Este jueves saltaba la noticia de que la Universidad de Barcelona invitará al presidente del Tribunal Supremo y el CGPJ, Carlos Lesmes, y a Luis María Díez-Picazo, el Presidente de la Sala de los Contencioso-administrativo de ese mismo tribunal.
Será el próximo jueves 14 de noviembre y ambos magistrados formarán parte nada menos que de la mesa inaugural del evento que lleva por título “Balance y Perspectivas de la LJA en su XX aniversario” que tendrá lugar en la Facultad de Derecho del campus de Diagonal. A las pocas horas, las redes estaban ya que echaban humo y organizaciones estudiantiles como el SEPC o la agrupación Contracorrent llamaban a concentrarse ese mismo día para recibirlos como se merecen.
Lesmes es nada menos que el presidente del tribunal que mantiene encarcelados a los presos políticos catalanes desde hace más de un año y que se encargará del juicio-farsa del 1-O que acaba de iniciarse con solicitudes de penas que superan los 200 años. Es por lo tanto una suerte de “Inquisidor General del Reino”. El “carcelero” del 1-O es quien está a la cabeza, aunque siempre por debajo de Su Majestad, de la escalada represiva contra el movimiento democrático catalán.
Díez-Picazo era un desconocido hasta hace unas semanas, pero hoy es el juez que condensa el desprestigio creciente de la Judicatura más allá de Catalunya. Fue él quien ordenó que se revisara la sentencia que imputaba a la banca el impuesto de las hipotecas. Hizo suya la máxima de Groucho Marx de “estas son mis sentencias, si no les gustan (a la banca) tengo otras”. Pero también reactualizo otra de Karl Marx, aquella del Manifiesto Comunista que dice que el Estado (en este caso su brazo judicial) no es más que el consejo de administración de los grandes capitalistas.
El pasado martes el Supremo terminó dictando la mejor sentencia posible para la banca (que raro). Ni pagarán los impuestos que habían cargado hasta ahora a los clientes, ni tampoco lo deberán hacer en el futuro. Una decisión que deja en evidencia que la Justica de este régimen podrido lo es sólo para los ricos y políticos corruptos. Ellos gozan de guante de seda y línea directa si alguna decisión no agrada. Para la clase trabajadora, los sectores populares, las mujeres o quienes cuestionan el régimen y sus instituciones las sentencias son de cárcel por robar para comer, violadores en libertad y prisión por twitear, hacer un rap o organizar un referéndum.
Motis, estudiante de Ciencias Políticas en la facultad donde se ha invitado a los magistrados y miembro de la agrupación Contracorrent, dejaba claro que no se esperen un recibimiento amable de parte de los estudiantes y la comunidad universitaria: “llamamos a todas las y los estudiantes, profesorado, pas... a mostrar nuestro rechazo a estos dos jueces que son el símbolo extremo de la justicia del Régimen del 78. Penas de hasta 25 años de cárcel por organizar el 1-O y sentencias a la carta para la banca y los ricos. La casta universitaria vuelve a demostrar de qué lado está. Pero la comunidad universitaria les tenemos que dar la bienvenida que se merecen”. |