Donald Trump consiguió lo que muchos Republicanos soñaron durante décadas, inclinar la balanza de la Corte Suprema que siempre se balanceó entre ligeramente liberal y ultra conservadora, hacía este último extremo con la confirmación de Brett Kavanaugh. En el proceso logró encolumnar a su partido casi sin fisuras detrás suyo y se anotó una victoria que, aunque pírrica, lo deja muy bien parado de cara a las elecciones de medio término de noviembre. Este hecho también significa un salto en el ataque al movimiento de mujeres y la comunidad LGTB ya que el derecho al aborto y el matrimonio de personas del mismo sexo están fundados en fallos que ahora podrían ser revertidos con el voto del nuevo juez.
Cuando Trump anunció la nominación de Kavanaugh en junio tanto Republicanos como Demócratas se prepararon para una batalla en la que ambos bandos se jugaban más que un puesto en la corte. Si bien para el partido de gobierno lograr una mayoría ultra conservadora era un objetivo de larga data, lo más importante parecía ser la previa de la próxima batalla electoral. A medida que pasaban los días esto se hacía más patente ya que la confirmación del nuevo juez parecía más y más un trámite por la mayoría republicana de 51 votos contra 49 en el pleno del senado y la tibia actuación de los demócratas.
El 16 de septiembre Kavanaugh recibió un golpe que parecía de KO cuando el Washington Post publicó una entrevista con Christine Blasey Ford donde lo acusaba de abuso sexual, algo que ya había trascendido a la prensa pero hasta ese momento de forma anónima. A ella la siguieron otras dos mujeres que también acusaron a Kavanaugh a abuso y se revivió el fantasma de Anita Hill, quien acusó al juez Clarence Thomas de abuso sexual durante las audiencias para su confirmación a la corte suprema en 1991.
Como era de esperarse Trump y su partido salieron al cruce de las acusaciones, defendiendo a Kavanaugh y atacando a Blasey Ford para restarle credibilidad, diciendo que era todo una puesta en escena de los demócratas y que no se podía hacer lugar a una acusación que databa de principios de los 80s. El mismo Kavanaugh habló de un “golpe político calculado y orquestado (...) una venganza de los Clinton” contra Trump por el resultado de las elecciones de 2016.
Fue la fuerza del movimiento de mujeres, que estuvo en primera línea contra las políticas xenófobas de Trump, lo que hizo que algunos republicanos dudaran sobre su voto, poniendo al juez brevemente contra las cuerdas. Pero rápidamente cerraron filas tras la audiencia pública del jueves 27 donde, a pesar de la dolida y convincente declaración de Blasey Ford sobre la noche que Kavanaugh la atacó, ningún republicano retiró su apoyo al nominado a pesar de las movilizaciones y protestas que se dieron en varios puntos del país, con miles en las calles de Nueva York. Finalmente este sábado 6 de octubre el senado aprobó la nominación por 50 votos a 48 y rápidamente Kavanaugh prestó juramento de forma privada.
Ganadores y perdedores
Los resultados, estando tan frescos y tan cercanos a las elecciones de noviembre, son verdaderamente difíciles de analizar. A primera vista, los conservadores lograron una mayoría en la corte, que nunca fue muy progresista que digamos, y Trump se alzó con una victoria legislativa de cara a las elecciones, algo que le ha sido esquivo durante todo su mandato.
Parecería que la mayoría republicana en el senado, que hasta unos meses atrás estaba amenazada por el avance demócrata, quedó asegurada por la polarización que generó la batalla en el senado, que energizó y movilizó la base partidaria de Trump en estados competitivos donde no había una tendencia clara. El líder republicano en el senado, Mitch McConnell, que siempre fue criticado por pactar con demócratas es uno de los más beneficiados al ser el artífice de la unidad de su partido.
Otra historia se avizora en la cámara de diputados, donde todos los analistas prevén que el daño hecho al partido republicano es irreversible y podría perder la mayoría. A diferencia del senado, en diputados deben mantener 25 escaños que corresponden a distritos donde ganó Hillary Clinton en 2016. La confirmación de Kavanaugh tuvo gran efecto sobre el electorado femenino que, al parecer, se volcará masivamente a votar por los candidatos demócratas.
Pero hay que recordar que muchos de estos analistas son los mismos que descartaron una victoria de Trump en las presidenciales de 2016. Lo que sí es claro es que las grandes perdedoras son las mujeres y la comunidad LGTB, que deberán confiar en su propia fuerza y en la organización y no en el partido demócrata para luchar por sus derechos. |