Revuelo causó en la agenda política nacional la declaración realizada por toda la bancada de diputados del Frente Amplio anunciando que romperían el acuerdo administrativo para votar las presidencias de la Cámara y Comisiones si es que la Democracia Cristiana seguía votando los proyectos de ley de la derecha y del gobierno.
Esta situación estalló, para el frenteamplismo, luego de la votación favorable por parte de la DC y el Partido Radical, a la ley migratoria del Gobierno de Piñera.
Un movimiento novedoso y contradictorio
El Frente Amplio con esta jugada se mostró a la ofensiva, endureciendo el tono, y tratando de marcar cierta pauta y haciéndole una exigencia a la DC: no habría acuerdo administrativo para elegir a Gabriel Silber como presidente de la Cámara de Diputados, si la DC no garantizaba apoyar un diálogo del Congreso con el pueblo Mapuche, rechazar el proyecto de Admisión Justa y rechazar la reforma previsional de Piñera.
Es contradictorio porque la misma coalición frenteamplista trató de bajarle el perfil al acuerdo a comienzos del año 2018, diciendo que era un acuerdo exclusivamente administrativo con los demás partidos de la ex Nueva Mayoría, y que no era político. Hoy se desdicen declarando que, de fondo, sí tenía un contenido político.
Pero, ¿Qué hay detrás?
Más allá de un discurso más firme del Frente Amplio, los primeros días después de realizada esta declaración, luego de pasar semanas cometiendo errores no forzados y pidiéndole disculpas a la derecha, todo se fue moderando, cuando la DC planteó no estar para hacer acuerdos con la derecha, y el frenteamplismo respondió planteando que, entonces, revisarán sus declaraciones previas.
¿Qué hay detrás de esta jugada del Frente Amplio? Lo que reafirman, es una estrategia: la búsqueda de acuerdos (principalmente parlamentarios) con la Democracia Cristiana y sectores neoliberales de la Nueva Mayoría, viejos administradores de la herencia de la dictadura militar.
Buscan fijar acuerdos absolutamente mínimos, como los 3 ejes planteados más arriba, mientras la propia Democracia Cristiana ha votado dividida en más del 50% de las instancias, o incluso, cuando la misma DC le ha votado las principales iniciativas a la derecha, como ocurrió con el criminalizador y represivo proyecto de Aula Segura.
¡La Democracia Cristiana no es nuestra aliada! Un partido que se dedicó a gobernar para los empresarios luego de la dictadura militar, y que luego de su debacle electoral, hoy negocian a dos bandos, con la derecha y con la timorata y tímida oposición, viviendo a costa de su rol de “engranaje político” entre ambos sectores en el Parlamento.
En los hechos, al acordar este acuerdo administrativo, demostraron su confianza en la DC, y abrieron puertas para una unidad de “toda la oposición”. Una unidad que hoy pusieron en cuestión por que viene ocurriendo lo evidente, con la DC votándole las leyes a la derecha. Una unidad con viejos partidos neoliberales que no es el camino para enfrentar a la derecha.
Por el contrario, contra los pactos y acuerdos por arriba con los partidos neoliberales como el Partido Radical, el PPD o la Democracia Cristiana, es necesario forjar la más amplia unidad de las y los trabajadores que este año enfrentaron despidos y cierres de empresa, huelgas por hambre como en el puerto de Valparaíso, y que tendrán que hacerle frente ahora al reforma laboral de Piñera.
Unidad de trabajadores, y alianza con el movimiento de mujeres que se prepara para un 8 de marzo, que debe ser un día de paralización efectiva para instalar la denuncia al trabajo precario, por igual trabajo igual salario, y por el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito.
Alianza con el movimiento estudiantil y la juventud que tendrá que enfrentar mayor precarización de la educación pública y nuevas medidas neoliberales en el sistema educativo como la ley segregadora de Admisión Justa que quiere instalar el Gobierno.
Esa es la unidad que hoy necesitamos para enfrentar a Piñera, a los empresarios y a este Gobierno. Forjar una oposición social basada en esta alianza en las calles, que se opone por el vértice a la realización de pactos administrativos, alianzas o acuerdos con partidos como la DC, que tarde o temprano, terminarán, otra vez, aprobando las iniciativas de la derecha. |