El Círculo Rojo |
Una parte del establishment ya diseña el posmacrismo
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El sombrío panorama para Cambiemos, las internas del oficialismo y la apuesta de una parte de las clases dominantes al peronismo “racional” fueron analizadas por Fernando Rosso en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos. |
Link: https://www.laizquierdadiario.com/Una-parte-del-establishment-ya-disena-el-posmacrismo
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“Se vienen meses muy bravos. Octubre, noviembre y diciembre van a mostrar el piso de los indicadores económicos, el mayor impacto de la inflación y la recesión. Sabemos que predomina un malestar social muy fuerte.”
El sombrío pronóstico no fue emitido por un analista económico o un consultor político, sino por un alto funcionario de la Casa Rosada. Ilustra el clima que se vive en la cima del poder.
El Gobierno sigue perdido en el medio del laberinto que ellos mismos construyeron con la mayor soberbia de los últimos 50 años. Los datos duros de la economía siguen confirmando el naufragio:
Desarmaron la bomba de las Lebacs –letras que emitía el Banco Central y que estaban acumulando una deuda impagable- con la bomba de las Leliqs, cuyo stock ya es equivalente a la mitad del máximo alcanzado por las Lebacs, pero a una tasa que casi lo triplica.
Calmaron coyunturalmente la disparada del dólar con estos instrumentos financieros que, sin embargo, no detienen la inflación. Septiembre marcó un pico de 6,5%. Pero el índice mayorista superó el ¡16%! Dieciséis por ciento en un mes. Algunos dicen que octubre, en esta materia, puede ser más rojo.
Las tasas de interés por las nubes no atajan la inflación, generan un endeudamiento atroz y hunden la producción. Lo que se dice una verdadera tormenta perfecta.
Frente a este panorama pesadilla ¿qué expresan las internas del Gobierno que se ventilaron en los últimos días?
Las peleas dejan de manifiesto dos cuestiones diferentes, pero complementarias: por un lado, son expresión de que la crisis está afectando a Cambiemos y algunos tienen la necesidad de diferenciarse; pero por otro lado, también configuran una estrategia para contener a los descontentos dentro de la coalición oficial.
Las estridentes denuncias de Elisa Carrió o los moderados distanciamientos de María Eugenia Vidal (fogoneada por algunos sectores y especialmente por Clarín como un “Plan V”) encajan dentro de este escenario de conjunto. De ahí la foto que se publicitó esta semana entre la gobernadora de Buenos Aires y el macriperonista Juan Manuel Urtubey.
Por su parte Carrió, pide el juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano, ladra rabiosa contra Daniel Angelici, el binguero y operador de Macri en el Poder Judicial; pero a la hora de los bifes dice que su candidato es Macri. Así como Vidal asegura que antes de romper con Mauricio se va a la casa.
El politólogo Andrés Malamud graficó estas tensiones de la siguiente manera: Lilita -dice- “está alargando el rango de opciones que tiene el votante que puede estar enojado con el Gobierno y aun así sigue votando la misma oferta electoral”. Se puede decir que parece que se pelean, pero en realidad intentan reproducirse.
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Pero el dato político de esta semana y que algo habla de este contexto, fue el acto organizado por Juan Manzur en Tucumán por el festejo del 17 de octubre. Hasta allí llegaron dirigentes sindicales que le dieron generosa gobernabilidad a Macri por abajo: como Héctor Daer, Carlos Acuña, “El Centauro” Andrés Rodríguez, entre otros; junto a referentes políticos le otorgaron amable gobernabilidad a Macri por arriba: como Miguel Ángel Pichetto, Sergio Massa y hasta apareció Daniel Scioli. No pocos de los que estuvieron presentes van a brindarle el apoyo al Gobierno para que apruebe el Presupuesto diseñado por el FMI.
Lo más significativo de este espacio en gestación es el respaldo que comienza a tener de parte de un sector del establishment. Entre ellos, de Hugo Sigman, dueño y CEO del poderoso Grupo Insud, dedicado a las industrias farmacéuticas, de laboratorios y agroforestal, además de emprendimientos culturales como la productora cinematográfica Kramer&Sigman que realizó películas taquilleras que van desde Relatos Salvajes hasta El Ángel; del empresario de medios Daniel Vila, dueño entre otras muchas empresas, nada menos que de la Corporación América; de Adrián Werthein, del conglomerado empresario que lleva su apellido y presidente del Congreso Judío Latinoamericano y el banquero salteño Jorge Brito, a quien la revista Forbes colocó hace poco tiempo en el puesto número 12 de entre las 50 personas más ricas del país y con buenas relaciones con el tucumano, a punto tal que en abril de este año se quedó con las acciones del Estado provincial en el Banco de Tucumán.
Estos sectores comienzan a separarse de Macri no porque desacuerden con su programa, sino porque perdieron la confianza en su capacidad para aplicarlo. Están convencidos de que hay que llevar adelante las contrarreformas, pero consideran que Cambiemos cada vez tiene menos densidad política para realizarlas.
Algunos referentes que orbitan en el kirchnerismo estuvieron en Tucumán, como intendente de Esteban Echeverría, Fernando Grey, el dueño de Página 12 y dirigente del gremio de los empleados de edificios, Víctor Santa María y el mismo Scioli. Pero tomado desde su lógica y estrategia política –la apuesta a alianza electoral amplia del peronismo para volver en 2019- este escenario deja al kirchnerismo puro (que hoy cuenta con la candidata con más votos) ante una paradoja: o resignar su objetivo de máxima o resignarse a convertirse en un avatar dentro del nuevo peronismo soft. Entre otras cosas, porque tampoco existen más las condiciones políticas ni económicas que habilitaron los años de su relativa hegemonía.
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El fenómeno Bolsonaro deja algunas lecciones útiles para este presente: o se encauza el malestar y la bronca para transformarlo en acción hacia los responsables de la situación actual con la misma radicalidad que adopta la derecha (esa es la propuesta de la izquierda para enfrentar a la derecha) o la derecha transforma ese fastidio en odio para sus propios fines. Eso es lo que se juega patentemente en Brasil, pero también está presente de manera latente en Argentina. |
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