestra no sabe escribir correctamente y que tampoco la escuela viene siendo un estímulo lector. Como señalaron en su momento desde la DGE, al presentar el proyecto: “el libro aborda las funciones ejecutivas (…) que se convierta en una herramienta para subsanar las carencias de la infancia en contextos familiares de privación por pobreza”. Dan por sentado que la escuela es la que debe suplir. Y en Mendoza, nuevamente, están haciendo pruebas de laboratorio.
La alfabetización en Mendoza, en manos de marcianos
La DGE anunció un nuevo plan de alfabetización para que chicos y chicas aprendan a leer y escribir desde los cinco años. Para ello compró stock de la novedad editorial de la investigadora del Conicet, Borzone y repartió 30.000 libros. Prometieron, además terminar con la repitencia y el fracaso escolar.
Con esto quieren reinstalar viejos debates y visiones binómicas, como si no hubiera habido suficientes páginas y páginas escritas acerca de si la conciencia fonológica es un prerrequisito o una consecuencia de la adquisición de la lectura y la escritura.
En todos los diarios apareció como noticia. Ana María Borzone ha declarado a medios como Clarín o La Nación que el “método” de la conciencia fonológica está “prohibido” en nuestro país desde la década de los 90. Falacia.
Hablan por hablar, desconociendo la vida real y práctica de las escuelas. Los diseños curriculares, los planes diseñados en las escuelas, avalados por directivos y supervisoras y las prácticas concretas son una combinación de métodos y perspectivas teóricas. Quieren imponer nuevamente la rivalidad entre una perspectiva psicogenética vs una perspectiva desde la conciencia fonológica, cuestión totalmente arbitraria e irreal. En las aulas se despliegan todas las estrategias, se mezclan, se mixturan, se piensa en cada grupo, en cada estudiante.
Aseguran que la perspectiva psicogenética tiene más de 30 años, que ha fracasado para alfabetizar chicos de sectores más vulnerables y que confía demasiado en el poder de los estímulos escritos del entorno y que por el contrario, la conciencia fonológica parte de la oralidad, reconociendo fonemas para su posterior representación escrita (grafema, la letra).
La lengua en contexto
Amparados en la nostalgia de “cuando yo iba a la escuela aprendíamos así” y que “nadie se frustró porque nos tenían cortitos” se sigue justificando la idea de que todo es un problema de la educación en sí misma, y en particular, de sus docentes. Pero la realidad es que los dos enfoques conviven en las aulas, y nunca dejaron de hacerlo. Negarlo es desconocer las aulas reales o tener intereses que están velados a primera vista.
Para que el niño pueda aprender a escribir es necesario que la escuela procure crear situaciones en donde se reproduzcan prácticas sociales de lectura y escritura y por eso las maestras trabajan con textos reales, con una intención comunicativa. Esto de ninguna manera va a dejar de hacerse en las escuelas, a pesar de las falencias, de que falte de todo, y hasta que sean los docentes los que tengan que llevar los libros a la escuela.
Esta falsa dicotomía, en realidad lo que esconde es otro debate, mucho más profundo. Que la educación de conjunto y la adquisición de la lengua, es una actividad social, por lo tanto tiene contexto. Y el contexto es tremendo. En el país hay un 48,1% de los niños y niñas vive en condiciones de pobreza y el 10 % está en la indigencia. Estamos ante alarmantes estadísticas de pobreza, desnutrición y pobreza cultural en las familias, y es allí, en los hogares, en sus comunidades y en la escuela, donde se dan las bases de la formación.
El informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina, (UCA) reveló los datos en junio de pobreza en la niñez y en su crudeza advierte también sobre las consecuencias. Por ejemplo, indica que “los niños pobres tienen 6 veces más probabilidades de no tener libros en su casa y 11 veces más probabilidades de que no se festeje su cumpleaños”.
Y van por más. Ajuste presupuestario, recorte de asignaciones, inflación. La realidad de los niños y las niñas empeora. Y es esa la realidad del “contexto alfabetizador”, y es lo que quieren borrar de un plumazo del análisis, poniendo en la escuela la responsabilidad y el rol compensatorio de todo lo que falta. Estamos ante un paradigma, que por política, en sentido amplio, quiere borrar la perspectiva social de la política educativa. Pero la lengua es una construcción social, por lo tanto su adquisición no puede borrar esta perspectiva.
En este debate hay que poner la lengua en contexto: histórico, económico, social, cultural, regional. Querrán poner a prueba a niños y niñas como cobayos de laboratorio dejando fuera de la discusión a los niños reales, y la realidad de las escuelas, donde se dan otras combinaciones. En cada escuela todos los días se experimenta, se hacen pruebas, se crea y construyen propuestas. Son miles y miles de docentes que cotidianamente buscan caminos hacia la alfabetización, al aprendizaje, a nuevas experiencias de conocimiento, sin tiempo real, sin recursos, sin apoyo. Reconocer esta realidad allanaría gran parte del camino para que cambie la realidad. |