Trump y varios de los candidatos republicanos, que se juegan cargos en las próximas elecciones de medio término, se tomaron como un asunto personal la nominación del juez Brett Kavanaugh, para integrar la Corte Suprema.
Se trata de una jugada arriesgada porque el mismo magistrado que podría lograr una mayoría ultraconservadora en la Corte para los republicanos, ya suma tres denuncias por abuso sexual y puede terminar por hundir al presidente y su partido.
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Trump no dejó de hacer público su apoyo a Kavanaugh ante cada una de las denuncias, desacreditando a las victimas de abuso y sugiriendo que se trata de una campaña de parte de los demócratas.
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El juez por su parte no estaría ayudando mucho. Este jueves declaró que "a veces" bebía "demasiadas" cervezas cuando era estudiante, aunque negó haber cometido abusos sexuales. "Bebía cervezas con amigos durante los fines de semana. A veces demasiadas. En retrospectiva, dije e hice cosas en la secundaria que hacen avergonzarme ahora", afirmó Kavanaugh en su testimonio preparado para ser leído ante el comité judicial del Senado este jueves, y donde también comparecerá Christine Blasey Ford, quien le ha acusado de abuso sexual cuando ambos eran adolescentes. Una declaración que se asemeja bastante a un salvavidas de plomo.
Este texto se conoció mientras aumenta la presión para que se posponga el voto de confirmación, ante las nuevas denuncias que han aparecido.
Tras Ford otra mujer, Debora Ramirez, también denunció esta semana el comportamiento del juez cuando este cursaba su primer año de carrera en la Universidad de Yale; y una tercera, Julie Swetnick, dijo este miércoles que Kavanaugh fue testigo de su propia violación y de haber participado en abusos a otras mujeres en su juventud.
Un problema para Trump y los republicanos
Muchos de los candidatos republicanos al parlamento en las elecciones de medio término de noviembre tomaron la nominación de Kavanaugh como una cruzada personal. La llegada del juez a la Corte Suprema, que podría lograr una mayoría conservadora atacando derechos históricos de las mujeres, como el derecho al aborto, y de las personas LGBT, era un as en la manga de los republicanos en su intento por recrear la base electoral que llevó a Trump a la presidencia en 2016, sobre todo en los estados competitivos, en los que no existe de antemano una tendencia clara.
En estas elecciones de medio término los demócratas se juegan a ganar la mayoría en la Cámara Baja e incluso a romper la diferencia de una banca en el Senado. Si bien nada está dicho de antemano, hay al menos dos elementos distintivos que puede complicar en extremo a los republicanos, ante la nominación de Kavanaugh y las denuncias de abuso. En primer lugar muchos de los candidatos republicanos en estados competitivos son hombres que disputarán sus cargos contra demócratas que en su mayoría son candidatas mujeres.
Entre los candidatos que se presentan por primera vez, los demócratas llevan para estas elecciones un récord histórico de 50% de mujeres en sus listas, mientras que entre los republicanos las candidatas mujeres apenas llegan a 18%.
Entre los que pelean una reelección los demócratas llevan un 31% de mujeres mientras que los republicanos no llegan al 10%.
A este dato se suma un segundo elemento que tiene que ver con la emergencia de un enorme movimiento de mujeres que tuvo su aparición masiva el día de la asunción de Trump y que luego se expresó en solidaridad con los inmigrantes y otras comunidades atacadas por el magnate neoyorquino. Por su parte el movimiento #MeToo que comenzó con la denuncia a los abusos entre las actrices de Hollywood, tuvo sus ramificaciones y se extendió al abuso laboral y también sexual en otro ámbitos, desde el que sufren las trabajadoras domésticas o como lo demostró la reciente huelga en McDonalds contra el acoso dentro de los lugares de trabajo.
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Este movimiento que caló hondo entre un sector importante de las mujeres estadounidenses ya se había convertido en bandera antes de que se hagan públicos las denuncias contra el juez Kavanaugh.
Ambos elementos pueden terminar por traccionar votos a favor de las candidatas demócratas en detrimento de los republicanos, tanto si Kavanaugh es nominado desoyendo las denuncias de las mujeres, como si es rechazado lo que implicaría directamente una derrota para Trump y los republicanos. Sin duda los demócratas trataran de sacar provecho de esta "ventaja", pero el fenómeno en el que se apoyan los excede y se ha venido profundizando. De hecho si la nominación de Kavanaugh termina cayendo será merito del movimiento de mujeres más que de la acción real de los demócratas.
El New York Times publicó el fin de semana un editorial en la que destaca que en las elecciones de medio término van a tener mucho peso las mujeres de los suburbios, que ya en una proporción importante se volcaban a votar a los demócratas en contra de Trump y que ahora con este escándalo pueden arrastrar a más mujeres independientes que en principio no iban a ir a votar y terminar ganando en varios estados competitivos donde en 2016 ganó Trump.
Sobre ese electorado caen como un balde de agua fría las declaraciones de Trump despreciando a las denunciantes y dándole un apoyo cerrado a Kavanaugh.
La sesión del senado de este jueves en la que el juez va a enfrentar la denuncia de Ford va a ser seguida por millones de personas. Como señala el diario neoyorquino, si Ford logra ser convincente ante las preguntas de un senado de mayoría republicana y en su casi totalidad masculino, entonces puede darle un golpe muy duro a la carrera de varios de los candidatos republicanos.
El legado de Anita Hill
Varios medios recordaron a la abogada Anita Hill, que en 1991 denunció por abuso al juez Clarence Thomas que estaba siendo nominado para la Corte Suprema. En ese momento los senadores desoyeron la denuncia de Hill y aceptaron la nominación de Thomas. Sin embargo Hill logró que el término "acoso sexual" sea incluido dentro del léxico jurídico y político sentando precedente en el caso.
Como señala The Economist, en el año 1991 los senadores estaban más preocupados por las cuestiones raciales que por las de género, y Thomas era un juez afroamericano que había nacido en los suburbios y representaba el modelo de ascenso social para los afroamericanos.
Sin embargo hoy la realidad es muy diferente. El propio ex senador republicano que en 1991 fue impulsor de la candidatura de Thomas, les sugirió este fin de semana a los senadores republicanos que se busquen un abogado externo para interrogar a Ford este jueves. Su explicación es bastante sencilla: en épocas del #MeToo puede caer muy mal que los senadores republicanos le hagan preguntas fuera de lugar o muy brutales, o desacrediten a una victima de abuso sexual. En sus propias palabras "Los miembros del Senado, especialmente en la era MeToo, tienen que caminar sobre cáscaras de huevo". Y no se equivoca.
Habrá que esperar a la sesión del Senado del jueves y al intento de votación del viernes para saber el futuro de Kavanaugh. Sin embargo parece que ya no hay opción buena. No son pocos los que opinan que si finalmente terminan aceptando su nominación y ganando una mayoría conservadora en la corte, la respuesta del movimiento de mujeres en defensa de sus derechos, que Kavanaugh ya declaró pretender atacar, puede ser aún peor para los republicanos.
Trump correrá la misma suerte que los candidatos de su partidos que apostaron todas las fichas al magistrado. Para los que pelean por mantener o acceder a un nuevo cargo puede implicar su derrota, mientras que para Trump la perdida la de mayoría en alguna de las Cámaras del parlamento (si no en las dos), puede significar una puerta abierta a un hipotético pedido de impeachment. Una realidad que puede pasar de posible a probable teniendo en cuenta que, al igual que Kavanaugh, Trump no para de sumar escándalos en la investigación por el Rusiagate, que tiene como referencia histórica el caso Watergate, que termino con la presidencia de Nixon. |