Yasna Rex
| Periodista y publicista, Usach.
Colaboradora de Cultura
Fue la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta de la Asociación Nacional de Compositores, además de la autora de “Estudios para piano”, “Picaresca”, “Villancico Espacial” y otras piezas claves del repertorio chileno.
Nacida en Tacna, en 1908, cuando aún el territorio estaba adscrito a Chile, Ida Vivado descubrió su vocación a corta edad. El temprano contacto con el piano y música clásica la impulsaron a postular al Conservatorio más de una vez. En su camino como docente acercó el lenguaje musical a jóvenes y niños.
El número reducido de fotos que circula por internet y ejemplares impresos de la vida de Vivado, muestran a una dama refinada, irradiada de calidez. Muy cercana a las personas, incluso con aquellas externas a su entorno privado. Para la pianista, era habitual organizar encuentros en su casona, donde compositores y estudiantes lucían sus creaciones.
En 1978, declararía al Mercurio “Desde niña mi gran anhelo fue ser pianista, pero derivé mi vocación hacia la docencia, porque consideré que había empezado muy tarde a estudiar música”. Vivado postuló al Conservatorio con sólo ocho años, entonces dirigido por Enrique Soro, sin embargo, fue rechazada tras presentar la solicitud fuera de plazo.
Tal negación equivalió a un áspero zamarreo. Cualquier deseo vinculado al mundo sonoro terminó silenciado. “En ese momento sentí que se me cerraban las puertas y que se acababa mi porvenir. Todo lo que estudié después lo hice de mala gana”. Abandonó el piano por varios años. Hasta retomarlo bajo las enseñanzas de Anita Cortés en la década de los 30.
Finalmente, gracias a las palabras de amistades, volvió a intentarlo alcanzando su sueño de ingresar al Conservatorio. Ahí adquirió los conocimientos de Domingo Santa Cruz y la influencia de Fré Focke. Gran parte del repertorio conservado denota la inclinación de la compositora para crear material didáctico.
Tres voces y una canción (1949), su primera pieza, con texto de Alberto Spikin, es una de las que más ha figurado en repertorios, siendo estrenada el mismo año de su composición. Sin embargo, la tonada responsable de consagrar su carrera, cargada de ritmos americanos y versos locales, fue Picaresca (1984).
"Esto no quiere decir que yo piense que todo el arte debe ser un reflejo de lo propio, pero creo que cada pueblo tiene que encontrase a sí mismo y expresar sus esencias. Las comunicaciones del mundo de hoy borran las características propias; el no defender lo propio nos llevaría a una sociedad de computadoras” comentaría Vivado para una entrevista.
Además, fue la primera mujer en ocupar el puesto de presidenta de la Asociación Nacional de Compositores por cuatro periodos consecutivos. Durante su gestión organizó conciertos, promovió la edición de partituras, cassettes y cumplió con la misión institucional incluso durante la dictadura militar de Pinochet .
Dos almas artistas
El pintor Marco Bontá no sólo fue su compañero de vida, también contribuyó a sus ánimos creativos. Tras su fallecimiento, la música y los recuerdos fueron el único motor para impulsarla. La casona mantuvo intacto el taller del artista y parte de las costumbres domésticas. Vivado rememoró hasta el último de sus días las andanzas junto a Marco.
Se conocieron mediante compañeros que tomaron el rol de casamenteros. Como buenos descendientes de italianos, era normal observarlos disputar la palabra. El flechazo fue instantáneo. Ambos amantes del arte y poseedores de una sensibilidad inusual. “Yo soy una convencida que dos personas que sienten una pasión por el arte se entienden mucho más, y mejor que desarrollen dos actividades artísticas diferentes”, comentó al Mercurio, Vivado.
Hoy, el Archivo de Música de la Biblioteca Nacional guarda algunas de sus partituras, pudiendo escucharse en el catálogo digital de la institución. La lista incluye los éxitos más relevantes de su carrera, destacando Estudios para piano, Tres poemas y una canción y Picaresca.