El gobierno de Macron sigue apostando a la represión para enfrentar la bronca de los chalecos amarillos, que vuelven a las calles este sábado.
Se espera un operativo similar al desplegado en la jornada de protesta del sábado pasado, cuando en toda Francia fueron desplegados 89.000 policías y gendarmes, lo que sin embargo no impidió que se expresara la enorme bronca por el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo.
Desde Bruselas, donde participaba de la cumbre europea realizada jueves y viernes, Emmanuel Macron dijo que "no creo que nuestra democracia pueda aceptar funcionar con un diálogo que solo se hace mediante la ocupación de la vía pública y con elementos de violencia", intentando deslegitimar el movimiento.
El discurso de Macron busca ocultar que su respuesta al descontento que se expresa en las calles se reduce a la represión y la maniobra.
En un comunicado, Amnistía Internacional denunció las "lesiones causadas por su extremadamente dura respuesta a las protestas de los ’chalecos amarillos’ y movimientos estudiantes", y detalló el uso de pelotas de goma, granadas y gases lacrimógenos contra manifestantes "que no amenazaban el orden público".
Además, se hizo eco de la violencia que numerosos periodistas denunciaron haber recibido en "agresiones deliberadas".
También Reporteros Sin Fronteras denunció agresiones contra la prensa y la negativa de los agentes a permitirles el acceso al terreno y la requisa del material de trabajo y de protección.
Cerca de 700 manifestantes han resultado heridos durante las protestas, que comenzaron el pasado 17 de noviembre.
El prefecto de policía de París, Michel Delpuech, dijo que el dispositivo de seguridad será "parecido al de la semana pasada", cuando hubo 8.000 agentes de las fuerzas represivas, apoyados por camiones con mangueras de agua a presión e incluso de blindados de la Gendarmería para desmontar barricadas.
Este viernes, Macron dijo que Francia necesita "recuperar un funcionamiento normal". Tras la movilización del sábado pasado, que fue enorme a pesar de la militarización desplegada por el gobierno, el gobierno tuvo que retroceder, pero ni la suspensión de los aumentos a los combustibles ni las medidas con las que pretendió apaciguar los ánimos alcanzaron para impedir las protestas de este sábado.
Es que las medidas anunciadas son apenas migajas y no alcanzan para sacar al movimiento de las calles. Uno de los principales anuncios, presentado como un aumento en el salario mínimo, no es tal. Es que el gobierno sigue empeñado en continuar con su plan neoliberal de reformas.
La canciller alemana, Angela Merkel, manifestó en rueda de prensa su "total confianza" en que Macron va a llevar a cabo su agenda de reformas y consideró que "es bueno para Francia". Cínicamente, Merkel afirmó que el "programa integral de reformas" de Macron busca afrontar "algo de la frustración que ha sido expresada" en las calles.
Por otro lado, el gobierno de Macron pretende instrumentalizar el repudio a los ataques del martes en un mercado navideño de Estrasburgo, que dejaron 3 muertos y 13 heridos, para frenar las movilizaciones de los chalecos amarillos.
Christophe Rouget, secretario general adjunto de seguridad interna, llamó a los "estudiantes y chalecos amarillos a detener su movilización" durante el tiempo que dure la búsqueda del sospechoso.
Este pedido vino acompañado del intento de responsabilizar a los manifestantes por los ataques ya que supuestamente los policías están ocupados con el conflicto de los chalecos amarillos. |