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La Izquierda Diario
11 de marzo de 2015 Twitter Faceboock

San Fernando
A propósito de la agresión sufrida por la docente de San Fernando: Parte 1
Pablo Tapia y Lorena Rebella | Corriente Nacional 9 de Abril

Esta es la primera de una serie de notas que desde la 9 de Abril iremos publicando alrededor del tema.

Link: https://www.laizquierdadiario.com/A-proposito-de-la-agresion-sufrida-por-la-docente-de-San-Fernando-Parte-1

La brutal agresión que sufrió Cinzia Pellegrino, vicedirectora de la Escuela de Educación Especial 503 de San Fernando la semana pasada por un papá de la escuela, ya con antecedentes violentos en otra de Tigre –hecho que repudiamos y frente al cual nos solidarizamos con ella, sus compañeras y familiares– junto con la posterior movilización en solidaridad, que recorrió las calles del distrito con más de 600 docentes, hegemonizada por un sentimiento de repudio y de mucha bronca hacia las autoridades como Jefatura Distrital, porque existieron múltiples informes y denuncias anteriormente presentadas allí que no fueron escuchadas, son hechos que tocan un tema complejo en el ámbito escolar y en la sociedad en general. Los medios de (des)comunicación buscan llevar agua para su molino del amarillismo de la “inseguridad”, el fortalecimiento del aparato represivo del Estado, y algún guiño para algún político oficial o de la oposición patronal. Para nosotros y para quienes buscan ver un poco más allá de la superficie, aparecen las contradicciones estructurales de la Escuela Pública.

Violencia escolar o violencia social

En una sociedad que tiene como base el enriquecimiento de una pequeña minoría a expensas del trabajo de millones y que condena a la miseria y la exclusión a cientos de miles, pretender que la Escuela sea una “isla aparte” en la que los problemas estructurales derivados de esta tremenda desigualdad social no aparezcan, o que cuando lo hagan sean atendidos por quienes trabajamos en ella como problemas individuales o a lo sumo como casos de una “asocial” violencia escolar, se parece al cuento del árbol que tapa el bosque.

Si el problema de la violencia atraviesa a la sociedad y a la Escuela Pública es porque existen condiciones terribles de vida para mucha de las familias que son parte de nuestra comunidad educativa.

Las clases dominantes y los distintos gobiernos ejercen una violencia sistemática en forma de trabajo precario, desocupación estructural, pobreza, de condena a la marginalidad a los jóvenes de las familias más pobres. Y ni qué hablar cuando esta violencia es ejercida sobre las miles de mujeres y niñas de los sectores más pobres en forma de trata o de condiciones que permiten y fomentan la violencia hacia las mujeres y el femicidio. A esto se suma el gatillo fácil para los pibes de los barrios más pobres.

Esta violencia “madre” generada por las mismas condiciones materiales de existencia y que es reproducida socialmente, puertas adentro de la escuela lleva el nombre de violencia escolar. Cuando hechos aberrantes como del que fuera víctima Cinzia Pellegrino ocurren no todos quieren hablar de lo que hay por abajo, mientras se destinan miles de millones a las fuerzas represivas, para la educación pública solo migajas.

Un pacto para no hablar de lo que hay de fondo

No es algo casual que ni los medios masivos de comunicación, ni el gobierno, la oposición ni las conducciones sindicales –incluimos acá al Suteba Baradel, pero también a FEB y hasta Udocba– no hablen de la crisis estructural del sistema educativo, de su vaciamiento de recursos, de personal, de capacitación, de material, edilicio; que no se diga una palabra de los subsidios a la escuela privada o de otros negociados del estado como el de las armas, el pago de la deuda, etc.
Hay una especie de pacto común de plantear la realidad del carácter violento del vaciamiento educativo en otros términos, que va desde hablar de una “ola” de “inseguridad en las escuelas”, de violencia de las familias sobre los docentes –buscando así dividir en momentos incluso de un paro docente que fue muy masivo pese a que Suteba de Baradel no lo había llamado–, o que la lucha docente es solo por el ¨salario”.

Todo esto cuando en realidad son las “políticas educativas” de gobiernos que pasan –incluimos acá no sólo al actual sino a todos los políticos patronales– las responsables de profundizar la pobreza y la desigualdad con sus mandamientos de desfinanciamiento y descentralización, condenando a millones de alumnos de las familias más pobres a nuevas formas de violencia y exclusión: repitencia, deserción, baja calidad del conocimiento; y a los docentes a trabajar en condiciones tremendas con salarios bajos teniendo que hacer el trabajo de dos o tres personas, el famoso doble turno.

“Calidad educativa”, “Igualdad de oportunidades”, “Inclusión con calidad”, son lugares retóricos, vacíos en la realidad de las escuelas, que violentan por igual a docentes y familias, sin presupuesto sensatos para los comedores, sin equipos profesionales que acompañen la tarea pedagógica, etc..., que la década kirchnerista no modificó sino que al contrario profundizó Perversamente están más presentes y son más sistemáticos que los hechos puntuales de violencia de papás o alumnos sobre sus maestros: pese a la situación de vulnerabilidad en la que estamos inmersos papás, maestros y alumnos, existen lazos de solidaridad muy fuertes entre las familias y los trabajadores de la educación, cuyo ejemplo podemos verlo en el apoyo enorme que recibimos el año pasado en los 17 días de lucha, pero también en la terea cotidiana.

La violencia contra las mujeres

Ser mujer, mamá, maestra. Una m que se repite y pone el acento para tareas que se naturalizan como sinónimos. En el sector docente la inmensa mayoría de los trabajadores somos mujeres.

Un arco de violencia estatal sobre las mujeres se dibuja desde permitir que la diferencia de sexos se exprese en los salarios, dejar morir a miles de mujeres al año en abortos clandestinos, y llegar a la violencia que se ejerce desde las instituciones estatales que supuestamente deberían garantizar el seguimiento de casos de violencia más graves.

Tenemos que organizarnos en nuestras escuelas desarrollando comisiones de mujeres entre las docentes, las auxiliares, las mamás, las estudiantes por nuestros derechos y enfrentando todo tipo de violencia hacia las mujeres.

Necesitamos forjar una alianza de hierro entre las familias y los docentes. Por una salida independiente de los trabajadores. No se trata de más policía, sino de más presupuesto para la educación. Contra el trabajo precario, por mejores condiciones materiales de vida de las familias de nuestra comunidad educativa.

El discurso de los medios de comunicación cala profundo muchas veces y lo llamativo esta vez fue que muchas voces en la marcha no pedían más policías. Para nosotros se trata de profundizar el cuestionamiento que señaló una maestra en la marcha: “No se soluciona esto sólo con la cárcel para el tipo. Tenemos problemas más de fondo.” “Se criticó acá mucho a Jefatura de Inspección porque los tipos se lavan las manos en estas situaciones, pero para sumariarte son rapidísimos.” “El Suteba (por la conducción Celeste del distrito) qué va a decir si Leiva (su ex Secretario General) es ahora jefe de inspectores y hoy está como un rey en la oficina del sindicato.” “La detención (por el agresor) no va a impedir que esto se repita”.

Los docentes venimos peleando por una educación pública de calidad para todo el pueblo trabajador, y en la semana de los hechos nos encontrábamos sosteniendo medidas para reclamar esto. Los docentes, alumnos y las familias nos tenemos que unir para pelear por esta perspectiva. Pero también contra los despidos y suspensiones en los lugares de trabajo, porque ternemos que ir contra la precariedad en la que vive nuestra comunidad. Contra la violencia hacia las mujeres tenemos que organizar y levantar la demanda de que si tocan a una nos organizamos miles. También contra la violencia que ejerce el Estado. No puede ser que quieran que tomemos sumisamente el veneno por el remedio: más policía sólo traerá más pibes asesinados por el gatillo fácil, y más poder de las fuerzas de seguridad para cuando los trabajadores salgamos a luchar y golpearnos. Trabajadores de la educación y familias tenemos que pelear codo a codo, con claridad de quienes son nuestros aliados y quienes están en la vereda de enfrente.

Un punto aparte: Suteba dónde estuviste. La conducción Celeste en San Fernando.

Luego de no participar de la movilización, la conducción Celeste hoy mandó un comunicado convocando a los docentes a movilizarse a la fiscalía el viernes 13 para exigir la detención del papá que agredió a la compañera y donde pide que los docentes llevemos carteles que digan “lo queremos preso” (SIC), pero ni una palabra de todos los problemas de fondo que tiene hoy la escuela pública y llevan a estos hechos aberrantes. A la mayoría de los presentes en la marcha no les llamó la atención la ausencia de Suteba Celeste: el ex secretario general del sindicato es ahora jefe de inspectores.

Repudiamos esta política de la conducción seccional que invisiviliza el verdadero problema que tenemos que enfrentar los docentes y familias trabajadoras que la pelea por la triplicación del presupuesto educativo, por una educación pública laica de calidad y no sexista; contra la precariedad del trabajo de las familias de nuestra comunidad, y contra la violencia del estado que legitima la violencia social que sufrimos los trabajadores y las mujeres doblemente.

 
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